Son muy duros los caminos
para quien quiere elevarse;
como querer cortar rosas
y pretender no pincharse.
El ser vive prisionero
de los placeres del mundo
y que, según pasa el tiempo,
se van convirtiendo en humo.
Cuando el alma está encarnada
no consigue comprender
que, cuando deja esta vida,
hay otra vida después.
Y que el destino del hombre
no es vivir en la quimera:
al mundo vino a limpiar
las faltas que el alma yerra.
Borrar las deudas del alma
es sufrir y padecer;
hay que quitar todo el lodo
del alma y cuerpo a la vez.
Hay sin dudar otro mundo:
Se nos depara glorioso,
que aunque aún esté lejano,
el final será gozoso.
No importa que sangre el alma,
que al acabarse su ciclo
el espíritu inmortal
pueda sin duda alcanzar
de la Angelitud, la Palma.
Camino duro por: Mª Luisa Escrich (Guardamar, mayo de 2018.)






