“Al revisar las evidencias sobre la hipótesis de la supervivencia con una mente racional, rigurosa y abierta, llegamos a la conclusión de que la supervivencia de la conciencia después de la muerte es un hecho de la naturaleza”.
Alexander Moreira, Psiquiatra. Libro: “Ciencia de la Vida después de la muerte”.
El simple hecho de que multitud de científicos, en pleno siglo XXI, y en las universidades más prestigiosas del planeta se ocupen de elaborar programas de investigación capaces de formar candidatos serios que desarrollen las evidencias y los estudios sobre la supervivencia e inmortalidad de la conciencia nos confirma el cambio de paradigma tan importante que está experimentando la ciencia, abandonando el “realismo materialista” que todo lo circunscribe a la materia, y ahondando en las causas y la explicación espiritual de las evidencias sobre la inmortalidad.
Ya no se trata de una moda o una simple tendencia o corriente de investigación circunscrita a alguna disciplina científica, sino que es una corriente transversal que se implementa en la mayoría de las disciplinas científicas como la física cuántica, la cosmología, la astronomía, la biología molecular y cuántica, la psicología traspersonal, la neuroteología y la neurociencia, la psiquiatría y la psiconeuroinmunología, etc.
No debemos olvidar que la filosofía antecede a la ciencia en todas las épocas de la humanidad, por ello es conveniente recordar que uno de los mayores impulsos a este cambio de paradigma o de investigación ha tenido como origen las investigaciones de los argumentos filosóficos y metafísicos que eminentes profesores de filosofía en distintas universidades americanas y europeas iniciaron en las últimas tres décadas del siglo XX, donde se cuestionó con rigor el planteamiento positivista y materialista de la realidad, llegando a la deconstrucción del pensamiento mecanicista y materialista que ha sido la tendencia imperante en las cátedras de ciencia y filosofía desde finales del siglo XIX hasta mitad del siglo XX.
Tanto es así que la metafísica (la más pura de las ramas de la filosofía) pasó a tener el protagonismo principal de los argumentos y reflexiones filosóficas que había sido abandonada por la influencia de casi dos siglos de positivismo y cientificismo materialista.
Estos pensadores cuestionaron con claridad, rotundidad y excelente precisión, la inutilidad del reduccionismo científico y su exclusivismo (todo lo que existe se reducía a la materia) como única explicación de la realidad, dejando desnuda y sin sentido la explicación de la vida, el universo y los fenómenos espirituales que nos ofrecía el deprimente y sin sentido materialismo positivista basado en el ciego azar.
A partir de aquí muchos investigadores de distintas áreas de la ciencia comenzaron a investigar, y acompañados por los descubrimientos de vanguardia de la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI (confirmación del Big Bang, afirmación de la expansión acelerada de un universo con un principio y un final, la realidad del principio antrópico y el ajuste fino de las leyes físicas, la complejidad de la vida celular, etc.) comenzaron a cambiar el foco de interés y los distintos programas de investigación más avanzados que tienen que ver con el origen de la conciencia o de la mente, la inmortalidad de la misma o su trascendencia y preexistencia, las pruebas y evidencias de la existencia de Dios, la existencia de un campo energético que impregna toda la realidad que podemos percibir, etc.
Todo ello está permitiendo cambiar, poco a poco, paulatinamente, las explicaciones que tenemos sobre la realidad que podemos observar. Y esto lleva por consecuencia la investigación inevitable de fenómenos que confirman la inmortalidad del alma, la trascendencia e inmaterialidad de la conciencia y de la mente. Y además confirma la interconexión de las mentes en un universo conectado por sintonía, vibración y afinidad energética.
Todas estas investigaciones tienen como consecuencia las reflexiones y deducciones que de ellas se derivan, y en lo que afecta a la evidencia de la trascendencia de la conciencia después de la muerte (inmortalidad del alma para los espiritualistas) existe cada día una mayor unanimidad por las evidencias que la confirman. Sólo vamos a desglosar algunas de ellas que, no por conocidas, son menos importantes.
