Trabajo Interior

EL MIEDO, ESE GRAN ENEMIGO

La etimología de la palabra miedo proviene del latín metus (miedo). Se trata de una alteración del ánimo o emoción que produce angustia ante un peligro o un ocasional perjuicio, que puede ser real o figurado.

Se trata de una emoción, y como todas ellas, la encontramos a nivel orgánico en la amígdala cerebral, que es el principal núcleo de control de las emociones y sentimientos, y que controla asimismo las respuestas de satisfacción o miedo. Su principal función es integrar las emociones con los patrones de respuesta correspondientes a estas.

El miedo en sí mismo es positivo, nos ayuda a alejarnos de los peligros o de aquello que no podemos dominar o controlar, o también de un suceso para el cual todavía no estamos preparados. Además, cumple un papel fundamental: la supervivencia.

Todos lo hemos sentido. En más de una ocasión hemos sufrido esa perturbación de nuestro ánimo que nos altera. Sea el peligro real o imaginario, este nos obliga a parar; en ocasiones nos hace desistir de lo que estamos o queremos  realizar; también nos puede hacer retroceder cuando debemos y tenemos que afirmarnos en nuestros principios y realidad.

El miedo tiene varias vertientes, y entre ellas están:

Biológico: constituye un mecanismo de supervivencia y de defensa. Es una de las primeras emociones que se sienten, colaborando así con la supervivencia de la especie.

 Psicológico: es un estado emocional, necesario para la correcta adaptación del organismo al medio. Reside en evitar un daño personal que lesione la autoestima.

Social y Cultural: el miedo puede formar parte del carácter de la persona. Se relaciona de manera compleja con otros sentimientos (miedo al miedo, miedo al amor, miedo a la muerte, miedo al ridículo) y guarda estrecha relación con los distintos elementos de la cultura.

El miedo puede llegar a ser un enemigo malsano que nos puede debilitar, si dejamos que esté continuamente presente en nuestra vida. Existen casos de personas para las cuales el miedo que experimentan es tan fuerte que las incapacita para hacer muchísimas cosas, y miran con envidia cómo otros consiguen hacerlas. Por lo tanto, tenemos que controlarlo con naturalidad, usando la razón y la lógica.

En muchas ocasiones nos deja encerrados en una zona de confort, de la cual no queremos salir por la inseguridad que nos provoca lo exterior. En este tipo de casos, el miedo no es un mecanismo de defensa, sino un impedimento para vivir plenamente.

Nos encontramos en una sociedad intrínsecamente materialista donde nos mueve más el tener que el ser, lo que nos vuelve más frágiles, ya que el luchar por tener, sin importarnos adquirir unos principios que nos hagan fuertes ante tanto vaivén, nos vuelve emocionalmente débiles como individuos y ante la sociedad, que termina superándonos. Porque cada vez nos volvemos más quebradizos, no queriendo coger ni responsabilidades ni obligaciones que nos aten por largo tiempo.

El exceso de tecnología nos vuelve insolidarios, nos hace más individualistas. El egoísmo se va apoderando de la sociedad, lo que consigue que vaya perdiendo la esencia de lo que supone vivir en ella, que no es otra cosa que preocuparnos por el prójimo, ayudándolo en lo que podamos.

Por lo tanto, el miedo puede sobrevenirnos por nuestra inseguridad, por las dudas que nos surgen ante el futuro lleno de obstáculos y pruebas por las que tenemos que pasar a lo largo de la vida. La falta de fe en Dios nos hace creer que el futuro caduca con la muerte. Por eso tanta gente le tiene miedo a la muerte, porque ignora la realidad espiritual; qué hay detrás de ella,  y se queda con la inclinación material de lo que vive.

La ansiedad, la angustia, el miedo, suelen aparecer cuando no existe coherencia entre lo que se piensa y como se actúa. Cuando en nuestra vida solo cabe el mundo material y nos apartamos de todo lo que nos pueda acercar a nobles aspiraciones espirituales, ante acontecimientos de sufrimiento y dolor (como puede ser problemas económicos, enfermedades, disputas familiares…), nos pueden surgir desequilibrios, pues la falta de fe nos puede posicionar ante pensamientos negativos que nos producen zozobra, pues no nos da respuesta al por qué tenemos que pasar por esas situaciones amargas que nada aportan.

