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EL CONOCIMIENTO ESPIRITUAL 2

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Búsqueda de la verdad 2

El conocimiento espiritual, abundando en este aspecto, ¿qué debemos conocer?:

-Que el conocimiento de la responsabilidad de nuestros actos, nos debe llevar a vigilar los pensamientos, sentimientos y deseos, que son fuerzas psíquicas que inducen a la acción; acción o acciones de las cuales somos responsables.

Cuando comprendamos que los sentimientos y pensamientos, buenos o malos, son fuerzas reales que presionan sobre la mente, para manifestarse, comprenderemos también la necesidad de aprender a controlarlos, ya que somos responsables de sus consecuencias. De aquí se deduce fácilmente que, los errores humanos son, casi siempre, el resultado de la ignorancia de las consecuencias.

-Que todos los pensamientos, sentimientos y deseos negativos, influyen grandemente sobre las glándulas de secreción interna, toda vez que producen desequilibrios en las mismas, que afectan la salud; además de manchar y densificar el alma con esas vibraciones negativas, de un psicomagnetismo morboso que enferman el alma y son causa de sufrimiento al pasar al Más Allá.

-Que el conocimiento del propio organismo humano (cuerpo físico) y el funcionamiento de los diversos órganos en relación con la salud, nos capacita para evitar cometer errores en la alimentación, en las relaciones sexuales, en la conducta afectiva, etc.

-Que el egoísmo es una enfermedad psíquica ignorada por el afectado, que ejerce presión sobre su mente y sobre su alma, insensibilizándola, endureciéndola; por lo que conduce a la infelicidad. Del egoísmo nacen sentimientos acaparadores y dominantes que perturban la buena armonía en las relaciones familiares y sociales, y amargan la vida del afectado.

-Que el temor debilita las energías mentales, mata el entusiasmo tan necesario en toda realización humana, paraliza las facultades intelectuales y volitivas, convirtiendo al individuo en un fracasado.

Y lo curioso es que, el temor no es una realidad en sí mismo, sino creación imaginaria del afectado que lo alimenta inconscientemente, pasiva e involuntariamente, por desconocimiento de sus propios recursos psíquicos y espirituales.

-Que la vanidad es un deseo de ostentación y apariencia de lo que no se es, una supervaloración de sí mismo; imperfección ésta que el mismo afectado desconoce, y que en ocasiones le lleva al ridículo. Mientras que la humildad (verdadera) es una superación, es una fuerza conquistada por el espíritu más evolucionado. Es el estado del individuo superado.

-Que la irritabilidad desarmoniza la mente y lleva al individuo a la pérdida del control de sus actos. Y cada acceso de ira, es un derroche de energías, es una descarga magnética que hace mucho daño al sistema nervioso y afecta a las glándulas de secreción interna, produciendo un desequilibrio funcional y secreción de hormonas tóxicas que afectan al hígado, bazo, corazón, etc.

-Que la lujuria o excesos sexuales, desgastan el sistema nervioso, debilitan la voluntad; lleva a la neurosis, a la anemia cerebral y a la vejez prematura. Demostrado está por la psicología estructural y el psicoanálisis, que el impulso sexual es una energía psicofisiológica que puede orientarse hacia una actividad mental, con los consiguientes beneficios.

-Que las malquerencias, rencores y odios, son pasiones destructoras de la tranquilidad y salud de quien alimente tales funestas pasiones; pues, amarga la vida, envenenan la sangre y enferman el cuerpo. A más de envenenar el alma del afectado que, al pasar a la otra vida, continua en ese deplorable estado psíquico. Y siendo así, ¿por qué algunas personas mantienen esas pasiones perturbadoras? Sencillamente, por ignorancia, por desconocimiento de las consecuencias destructoras.

-En cambio, el Amor, que es ley universal de armonía y felicidad, y que sin él, el egoísmo, envidia, odio, rencores, etc., amargan la vida; son bien pocos los que lo sienten y practican. ¿Por qué? Por desconocimiento, por ignorancia de sus ventajas, por su atraso evolutivo. El amor verdadero, que comienza con el deseo desinteresado de servir, de contribuir al bien y a la felicidad de los demás; no solamente atraerá la armonía cósmica, divina, a nuestra vida humana, sino que además, armonizará nuestra vida humana con nuestra vida espiritual superior. Y esa armonía se traducirá bien pronto en una inefable sensación de paz y felicidad…

El conocimiento espiritual 2 por: Sebastián de Arauco

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