Enfocando la actualidad

ELEVACIÓN, ASCENSIÓN Y FUENTE DE PODER

“Semper Ascendens”

En la larga andadura del espíritu a través de su evolución espiritual, así como también en el desarrollo biológico del ser humano existen una serie de constantes que se presentan en todo tiempo y lugar, así como en cada periodo de crecimiento.

La primera y más importante es la de la transformación y el cambio constante; hoy la ciencia demuestra que todo está en permanente cambio y modificación; desde las neuronas cerebrales que mueren por millares a diario y son sustituidas por otras nuevas así como las modificaciones que se experimentan en los universos físicos, microscópicos o macroscópicos como en las transformaciones de las galaxias y el cosmos en general.

Esta impulsión que induce a todo lo que existe a la constante modificación y transformación ha cambiado el paradigma del estudio de la materia; esta era hasta hace unas décadas el único objeto de la realidad y se ha visto sustituida por la energía como patrón exclusivo de todo lo que existe; pues hasta la propia materia, según la física cuántica y de partículas, no es otra cosa que energía en diferentes grados de vibración y frecuencia.

Esa impulsión física se traduce en el espíritu en el impulso inmanente que le impele a progresar de forma constante. No podemos olvidar que el espíritu humano es también energía; una energía sutil, purísima, que al igual que las ondas electromagnéticas o fuerza de la gravedad, son invisibles a nuestros ojos. La física está llegando a la conclusión de que lo invisible es más real que lo visible. Pues todo lo que no vemos se debe a nuestra percepción sensorial en tres dimensiones, lo que nos impide captar multitud de realidades, tan presentes en nuestra vida diaria, como el aire que respiramos (que tampoco vemos) ni la atmósfera de la que nos servimos (sin la cual no existiría vida en la tierra).

Existen multitud de dimensiones que los científicos ya han demostrado y que no son perceptibles a nuestros cinco sentidos. Y son tan reales, tan importantes y nos afectan tanto o más que aquellas que vemos o percibimos. Estamos rodeados, inundados y constantemente influenciados por energías que desconocemos y no percibimos.

La realidad del espíritu humano, así como su pensamiento y sus emociones forman parte de energías que ya pueden medirse, comprobarse y certificarse desde hace más de un siglo. Y si hemos avanzado que la transformación y el cambio de la materia es constante y nadie puede detenerlo; el espíritu, energía permanente, surgida de un acto de creación, inmortal como la esencia de la que procede, está también sujeta a unas leyes de cambio, progreso y transformación que le permiten desarrollar aquellas cualidades latentes que, como una semilla, alberga en su interior a falta de desarrollar.

Estas cualidades no son otras que los atributos de la perfección y la divinidad que el creador puso en el espíritu para que, por sí mismo, bajo los parámetros del libre albedrío, la voluntad y la consciencia, y únicamente mediante su propio esfuerzo, alcance la plenitud y la dicha. Siendo su naturaleza espiritual, energética, inmortal, e inextinguible, su energía es así mismo imperecedera; se renueva de forma constante, en el espacio y en la tierra; es decir, encarnado en un cuerpo físico, o en estado de liberación cuando regresa al mundo del espíritu.

El espíritu necesita ELEVARSE Y ASCENDER, en la escala evolutiva mediante el desarrollo de esas cualidades latentes mencionadas; y ellas son fundamentalmente dos: el Amor y la Sabiduría. Creciendo en el amor se identifica y armoniza con la fuente de poder del Universo físico y espiritual; esa fuente a la que pobremente llamamos Dios y que apenas podemos definir, es amor universal.

De tal forma que cuando los pensamientos, los sentimientos, las acciones y las obras se ven guiadas por sentimientos nobles, caritativos, altruistas, desinteresados, de ayuda al prójimo, etc.. Emitimos vibraciones de una determinada frecuencia que nos permiten conectar con las franjas superiores del mundo espiritual, recibiendo a cambio la energía vivificadora, poderosa y eterna del amor universal.