En primer lugar, debemos hablar de las evidencias que aporta “la Mediumnidad”. Sin duda, para muchos investigadores esta es la prueba o evidencia más clara y definitiva de que las conciencias o almas de aquellos que partieron y dejaron sus cuerpos en la Tierra pueden volver y transmitirnos sus ideas confirmando nuestras percepciones y evidencias sobre una vida futura, donde nuestra conciencia permanece integral con los mismos atributos y capacidades que tenía cuando estaba en la Tierra con un cuerpo.
Las evidencias llegan confirmadas bajo dos principios del ser pensante: «la memoria y la personalidad». La memoria, donde el espíritu comunicante recuerda con precisión hechos, personas y acontecimientos que el médium nunca pudo conocer, e incluso identificando personas también desconocidas para el medium. La personalidad, donde el espíritu comunicante manifiesta sin ningún género de dudas el temperamento, carácter y estilo personal que tenía cuando estaba en la Tierra, además de las habilidades particulares que también poseía en aquel momento y que puede ahora reproducir sin problemas (idiomas que conocía, habilidades artísticas que poseía, caligrafía, etc.)
También confirma que la vida presenta dos planos de realidad, la que se tiene con un cuerpo y la que se tiene sólo con el alma, siendo esta última más real y clarificadora que la que tenemos con un cuerpo, que reduce las vibraciones de la energía de nuestra consciencia debido a la inmersión en un ropaje carnal que nos circunscribe a la realidad físico-atómica celular y que no se tiene en ese otro estado de conciencia, ya liberado de las ataduras materiales que imponen las leyes físicas.
La evidencia de la mediumnidad sobre la inmortalidad del alma tiene a su vez una derivada de consuelo y de ayuda, como es la posibilidad de contactar con aquellos seres que amamos mientras estuvieron encarnados y que son capaces de transmitir su amor y su afecto por aquellos que dejaron en la Tierra y al propio tiempo confirman el esperanzador mensaje del mayor filósofo de la historia: Sócrates, cuando refiriéndose a la inmortalidad del alma, contestó: “….qué gran alegría y satisfacción poder reencontrarnos en el otro lado con aquellos a los que amamos en la Tierra”.
Además de la mediumnidad, los fenómenos de “apariciones espontáneas” de espíritus o almas que ya partieron y que son comunes en todas las sociedades y a todas las personas de todo rango y condición son, sin duda, pruebas evidentes que en la mayoría de los casos tienen sentido y no son fruto de ninguna alucinación o trastorno mental en personas de salud y equilibrio emocional común y corriente.
Las “experiencias fuera del cuerpo” que millones de personas en todo el mundo han experimentado en alguna ocasión son también evidencias que confirman la vivencia y experiencia consciente de la persona sin necesitar de un cuerpo para ello. Miles de personas con experiencias de salida del cuerpo por viajes astrales o desdoblamientos consciente o inconscientes tienen este tipo de experiencias. En esos momentos somos “mentes sin cerebro” que piensan, deciden y actúan.
Y estas son todavía más reveladoras cuando se producen en estados del organismo incapaz o deteriorado, como sucede en “estados de coma profundo” donde el cerebro no presenta signos de actividad eléctrica. La teoría materialista, que todo lo reduce a la materia, se ve incapaz de explicar este fenómeno: ¿Cómo se pueden tener experiencias conscientes en estado de coma con un cerebro inútil y regresar de nuevo al estado consciente y guardar en la memoria esas experiencias?.
Si el cerebro crea la conciencia según el paradigma materialista, y este órgano está incapacitado, sin actividad y prácticamente moribundo, ¿de dónde proceden esas experiencias?, y ¿dónde se encuentran esos recuerdos y ese tiempo que la persona ha vivido en primera persona?
