Enfocando la actualidad

EL PROBLEMA DE LA CONCIENCIA

Creer que estamos en una sociedad sana mentalmente es precisamente lo contrario de lo que nos indican de forma alarmante todos los estudios y estadísticas realizadas al respecto. Conforme la medicina, y el resto de disciplinas que procuran la salud humana, vienen avanzando a pasos agigantados, se pone en evidencia que salvo alguna que otra patología orgánica irreductible como el cáncer y en menor medida el sida, lo que ha sufrido un aumento exponencial son las enfermedades que tienen que ver con la mente y la psique del ser humano.

La depresión ha sido el gran mal de finales del siglo XX y principios del XXI; todavía hoy sigue siendo la patología más diagnosticada en todo el mundo: se dan cifras de más de 500 MM de personas que han sido diagnosticadas y tratadas por depresión en el último año. Pero junto a ella, vemos aumentar de forma alarmante las neurosis, las psicosis personales y sociales, los estados de frustración existencial, pánico, angustia y ansiedad. Según las estadísticas de la A. de Psiquiatría Americana, alrededor de un 30% de norteamericanos (100 MM) consumen ansiolíticos a diario.

También en la ciencia médica, como en biología evolutiva; “la necesidad crea el órgano o provee la función”. Y en este caso han surgido nuevas disciplinas para intentar enfrentar los nuevos retos que se presentan en la salud de la población humana. Una de ellas es la psiconeuroinmunología; que intenta enfrentar las nuevas enfermedades que la mente somatiza en el cuerpo biológico a través del sistema inmunológico, endocrino y nervioso, dando origen a enfermedades graves y raras que aparecen cada vez con más frecuencia.

Esto pone de manifiesto la importancia de conocer bien la mente, su funcionamiento y cómo el desorden mental afecta no sólo la parte psíquica del ser humano, sino también a la parte biológica, enfermando los órganos, perturbando los sistemas que regulan la homeostasis de nuestro cuerpo y creando disfunciones, y dando origen a la aparición de enfermedades varias.

Lamentablemente, como demuestra a diario la psiquiatría, no hemos avanzado mucho en el conocimiento de nuestra mente; puesto que se parte de un error de principio al considerar que la mente es fruto del cerebro, y que esta surge a consecuencia de las relaciones y conexiones (sinápsis) de nuestras neuronas(células cerebrales). Este es el gran inconveniente en la comprensión de las enferemedades mentales y en su curación definitiva. Hoy en día la psiquiatría contempla como principales terapias para la curación el tratamiento farmacológico y diversas psicoterapias como la congnitiva entre otras.

Es cierto que el avance farmacológico ha sido muy importante y efectivo en el alivio de los síntomas de muchas de estas enfermedades, pero se ha mostrado totalmente ineficaz en la curación y sanación de esas mismas patologías. Enfermedades como la esquizofrenia sigue siendo la gran asignatura pendiente de la psiquiatría, y el tratamiento químico ayuda a estabilizar al paciente, pero no cura la enfermedad.

Estas reflexiones que hacemos aquí tienen dos intenciones principales; la primera de ellas la de comprender que el inicio del proceso es erróneo, al no contar con el hecho de que la mente no proviene del cerebro, sino que es un instrumento psíquico de la conciencia. Y precisamente esta última es “la gran desconocida de la ciencia”. ¿De dónde procede? ¿Un conglomerado de materia y átomos como es el órgano cerebral puede ser capaz de originar la conciencia? Este algo inmaterial, indefinido, que trasciende el propio cerebro, que tiene su propio archivo en el inconsciente y que puede dirigir nuestra vida y nuestros procesos y decisiones sin necesidad de recurrir al pensamiento ni la emoción -subconsciente-. ¿Qué es?: ¡NO LO SABEN¡

Es el gran interrogante de la ciencia para este siglo XXI. Creen que haciendo simulaciones que les permitan comprender el funcionamiento de los 100.000 MM de neuronas que componen nuestro cerebro lograrán comprender la conciencia. Y VUELVEN A EQUIVOCARSE. Con super-computadoras que aumenten mil veces la capacidad de velocidad y de memoria que actualmente se posee, el proyecto HUMAN BRAIN PROJECT (con una inversión de más de 1500 MM de euros) pretende conseguir en el año 2023 estas simulaciones que nos ayuden a comprender mejor el funcionamiento de nuestro cerebro.

Creen que este siglo (que se ha denominado ya como el siglo del cerebro) entendiendo el cerebro comprenderán la mente y con ello estarán más cerca de la comprensión de la conciencia. Realizan el camino a la inversa.

