Inicio Cegueras y luces MEMORIA CÓSMICA

MEMORIA CÓSMICA

0
62
Memoria Cósmica

«CONCIENCIA UNIVERSAL«

“Es por esto que todo sirve, todo se encadena en la naturaleza, desde el átomo primitivo hasta el arcángel, que también comenzó siendo átomo”

 Allán Kardec – Libro de los Espíritus ít. 540

Desde muy antiguo, las religiones y sistemas de creencias animistas han propugnado que la naturaleza y todo lo que en ella se manifiesta o se contiene son expresiones del “Espíritu Supremo”, el “Absoluto”, “La Gran Madre”, “El Sumo Hacedor”. Tanto es así que los fenómenos inexplicados de la naturaleza fueron considerados producto de la acción de los dioses que los producían.

El Dios del trueno, el rayo, las tormentas, el dios del viento, de la lluvia etc., tuvieron sus expresiones también en mitologías más cercanas en el tiempo como la mitología griega, romana, egipcia, caldea. En muchas religiones politeístas donde se asignaba una deidad a todo fenómeno inexplicable existía siempre una deidad suprema que gobernaba por encima de las demás; en Grecia era Zeus, en Roma Júpiter, en Egipto Osiris, en Persia Mitra, y así sucesivamente.

Esta divinidad abarcaba el mundo espiritual y el físico, rigiendo los destinos de la naturaleza y del hombre. Hoy en día hablamos de “Conciencia Universal”, “Memoria Cósmica”, “Mente Universal”, “Pensamiento divino” y otras denominaciones que representan un punto de partida en la creación de todo lo existente, y que además retoma una de las características principales de ese Dios único, poderoso, omnisciente, omnipotente, justo y bueno: la de que todo está interconectado. Esto ya lo explicamos en el capítulo anterior.

Una conciencia universal interconectada es lo que podríamos interpretar de diversas maneras según la disciplina de la que hablemos; si lo hacemos mediante el psicoanálisis hablaremos del “inconsciente colectivo” de Jung; si lo hacemos desde la biología nos ceñiremos a la teoría de Sheldrake de los “campos morfogenéticos y la resonancia mórfica”; si recurrimos al esoterismo podremos identificar esta memoria universal interconectada como los famosos “registros akhásikos”; si nos centramos en la física cuántica hablaremos de “campos cuánticos de energía e información que entrelazan las partículas elementales”. Y así sucesivamente. También hay quien define esta característica que impregna el universo desde un punto de vista más poético definiéndolo como “el pensamiento de Dios”.

Allán Kardec atribuyó esta circunstancia universal a las características de la sustancia primitiva o fluido cósmico universal que todo lo registra y que permite multitud de modificaciones, transformaciones y variaciones en las formas que luego adoptará la materia. Es el fluido espiritual que, como una atmósfera terrestre, interpenetra el espacio y el tiempo y del cual nuestro periespíritu está igualmente constituido, siendo así un producto y al mismo tiempo el agente que permite la vida y acompaña al ser humano con un cuerpo físico o sin él, en la erraticidad.

Este registro universal permite no sólo la memoria y la suma de todos los actos, pensamientos, obras y actividades realizadas sino que igualmente origina las capacidades de conexión entre las mentes humanas y la mente humana con la mente divina de la que procede. Y precisamente la conexión más genuina con esa mente universal es “la oración”, mediante la cual entramos en contacto con nuestro origen, con aquel que nos ha creado por amor.

Esta interconexión universal no es algo nuevo, existe desde la antigüedad. Hermes Trismegisto, en el antiguo Egipto, afirma: “Todo es mente. El Universo es Mental”. Y los espíritus confirmaron a Kardec que todo se encadena en la naturaleza, que todo está relacionado y por tanto tenemos la capacidad de conectar con mentes afines que piensan, sienten y vibran en la misma frecuencia que nosotros lo hacemos. De aquí se deriva la ley de sintonía y afinidad que existe en todo el universo y que nosotros mismos podemos comprobar cuando afirmamos: “el semejante atrae al semejante”. Y la argamasa que une voluntades con una conexión irreductible y universal es el Amor, principal fuerza del Universo que caracteriza a Dios.

Observar en la distancia la obra de Dios con ese grado de interconexión, donde todo se ordena y se armoniza para el progreso y el adelanto del espíritu inmortal, no hace más que confirmar la grandiosidad e incognoscible sabiduría del Creador, al tiempo que nos permite comprender que la naturaleza, la vida, el universo y todo lo que podamos imaginar forman parte del plan divino del Creador para permitir el adelanto del espíritu humano.

Nada hay opuesto a la Ley de Dios que no pueda ser modificado; antes al contrario, aquello que contraviene sus leyes es precisamente la inversión del valor real que las sustenta, y antes o después, interconectados y aspirando al mismo futuro de dicha y felicidad que nos espera debemos equilibrarnos y situarnos mediante el propio esfuerzo en la senda correcta que nos permita adelantar sin sufrimiento gratuito incorporando las leyes de Dios a nuestra propia conducta. Es la ley moral que rige para todos los espíritus en todas partes de la creación.

La conciencia universal es la de Dios, y sólo ella conoce en profundidad los secretos de su voluntad, pero su amor infinito nos permite ir comprendiendo poco a poco, en función de nuestro grado de adelanto espiritual, su obra y su propósito. Como bien afirmó un sabio de la Tierra tiempo atrás:

“Lo más incomprensible del universo es que sea comprensible”

Albert Einstein

Memoria cósmica por: Benet de Canfield

Psicografiado por Antonio Lledó

2024 © Amor, Paz y Caridad

Publicidad solidaria gratuita

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies