Psicografías

FAMILIA ESPIRITUAL

Reflexiones desde el otro lado (*)

Durante mi estancia en la tierra, mi concepto sobre la familia tuvo variadas definiciones para mí en función del tiempo y los acontecimientos que me tocaron vivir. Como una persona normal, en mi infancia gocé del cariño de mis progenitores, especialmente de mi madre; espíritu al que me une una especial relación desde tiempo inmemorial, como tuve oportunidad de confirmar cuando regresé a este plano espiritual.

Después de la infancia y con el transcurso de algunos acontecimientos familiares, el desarraigo familiar fue aumentando; algo a lo que contribuyó de forma evidente el descubrimiento de mi trabajo espiritual, lo que incidía sobremanera en mis prioridades personales. No obstante, procuré no desatender nunca los lazos familiares mientras me fue posible. Cuando la dinámica materialista imponía sus criterios en mi familia más cercana; no me sentía identificado con según qué planteamientos de vida que pretendían llevar a cabo y en los que pensaban involucrarme.

Ante esta circunstancia impuse mi criterio y mi personalidad; con decidida pretensión de continuar el camino espiritual emprendido; a pesar de la incomprensión familiar de los más cercanos e incluso el alejamiento circunstancial en los eventos familiares que se llevaban a cabo. A pesar de todo ello, siempre me mantuve dispuesto y disponible a ayudar en todo lo que hiciera falta, incluso cooperando con todo tipo de recursos, si así me los demandaban; pero sin renunciar a mis planteamientos de vida espiritual.

Con el suicidio de un familiar muy querido para mí; se abrieron brechas incontestables en la relación familiar; a pesar de lo cual siempre seguí disponible y accesible si precisaban de mí. Sabedores de mi compromiso espiritual; y no entendiendo nada en absoluto del mismo, bajo concepciones de vida total y estrictamente materialistas, me convertí en el “raro” de la familia; y de aquí al enfriamiento de las relaciones con la evidente falta de afecto, no hubo más que un paso.

A pesar de ello, en mis oraciones diarias incluía fervorosamente la petición de ayuda y entendimiento para todos mis familiares. Con la adquisición de los conocimientos que la filosofía espiritista me brindaba, fui entendiendo, cada vez con mayor nitidez y claridad, el compromiso que me vinculaba a estos espíritus encarnados que habían llegado conmigo a la tierra en el mismo vínculo familiar. Y esto redobló mi ánimo para realizar un mayor esfuerzo por ayudarles; cosa que conseguí inicialmente en algún caso, pero que me fue imposible realizar en otros; pues ya se sabe, si la persona no desea recibir tal ayuda o ignora tal consejo; el tiempo, las leyes de Dios y el libre albedrío de las personas, se encargan de evaluar y traer a la persona aquello que merece o necesita.

!Qué gran diferencia encontré al llegar aquí!. Ya sabía en la tierra de la importancia de la familia espiritual; pues los conocimientos que me ofrecía la doctrina espírita me lo atestiguaban, además, con hechos y pruebas evidentes. Algo en lo que también tuvo mucho que ver la percepción de aquellos espíritus que, a través de la mediumnidad, me envolvían de amor y fluidos de bien, y que, a mis preguntas sobre el porqué de ello, algunos respondían que eran familiares míos de otras vidas y otros tiempos, cuyos afectos seguían intactos e incrementados con el paso del tiempo.

Desde aquí una vez recuperado, y con pena consciencia de mi realidad espiritual, pude comprender cómo el amor entre los espíritus, así como sus afectos y reciprocidades son la argamasa que los une, a pesar incluso del tiempo y del espacio. Vislumbré y me reencontré con seres queridos, que me amaban profundamente y que formaban parte de mi auténtica familia espiritual.

Comprendí entonces con absoluta claridad las palabras del maestro Jesús cuando, dirigiéndose a él le preguntaron por su madre y sus hermanos y el contestó: “¿Quien es mi madre y quienes mis hermanos?…Todo aquel que hace la voluntad de Dios, es mi hermano, mi hermana y mi madre.”

Entendí que se refería al hecho de que los lazos materiales y de consanguinidad no significan necesariamente lazos espirituales afines.

Y así mismo lo he venido comprobando; pues aquí no sólo me encontré lazos familiares y afectivos del pasado, sino también lazos fraternos de multitud de espíritus que colaboramos juntos a lo largo del tiempo, de las existencias y de las experiencias vividas conjuntamente en la tierra y en el espacio para conseguir mayores cotas de progreso y redención moral.

Pude vislumbrar también como a muchos de ellos me unían fuertes sentimientos de gratitud por la ayuda mutua que nos prestamos en el pasado en determinados momentos de dificultad. Y también comprobé como, muchos de ellos, auténticos trabajadores, nobles y dedicados, formábamos todos parte de un núcleo mayor, enorme, inmenso, de espíritus comprometidos con esta humanidad en la ayuda, el trabajo y el servicio desinteresado bajo la dirección del Maestro Jesús.

Al preguntar sobre todo esto me contestaron que, tanto en la tierra como en el espacio vienen sucediéndose oleadas de espíritus encargadas de mantener el sentido moral del mensaje del Maestro hasta este cambio o transición en que se encuentra esta humanidad. Estas cantidades de espíritus dedicados al bien, no son ángeles, son sobre todo, como yo, apenas trabajadores, deseosos de redimirse y de trabajar en la obra divina para alcanzar una mayor iluminación que nos permita formar parte del mundo de regeneración que ya está a las puertas.

Esta es mi auténtica familia espiritual, y con ella me identifico y me identificaré siempre; pues mi pensamiento se afiniza con el de ellos, mis sentimientos vibran junto a los de ellos en un deseo ferviente de progresar y ser útil a la causa del Maestro Jesús; y, junto a los que también se encuentran en estos momentos en la tierra desempeñando su labor, formamos la avanzadilla, la vanguardia de este “equipo de amor”, menos iluminada, pero más deseosa de trabajar ayudando a esta humanidad necesitada de esclarecimiento y auxilio.

Benet de Canfield

Psicografiado por Antonio Lledó

© 2017, Amor, paz y caridad

[*] Serie de psicografías mensuales; en la que un espíritu amigo, desencarnado hace pocos años, comenta experiencias de vida de su última existencia; así como las reflexiones sobre las mismas una vez llegado al mundo espiritual. Para preservar el anonimato de su identidad, tal y como él mismo nos ha solicitado, usamos el nombre que tuvo en una existencia anterior, hace ya varios siglos.

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