Continuando con esto mismo, encontramos las “experiencias cercanas a la muerte” (ECM), donde la conciencia del individuo sale de su cuerpo y observa lo que acontece en la sala de operaciones en los procesos de reanimación, donde se encuentran con sus familiares difuntos en estados de paz y de armonía increíbles que les invitan a regresar a su cuerpo, donde experimentan las emociones inenarrables de un ambiente especial que les dota de una lucidez especial y donde perciben con claridad la continuidad de la vida después de la muerte.
La práctica totalidad de los mismos, cuando regresan de esas experiencias, comienzan a valorar la vida de una manera singular, con la certeza de la inmortalidad, y muchos de ellos cambian sus conductas y sus propósitos de vida en base a esta experiencia. Los grandes investigadores de estas ECM, como los psiquiatras y médicos Dr. Bruce Greyson, Raymond Moody, Pin Van Lommel, etc., coinciden en sus conclusiones: “las ECM son experiencias espirituales que evidencian la realidad de la conciencia después de la muerte”.
Y por último, hemos de remarcar las evidencias que nos aporta el fenómeno de “la reencarnación”. Investigadores como el Dr. Ian Stevenson o el Dr. Jim Tucker pusieron de manifiesto multitud de casos de reencarnación comprobada que sin duda ninguna confirman este hecho para miles y miles de personas que tienen recuerdos de sus vidas anteriores mediante los recuerdos espontáneos, los bistmarks (marcas de nacimiento), los niños prodigio, etc. En realidad, sabemos que la reencarnación es una ley universal que nos afecta a todos los humanos, pues no es otra cosa que la vuelta a la vida de nuestra alma inmortal a fin de seguir adelantando en el camino del progreso y el adelanto moral.
Esta universalidad de la reencarnación viene dada por los investigadores de la TVP (terapia de vidas pasadas), multitud de psiquiatras, médicos y terapeutas que usan estas técnicas para ayudar a personas con trastornos emocionales, conductuales o mentales, cuyo origen no se encuentra en esta vida y bucean en el pasado a través del recurso de indagar en la memoria extra cerebral del paciente, mediante procesos de magnetismo e hipnosis. Grandes investigadores como Brian Weis, Morris Netherton, Gina Germinara, Edith Fiore, Mª Julia de Moraes Prieto, etc. Psiquiatras y médicos en todo el mundo y de reputada consideración confirman la realidad de la reencarnación, y con ello de la preexistencia del alma y su posterior trascendencia al fenómeno de la muerte volviendo de nuevo a otra vida en la carne.
Las evidencias de los fenómenos mencionados y de otros muchos que por espacio no podemos detallar aquí, no hacen sino confirmar que la conciencia y la mente (atributos del espíritu inmortal) trascienden la vida física al ser inherentes al alma y formar parte importante de la misma.
Conforme avanza la investigación, y la ciencia desarrolla sin complejos sus pesquisas en este nuevo paradigma que ha abandonado “el corset del pensamiento materialista” para dedicarse a la búsqueda de la verdad, se afirman con rotundidad las grandes verdades de los maestros espirituales, avatares, hombres sabios y fundadores de religiones y filosofías que siempre manifestaron la eternidad del alma humana y su origen divino, trascendente a la materia y al mundo físico que esta representa. Esta eternidad, que no es otra cosa que “la vida inmortal del alma» que todos tenemos desde que somos creados por Dios para avanzar hacia Él y conquistar la dicha que nos tiene preparada.
Evidencias de la inmortalidad por: Antonio Lledó
2024, Amor, Paz y Caridad
“La mejor evidencia de la supervivencia del alma es la convergencia convincente de los resultados de docenas de científicos altamente cualificados en una amplia gama de experiencias que se refuerzan mútuamente y donde todos apuntan a la misma conclusión: la supervivencia de la conciencia después de la muerte.”
Dr. Alexander Moreira, Psiquiatra, Libro: “Ciencia de la Vida después de la Muerte»






