Leyes Universales

DESTINOS Y PRUEBAS 2

Sin entrar a analizar ciertos destinos de vidas fáciles o difíciles, que son pruebas de superación para el espíritu, y que analizaremos más adelante, podemos afirmar que por difícil que sea una vida, por desventurado que un destino sea, puede ser modificado y superado. Para ello, necesario es una firme determinación y poner en acción los recursos internos que en todo individuo existen en proporción a las vicisitudes que le corresponda vivir.

Por carencia de una educación psicológica, la generalidad de las personas adoptan la actitud desacertada de inconformidad y aún rebeldía ante las vicisitudes adversas, desperdiciando así la oportunidad de desarrollar las facultades mentales, desarrollo indispensable en el proceso evolutivo.

Por ello, ante las circunstancias o vicisitudes adversas, ante un destino difícil, pongamos en acción nuestras fuerzas internas. Nada ni nadie puede vencer a quien esté firmemente determinado a triunfar en su propósito y a hacer el esfuerzo necesario.

No obstante lo expuesto, hay vidas dolorosas y otras, como si la fatalidad se cebara en ellas. Son el reajuste consecuencial de actuaciones efectuadas en sus vidas pasadas, reajuste kármico para limpiar las impurezas de las que esas almas se han impregnado por hechos abominables.

¿Qué son esas vidas humanas de tarados ya desde la infancia y otras vidas dolorosas en diverso modo, como las enfermedades incurables, pérdida de fortuna, pérdida de seres queridos a destiempo, las llamadas desgracias personales inesperadas, etc., etc., sino fatalismos consecuenciales? (Sugerimos el estudio de la obra psicografiada: “Sembrando y Recogiendo’ de Ramatis.)

Con excepción de los casos kármicos graves como los de imbecilidad, idiotez, parálisis, mongolismo, etc.; los destinos, por adversos que sean, pueden ser modificados. Y aun estos pueden ser modificados, según está siendo ya demostrado en algunos centros de rehabilitación, pero los más de los casos pueden ser modificados con el esfuerzo del mismo afectado.

Sea cual fuere, y por difícil que sea nuestro destino, no debemos lamentarnos. Cada lamento debilita las energías mentales, y conduce al desaliento y estados depresivos del ánimo, con el consiguiente perjuicio. Más aún, por ley de vibración y ley de afinidad, se atraen fuerzas depresivas e impiden la ayuda de los seres espirituales superiores que colaboran en nuestro progreso.

Cualquiera de nosotros que esté pasando por vicisitudes adversas o dolorosas, Jamás deberíamos de adoptar la actitud de rebeldía y sí recurrir a lo Alto, al Cristo Jesús que es Amor, Sabiduría y Poder. Pidamos con fe y humildad: luz y fortaleza para ver con claridad la solución y recibir la energía necesaria para superarla.

Si nuestro destino actual es placentero, agradecer al eterno Amor, y con nuestra conducta, hacer méritos para continuar mereciendo esa condición venturosa.

Pero si nuestro destino es doloroso, no nos rebelemos; esforcémonos en modificar esa condición, mediante una conducta de bondad y una actitud mental de fortaleza, fortaleza que está en nuestra Mente, en nosotros mismos.

Pues, es ley de Vida, que todos tenemos los recursos internos para superar toda situación por adversa que sea.

Al pedir a lo Alto, Luz y Fortaleza, estaremos atrayendo vibraciones sutiles que despertarán esos recursos internos, esas energías que, puestas en acción, nos harán invencibles.

Es ley de Vida que, en el largo camino de la evolución, el Espíritu ha de pasar por múltiples pruebas y experiencias para desarrollar las facultades recibidas, potencialmente, dé la Divinidad Creadora Cósmica; comenzando en los mundos nuevos, propicios para espíritus nuevos en donde, en las vidas salvajes, adquieren sus primeras experiencias en vidas humanas dolorosas, continuando en mundos más adelantados a medida de su progreso. Y en la clasificación planetaria, nuestro planeta o mundo ha venido siendo de expiación y prueba para espíritus necesitados de experiencias, y cuyas almas están aún cargadas de impurezas que van siendo filtradas a traves de la carne, en vidas de expiación y dolor.

Si bien las vicisitudes felices y dolorosas de la vida humana, son necesarias para el fortalecimiento y progreso del Espíritu, como factores evolutivos, su origen está en el deseo de progreso que el Ser espiritual siente antes de encarnar, con el objeto de reajustar el equilibrio violentado en sus actuaciones contrarias a las leyes de la Vida, en el devenir de sus vidas humanas.

Diversas son las experiencias y pruebas que hemos de pasar. Pero, tres son las principales, las cuales el Espíritu necesita superar para su desarrollo y evolución: la de la pobreza, de la riqueza y de la autoridad, en sus diversos aspectos; para poder alcanzar la sabiduría, la fortaleza, el amor y la pureza.

Destinos y pruebas 2 por:  Sebastián de Arauco

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