EL DESPERTAR

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El despertar

REFLEXIONES DESDE EL OTRO LADO (*)

Sirvan estas primeras impresiones para agradecer profundamente la oportunidad que se me brinda de explicar, revisar y reflexionar sobre algunos aspectos de mi vida en la tierra que tienen una trascendencia espiritual fundamental para mi persona y que, sin duda, pueden servir de ejemplo a otros muchos que aquí puedan leerlos e identificarse con ellos.

Como es evidente, el único ánimo que me mueve al realizar esta revisión de experiencias es encuadrarlas en las lecciones espirituales que me brindaron para seguir progresando y evolucionando; cambiando mi interior hacia mejor, y encontrando un camino de redención que es tan necesario a la mayoría de las personas que de una u otra forma encarnamos en la tierra.

Ahora, desde la lucidez que se me brinda en este otro plano de vida, el análisis de las situaciones y de las circunstancias vividas adquiere otra dimensión más profunda; puedo valorar las cosas de forma que con materia me era imposible realizarlo. Los múltiples aspectos de mi visión sobre las cosas que ahora tengo, me avalan para entender la realidad de las causas que antes comprendía deficientemente y ahora entiendo con claridad y nitidez.

Tanto en los aspectos dichosos como en los infelices vividos en la tierra, y que recuerdo con nitidez, pues no hace mucho tiempo que traspasé el umbral de la vida física hacia la espiritual en la que ahora me encuentro; como digo, en muchos aspectos entiendo la repercusión de nuestras acciones, pensamientos e intenciones con una profundidad impensable de alcanzar en la tierra para mí.

Así pues esto es para mi como un despertar, pues el evaluar la revisión de los acontecimientos vividos en la tierra con esta lucidez; ha supuesto para mí un conocimiento de la realidad más profunda de mi propio ser, de mi propia conciencia; de la trayectoria inmortal que como espíritu vengo recorriendo desde que Dios me concedió la oportunidad de la vida mediante su creación.

A este despertar espiritual que todos tenemos al regresar a la patria verdadera del espíritu, se une otro muy distinto que también fue muy importante para mi y que supuso un rumbo de vida; un cambio que determinó mi futuro en la última existencia. Este otro despertar al que me refiero ocurrió cuando yo llevaba una vida acomodada en mi país, y de repente llegó a mi vida la información de una filosofía espiritual que aclaraba multitud de dudas que mi interior albergaba; dudas que, unidas a la propia juventud y a la búsqueda errónea de la felicidad en las pasiones materiales, cerraban mis sentidos espirituales a todo aquello que supusiera renuncia al propio egoísmo.

Este despertar de conciencia, fue acompañado por acontecimientos materiales graves; importantes; las pruebas se sucedían, las expiaciones llegaban a mi vida con virulencia; y ante tales circunstancias mi interior todavía no era lo suficientemente maduro para entender aquello que ocurría a mi alrededor.

Tanto es así que mis primeras reacciones fueron de escepticismo, rebeldía e incomprensión; a pesar de que de una u otra forma, el consuelo del conocimiento iba llegando a mi vida por uno y otro lado. Comencé a leer, a comprender cuestiones como la reencarnación, la ley de causa y efecto, la inmortalidad del espíritu.

Pero he de confesar que, en una primera etapa, tomaba estas cuestiones como una fuga, un sitio donde refugiarme y encontrar respuestas y soluciones a las aflicciones que en aquellos momentos cercaban y rodeaban mi vida por todas partes. Fallecimientos de seres queridos vinieron a agravar las circunstancias; mi condición emocional se deterioraba por momentos y no encontraba el consuelo necesario todavía.

Mientras me debatía en la lucha entre la incredulidad y la fe, del análisis de las nuevas ideas que llegaban a mi vida y enfrentando los feroces acontecimientos que me acosaban; descubrí con sorpresa que existían personas que abrazaban estas ideas con alegría, con renuncia, sobreponiéndose a sus propias dificultades. Esto fue para mi un rayo de luz, una esperanza, pues si otros eran capaces de superar estas situaciones, yo podría hacer lo mismo.

Al preguntar a alguna de estas personas cual era la fuerza que les motivaba para hacer frente a tamañas dificultades me contestaron: la creencia en la Justicia y el Amor de Dios. Según ellos nada ocurría por casualidad, todo tenía un sentido, esculpido en nuestro pasado. Los sufrimientos de hoy eran consecuencia de los errores cometidos en el ayer, y la dicha del mañana se forja con nuestros actos del presente.

Todo esto yo ya lo sabía, lo había leído, pero no lo había interiorizado, no lo había comprendido. Cuando pasé de saber a comprender fue el momento de mi despertar espiritual; y a partir de esta circunstancia mi concepción del mundo y de la vida experimentó un giro de ciento ochenta grados.

Este despertar espiritual fue lento; pero sólo el dolor, sólo el sufrimiento, fue capaz de espolear mi conciencia para abrir mi mente y desear profundamente aprender, comprender y vivir aquellas verdades y conceptos nuevos que llegaban a mi vida explicando como nadie la Justicia Divina, el porqué del sufrimiento y la realidad de la vida aquí en la tierra.

Mi mente y mi conciencia se abrieron desde ese momento a una nueva realidad que deseo compartir con todos aquellos que lean estas reflexiones. No sólo entendí la Justicia Divina, sino que a partir de ese momento la Vida tomó una dimensión tan profunda y clara que comencé a a agradecer a Dios por la oportunidad de saber, aprender y comprender.

Esta circunstancia que me liberó de la oscuridad de la mente material para abrir mi mente y mis sentidos espirituales, me planteó en poco tiempo la gran pregunta de qué quería hacer con mi vida, sabiendo a ciencia cierta que todos venimos a la tierra con una misión o compromiso a realizar.

La propia necesidad de progreso que yo detectaba en mi interior se convirtió en una impaciencia por aprender y trabajar, por crecer espiritualmente, por ayudar y ayudarme; a partir de ahí me propuse estudiar, aprender y modificar mi vida en el nuevo camino descubierto, para ir en búsqueda de mi felicidad interior y de una nueva realidad de la vida que comenzaba a percibir.

No obstante, este cambio, esta nueva realidad me iba a exigir algunas renuncias y sacrificios materiales que inicialmente no estaba muy por la labor de realizar.

Pero el compromiso espiritual que albergaba en mi interior, y que sin duda traía desde antes de encarnar, me impelía con fuerza inusitada a afrontar el reto; ahora ya sí, con el conocimiento necesario y preciso que anteriormente no tenía, y que ya sustentaba mi mente en razonamientos precisos, lúcidos y esclarecedores para sostenerme en el camino del cambio y la transformación moral.

Sobre esta fuerza interna, basada en el compromiso y en el conocimiento espiritual que iba adquiriendo, profundizaremos en la siguiente oportunidad.

Benet de Canfield

El despertar por: Psicografiado por Antonio Lledó Flor

© 2016, Amor Paz y Caridad

[Nota*] Serie de psicografías que iremos publicando mensualmente; en la que un espíritu amigo, desencarnado hace unos pocos años, comenta experiencias de vida en su última existencia, así como las reflexiones sobre las mismas una vez llegado al mundo espiritual. Para preservar el anonimato de su identidad, tal y como él mismo nos ha solicitado, usaremos él nombre que tuvo en una existencia anterior, hace ya varios siglos: Benet de Canfield

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