Ni la conciencia ni la mente son productos de cerebro. La mente se desarrolla con la evolución del ser humano porque la conciencia -de la cual forma parte- también se amplía en la misma medida que el hombre progresa y evoluciona. Es la conciencia la clave de todo, porque la conciencia somos nosotros mismos, es el alma, el espíritu inmortal que guarda celosamente en su inconsciente todo el acervo, recuerdos, conocimientos y experiencias de miles de años.

Si a esto le unimos la herencia genética, que el proceso evolutivo vuelca en los genes del individuo desde la formación del feto y que le condiciona de una u otra forma en las taras biológicas que deberá llevar en la vida, entenderemos mejor la propensión de unos individuos y no otros -con la misma herencia genética como los gemelos univitelinos que proceden de la misma célula- a contraer determinadas enfermedades y no otras.

Pero aquí falta un tercer elemento que la ciencia desconoce y por ello no acierta en sus diagnósticos y curación de determinadas enfermedades mentales. Ese elemento es precisamente el “periespíritu”; un cuerpo intermedio, semimaterial, que es el modelo organizador biológico del feto en desarrollo, en el que interacciona con la psique de la madre a nivel molecular, y que ya trae, desde el inicio de la reencarnación del ser humano, las matrices kármicas que condicionarán la salud y la propensión de la persona a una u otra patología en función de sus deudas del pasado, los retos que deba enfrentar o las taras que adquirió por errores cometidos anteriormente.

Esto último es claramente definido en el caso de los suicidas, cuyo periespíritu queda mermado, destrozado, desconfigurado, al quitarse la vida de forma violenta y de repente, sin dar tiempo a que las energías que lo unen a la materia se desliguen ordenadamente para que el espíritu se libere sin traumas y acceda al plano espiritual. En estos casos, siempre el periespíritu ha de reconstruirse, pero lleva tiempo en conseguirse, y con frecuencia, en casi todos los casos deben acceder a reencarnar con esta tara que condicionará enfermedades y patologías graves ya desde el momento de la formación del feto.

La comprensión de la trilogía de la personalidad del ser humano: espíritu (principio inteligente, sin forma, sin sexo, energía pura creado por Dios), el periespíritu (dónde se desarrollan los procesos anímicos, psíquicos, espirituales, mediúmnicos, modelo organizador biológico, etc..) y el cuerpo biológico (maquina perfecta de más de 3 Trillones de células dirigida por :¿el cerebro o la conciencia?) Veamos que pensaba el mayor científico del siglo XX, Albert Einstein:

“El hombre es un conjunto electrónico regido por la conciencia”

Al hablar de conjunto electrónico se refería precisamente a la energía de la que están constituidos todos los átomos de nuestro cuerpo biológico. Y aquí podemos añadir así los que forman la energía más sutil del periespíritu y del espíritu (autentica energía pura).

Así pues, mientras la ciencia no aborde el problema del origen de la mente desde el punto de vista de la conciencia como algo separado del cerebro, el avance será limitado, nunca absoluto, pues se podrán comprender funciones, conexiones, simulaciones, pero el origen de todo seguirá siendo el espíritu inmortal, milenario, que anima cuerpos en distintas existencias, que moldea mentes a través de la conciencia, que modifica la estructura cerebral a través de los pensamientos y emociones que le son propias, y cuyo origen se encuentra en la mente dirigida por el propio espíritu (principio inteligente del universo).

Estamos seguros que el gran avance llegará por esta vía, y aquellos científicos que ya han vislumbrado el error de planteamiento, que viene desde el racionalismo de XIX que consideraba al hombre como una máquina, si son valientes, intentarán enfocar sus investigaciones bajo esta nueva perspectiva. No debemos olvidar que también aquí ya han existido científicos pioneros que han marcado el rumbo a seguir; por citar algunos comencemos con Jung, Maslow, Frankl, Elisabeth klubber Ross, Raymond Moody Jr., Stan Groff, Eben Alexander, etc.. (Psiquiatras, psicólogos, médicos, neurólogos y neurocirujanos especialistas en el cerebro y la mente)

Estos pioneros quedarán en la historia de la ciencia del siglo XX como los primeros que se atrevieron con la ruta acertada. Estamos seguros que en un corto espacio de tiempo, otros muchos que están ya trabajando seguirán esta vía que les llevará a la comprensión definitiva de la trilogía de la personalidad humana, entendiendo mejor la conciencia al vislumbrarla en su enfoque trascendente e inmortal como auténtico motor y guía de la conducta humana, y por ende como objetivo principal de las disfunciones y enfermedades de origen mental y psicológico. Complementando el aspecto moral; y respecto a la libertad e importancia de la conciencia como la brújula certera del ser humano -en su ética de comportamiento-, nos despedimos con una frase del gran político y filósofo de la Roma del siglo I a.C.:

“Mi conciencia tiene para mí más peso que la opinión de todo el mundo”

Marco Tulio Cicerón

Antonio Lledó Flor

©2017, Amor paz y caridad

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