Esta energía “recarga las baterías del espíritu”, permitiéndole afrontar nuevos compromisos, por difíciles que estos sean o supongan cualquier tipo de desgaste. “Todo lo que yo hago vosotros lo podéis hacer, si queréis” (Jesús de Nazareth). El camino más directo hacia la elevación y ascensión del espíritu humano es pues el amor; pero este no puede caminar sólo, le es preciso conocer, aprender, encontrar las cualidades que la razón, la intuición y el conocimiento le proporcionan para saber discernir, para no equivocarse, para no confundirse sobre las decisiones a tomar en tal o cual circunstancia.

Este conocimiento no se adquiere en la escuela formal, se adquiere en el desarrollo de la conciencia; y esta llega al hombre cuando es capaz a de afrontar sus deberes con responsabilidad, con gratitud, con equilibrio y honradez. La conciencia y su desarrollo permite al hombre alcanzar “sabiduría”; una palabra usada con frecuencia pero muy poco comprendida. La sabiduría no sólo acompaña al amor en el recorrido que permite la elevación y ascensión del espíritu, sino que a veces, sus determinaciones son contrarias a la razón humana, no así a las leyes divinas, que respeta y engrandece de forma notable.

La elevación del espíritu humano es pues la tarea que todo ser tiene desde que es creado por Dios. Y hacia ella debemos encaminar todos los esfuerzos, todas las energías de que disponemos. Hoy la ciencia viene en auxilio de la espiritualidad; y así como el mundo de los espíritus es una realidad desde que existe el hombre; la verdad de las leyes que rigen el mundo se abre paso como un torrente a través de los nuevos paradigmas científicos del siglo XXI. La evolución darwiniana ya “no se comprende sin el desarrollo del amor entre los seres humanos”, y no únicamente de la competitividad que los materialistas enarbolan como única fuerza del cambio y la transformación de las especies.

La aparición de la vida en la tierra tampoco se entiende sin “la intervención de una causa primera”, un “diseño inteligente” que proyecta y dirige la vida en los diferentes universos, galaxias, y espacios cósmicos que conocemos y aquellos otros que todavía ignoramos. La propia célula, elemento primigenio de la vida, presenta a los investigadores del genoma humano la realidad última de “un primer motor” capaz de activarla y desencadenar su evolución, desarrollo y reproducción. El azar dejó hace tiempo de ser una explicación; pues todo efecto tiene una causa.Y la causa del origen de la vida, de la célula, de la materia y la energía,, no es otra que ese arquitecto universal al que llamamos Dios.

Y, todo efecto inteligente tiene una causa inteligente. Esto es lo que aplicamos al espíritu humano; inteligencia creada por una inteligencia suprema. Y con ello se encuentran las explicaciones precisas y necesarias que le permiten cumplir el objetivo para el que fue creado: formar parte de la obra más extraordinaria jamás pensada, jamás concebida por mente humana; y además hacerlo en plenitud de conciencia, con total individualidad y plenitud, alcanzando la dicha permanente y eterna que sólo el amor (la fuerza más poderosa del universo) es capaz de otorgar.

La identificación con el amor, “la fuente del poder del universo”, permite al espíritu humano Elevarse y Ascender en el camino que le llevará a la plenitud; aunque antes, y por milenios, debamos desarrollar esas cualidades que Dios puso en nosotros como una semilla, para que a través de las experiencias en las vidas físicas y en el mundo espiritual, podamos alcanzar por nosotros mismos, con total justicia y merecimiento ese estado de conciencia elevada que sólo distingue a los espíritus perfectos, llenos de amor y de sabiduría.

Elevación, Ascensión y Fuente de poder por:  Antonio LLedó Flor

© 2016, Amor, paz y caridad

“El amor es la fuerza que Dios deposita en el corazón de todos los seres humanos, a cada uno corresponde decidir vivir como un paladín o un cobarde, como un conquistador o un conformista, como un ser excelente o un mediocre, como un ser lleno de luz o quien permanece por siempre en la oscuridad; el amor hace nacer la fuerza para atrevernos a ser auténticos colaboradores en la grandeza de la creación.” Anónimo

Anteriores Artículos

EL NUEVO ORDEN SOCIAL

Siguientes Artículos

CRÓNICA DEL 8 CONGRESO ESPIRITA MUNDIAL

Sin Comentarios

Deja tu opinión

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.