ÉTICA EN LA REPRODUCCIÓN Y REENCARNACIÓN (3ª PARTE)

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Ética en la reproducción y reencarnación (3ª Parte)

TERCERA Y ÚLTIMA PARTE

Gestación Subrogada y Adopción

 Hay cosas que el dinero no debería comprar. Tratar a los niños y a los embarazos como mercancías los degrada. Los seres humanos son personas dignas de respeto, no objetos que se usan”  Dr. M. J. Sendel – Libro: Justicia

 La llamada Gestación Subrogada, más conocida como los “Vientres de Alquiler”, es otro proceso de fecundación y desarrollo del niño y de la vuelta a la vida de los espíritus mediante la reencarnación. No es casual que, de los casi 200 países del planeta, tan solo 8 tengan una legislación favorable a esta práctica, existiendo otros pocos que la permiten únicamente en determinadas condiciones y en estados concretos con legislaciones muy restringidas (caso de Estados Unidos). Sin duda, esto obedece a las consecuencias éticas y legales que se derivan de este procedimiento.

También al hecho de que muchos colectivos ven en esta práctica, no un avance en las posibilidades reproductivas, sino un retroceso en los derechos de las mujeres que se prestan a este tipo de prácticas, debido a sus condiciones socioeconómicas precarias o a otras situaciones que no hacen más que usarlas como cobayas, atentando contra su dignidad como seres humanos y cosificando su intervención, sin tener en cuenta sus sentimientos o emociones durante el proceso de nueve meses que han de llevar en su vientre el hijo que luego entregarán a cambio de dinero u otras situaciones.

Otro de los aspectos que desvirtúa el sentido ético-moral de esta metodología reproductiva es que obedece a intereses que nada tienen que ver con la maternidad, sino que forman parte de un engranaje comercial y beneficio mercantilista, al ser empresas las que gestionan con enorme afán de lucro esta situación, explotando a las mujeres y usándolas como si fueran un medio de producción cualquiera, como el que fabrica cualquier cosa.

Es conocido que hay países muy tolerantes con esta práctica, y más concretamente en algunos de ellos existen residencias, hospitales y otros centros subvencionados por estas empresas donde prepararan, fecundan y ayudan en el desarrollo de los niños que luego serán entregados. En la India concretamente existen “granjas de fecundación” donde las mujeres de escasos recursos pueden obtener algunos beneficios con los que sacar a sus familias de la pobreza temporal, si se someten a esta práctica.

Los datos son escalofriantes; una mujer que se somete a este procedimiento en la India puede conseguir por cada embarazo un importe aproximado a 4000 dólares, lo que permitirá alimentar a su familia por varios años y pagar la educación de sus otros hijos, mientras que la empresa que las gestiona (generalmente americanas) cobra a los interesados unos 25000 dólares por un embarazo. Un auténtico regalo, ya que el coste en otros países viene a ser de 60 a 80000 dólares.

Desde el punto de vista espiritual sabemos que un niño nacido de esta práctica, si el óvulo o el espermatozoide proceden de los padres que lo contratan y es inseminado en la gestante, tiene principalmente “dos madres”: madre gestante y madre genética. Aunque la carga biológica sea totalmente ajena a la gestante, esta se desarrolla bajo los nutrientes, la sangre, la alimentación y las condiciones fisiológicas de la madre de alquiler. Pero lo más importante: las emociones, los pensamientos, las reacciones, los estados de ansiedad o calma, las influencias psicológicas y del periespíritu materno en el del niño que se está formando pertenecen a la madre de alquiler, y estas son indivisibles del vínculo que se establece entre el niño y su madre biológica. La firma de un contrato inicial no resuelve la cuestión de quién tiene más derechos sobre el niño, si la que dona el óvulo o la gestante.

“Al requerir a la madre de alquiler que reprima el amor materno que pueda ir sintiendo por el niño, el contrato de subrogación convierte el embarazo en una forma de trabajo alienado”. Dra. Elisabeth  Anderson

Desde nuestro punto de vista, y respetando cualquier opinión contraria, hasta que la medicina reproductiva no avance a otros niveles de desarrollo en los que no precise cosificar el cuerpo de la mujer y abusar de la precariedad económica de las mismas, obviando sus sentimientos y quebrando la relación del vínculo establecido con el niño de forma abrupta, este sistema reproductivo es éticamente reprobable y no debería permitirse.

Solamente podría ser viable y aceptable en el caso de que donante y gestante, movidos por intereses de afecto y no comerciales, se prestaran voluntariamente a ello. La primera por la necesidad, y no el capricho, de tener hijos, y la segunda con la buena voluntad, altruista y sin otra intención que la de ayudar a la felicidad de la pareja a la que aprecia y por la que realiza ese sacrificio tan loable.

La adopción es la solución para contrarrestar esta práctica espuria. Millones de niños son abandonados y necesitan de amparo y de un hogar que se preste a educarlos y criarlos con cariño y afecto desde la mas tierna infancia. Es por ello que la gestación subrogada no está bien vista por las legislaciones de la mayoría de los países, ya que muchas veces las madres de alquiler se niegan a entregar a sus hijos por el fuerte vínculo establecido con ellos durante el proceso de gestación. Y estro trae también consecuencias de sufrimiento por ambos lados, aquellos que esperaban  tener lo que les prometieron y aquellas a las que les arrebatan algo que ahora identifican como propio, por mucho que en los inicios del proceso creyeran que no tendrían problema en entregarlo.

Además de todo ello, el espiritismo nos ilumina con certeza en esta cuestión, pues no ignoramos que estos vínculos son anteriores a la fecundación, ya que se establecen en el plano espiritual antes de encarnar entre madres e hijos, y obedecen a las necesidades de progreso, regeneración y crecimiento espiritual de ambos, cuando se comprometen a serlo en la Tierra con un programa a ejecutar.

Como podemos comprobar en este artículo y en el del mes pasado, la bioética y los procesos de fecundación y vuelta a la vida mediante la reencarnación tienen su propia controversia moral, legal y espiritual, y por tanto debemos tener constancia de todo ello a fin de seguir procurando que la vida siga su curso, sin aceptar determinadas prácticas que son moralmente reprobables, pues atentan contra los derechos de vida o dignidad de las personas o de los espíritus que van a reencarnar, que se ven afectadas por ellas.

Es de esperar que el avance de la tecnología y la medicina reproductiva seguirá brindándonos nuevas posibilidades extraordinarias en poco tiempo,  como ya acontece con la inseminación artificial, sin necesidad de conculcar los derechos de nadie y ajustándose a los códigos ético-morales que el espiritismo propone coincidentes con la bioética, y que sin dañar y mediante el respeto permitan seguir reencarnando en la Tierra espíritus necesitados de progreso y evolución, como nosotros mismos.

Ética en la reproducción y reencarnación (3ª Parte) por:Antonio Lledó flor

©2022, Amor, Paz y Caridad

“Cuando aparece un conflicto entre el mandato de curar y la obligación moral de no hacer daño, surgen decisiones difíciles… la batalla entre la concepción científica y espiritual del mundo debe ser resuelta, necesitamos que ambas voces estén en la mesa de debate sin gritarse entre sí”. Dr. Francis Collins – Libro: ¿Cómo habla Dios?

Ética en la reproducción y reencarnación (3ª Parte) es continuación de: https://amorpazycaridad.es/etica-en-la-reproduccion-y-reencarnacion-2-parte/

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