También, hoy, la sociedad está estructurada de forma que el individuo importa poco. Son las grandes corporaciones o lobbies económicos los que mandan en el mundo. Algunos gobiernos, mirando más por sus intereses y esquivando las responsabilidades ante los ciudadanos, provocan guerras, miseria, pobreza, hambre, lo que obliga a sus pobladores a tener que migrar como única puerta a la esperanza; es el miedo que moviliza al ser humano ante unas perspectivas tan aciagas. Ante tanto acontecimiento negativo que existe hoy en día, no debemos dejarnos dominar por la ansiedad, no tenemos que consentir que el miedo nos detenga y que la angustia nos oprima.

En la parábola de los talentos encontramos un claro ejemplo de cómo el miedo puede afectar a nuestras vidas. Un señor repartió sus bienes entre sus siervos; mientras que al primer siervo le dio 5 talentos, al segundo dio 2 talentos y al tercero le dio únicamente un talento, quien, ante el temor de fracasar, lo enterró sin dar opción a multiplicarlo, ya que consideró que no tenía las actitudes necesarias para poder cumplir con lo esperado y tuvo miedo a actuar, a trabajar, a servir, a fallar, a hacer amigos, a tener familia…

Todos tenemos talentos, sean cuales fueran, conseguidos por nuestros méritos a lo largo de nuestras encarnaciones; por eso es importante no tener miedo a la hora de actuar por las consecuencias que se puedan obtener, porque en muchas ocasiones son en situaciones ásperas o de tensión donde aparecen capacidades desconocidas guardadas en la profundidad del ser, que solo sacamos cuando algún acontecimiento nos apremia.

Nuestra felicidad y bienestar depende de las decisiones que tomamos en nuestra vida y de cómo interpretamos lo que ocurre. Tenemos que entender que cada paso que damos supone  experiencias nuevas, que pueden ser positivas o negativas, y ambas nos van a ayudar a continuar hacia adelante por el camino del progreso. No titubeemos ante la elección tomada, pues será la que nosotros decidamos; y de ese modo, viviéndolas, vamos escribiendo el camino que queremos recorrer. Siempre de todo lo que elegimos vamos a aprender algo. Hay que dar ese paso adelante sin que aparezca el miedo a cometer errores, pues estamos en un mundo de enseñanza, y es en esos aciertos o equivocaciones donde vamos a encontrar las verdaderas lecciones. El miedo nos ayuda a regular cómo de grandes deben ser nuestros pasos en cada momento… es una especie de guía prudente.

Todo lo que conseguimos y tenemos es gracias a la Providencia Divina que, conociéndonos, nos da lo que más necesitamos para nuestro recorrido espiritual. Ya que la reencarnación es un procedimiento para que el espíritu aprenda, actúe, se eduque, y cuando se equivoca reparar su acción negativa, si no queremos aprovechar la oportunidad que nos dan dejándonos llevar por la pereza, la mala voluntad, la dejadez… escudándonos en el miedo,  tendremos que  expiar las oportunidades desaprovechadas en futuras reencarnaciones.

El miedo es el gran enemigo al que debemos enfrentarnos cuando no está justificado. Tenemos que razonar cuáles son los motivos que hacen que se manifieste en nosotros. Además, no debemos ni negarlo ni ignorarlo, sino reconocerlo y aceptarlo; esta es la mejor forma de luchar contra él, haciendo lo que tenemos que hacer aunque sintamos el miedo en nuestro fuero interno, pero no dejando que sea él quien actúe, sino dominando su impulso.

La fe en que el Padre nos reconfortará, y también el saber que siempre tendremos hermanos espirituales a nuestro lado, que nos asistirán si les pedimos ayuda de corazón. Son ellos los que nos inspiran, sostienen y fortalecen ante los infortunios, sufrimientos e incertidumbres de la vida. Confiemos pero desde el esfuerzo, la fe y el coraje, puesto que todo pasa, y la vida está repleta de sabias lecciones que nos ayudan a crecer y madurar en dirección al infinito.

“Donde hay caridad y sabiduría, no hay miedo ni ignorancia”. Francisco de Asís. El miedo, ese gran enemigo

 

El miedo, ese gran enemigo por: Gloria Quel

© Amor, Paz y Caridad, 2018

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