Reencarnación

EL CASO DRAUSIO-MARÍA APARECIDA V

(Viene del número anterior)

TABLA DE RECUERDOS DEL PACIENTE

1. – A los cinco meses de edad, Drausio dio muestras de haber reconocido la bicicleta en la cual el Sr. Luis acostumbraba a llevar a María Aparecida a pasear, sentada en el sillín.

Estando abrazado al cuello de su padre, el niño inclinó el cuerpo en dirección a la bicicleta que se encontraba en la barbería. No siendo atendido, se puso a llorar. Se sosegó solamente después de que el Sr. Luis lo llevó hasta la bicicleta y lo colocó sobre el sillín.

En una barbería, hay un gran número de objetos que podrían recabar la atención de un niño. Están los espejos, las sillas rotatorias con los brazos niquelados, las lámparas, los aparadores con el instrumental, etc., algunos incluso más atractivos y más a la vista, que una simple bicicleta apoyadas en un canto cualquiera. Sin embargo, el niño de cinco meses dio muestras de conocer la bicicleta en la que el padre llevaba a María Aparecida a pasear sentada en el sillín.

2. – A los siete meses de edad, manifestó, en algunas ocasiones, una actividad elocutoria precoz.

En casos de niños que exhiben recuerdos reencarnatorios, se acostumbran a dar fenómenos de habla precoz. Aunque la palabra resulte de un reflejo condicionado del segundo sistema de señalización, y se instale después de completarse la formación de ciertas zonas cerebrales, se tienen señalados casos de gran precocidad en este sentido. Drausio manifestó, cuando era todavía muy pequeño, algunos instantes fugaces de actividad elocutoria. Tal vez este hecho se explique por el eventual afloramiento de recuerdo reencarnatorio, en aquellas ocasiones.

3. – Con un año y dos meses de edad, Drausio, entre diversos otros cajones, escogió correctamente el cajón de los utensilios preferido por María Aparecida cuando estaba en vida.

Después de dirigirse solito en dirección al cajón verdadero, el niño intentó abrirlo con la llave que el padre le diera. Después de eso, el niño mostró intensa satisfacción al poder jugar con dichos utensilios, tal como hacía su fallecida hermana.

4. -Drausio señaló inmediatamente a un bello aislador de cerámica, pegado al techo de la barbería, cuando el Sr. Luis le preguntó dónde estaba la “mariposa”.

María Aparecida aprendió a llamar “mariposa” a aquel soporte de llave eléctrica. Drausio nunca fue enseñado así con respecto a aquel objeto. Sin embargo, encontrándose en la barbería con el padre, se volvió hacia el techo y señaló hacia el aislador, cuando le fue preguntado dónde estaba la “mariposa”.

5. – Reconoció la antigua casa donde vivía María Aparecida.

Al pasar por enfrente de la antigua residencia de la familia del Sr. Luis, donde residió su fallecida hermanita, Drausio subió al primer escalón del pequeño portal lateral y, volviéndose, dijo: “Quiero entrar; yo viva en esta casa…”

6. – Al pasar por el lugar en que María Aparecida se accidentó, sintió dolor en la región donde aquella fue herida. El sufrimiento causado por el accidente, en María Aparecida, podría haberse quedado registrado en su espíritu y haber resurgido, como una especie de reflejo, al ver el lugar en que ocurriera el desastre.

Drausio, hasta el momento en que lo entrevistamos, todavía recordaba haber sentido un dolor en el abdomen, cuando pasó con su padre por el lugar del accidente. En la actualidad ya no presenta este reflejo.

Al cesar los recuerdos reencarnatorios, con el paso del tiempo, es natural que las reacciones de esa naturaleza cesen también.

7. – Recordaba haber sido María Aparecida.

En diversas oportunidades, Drausio, antes de los dos o tres años, declaró que él “era aquella niña”.

Esta revelación no ocurrió solamente la vez en que dijo a su tía Leda que había sido “aquella niña que está felizmente en el agujero y que vivía en aquella casa”.

En el episodio de la almohadilla, Drausio explicó a su tía que “había dormido así en la almohada, cuando fue aquella niña“.

En la cuestión de los alimentos preferidos, tía Leda cuenta que, cuando se le preguntaba por qué deseaba determinada cosa para comer, invariablemente decía: “Porque me gustaba eso, cuando era la niña que moraba en aquella casa”. Parece obvio que, hasta los tres años de edad, Drausio debía acordarse de haber sido María Aparecida, aunque debido a su poca edad, no mostrase extrañar tal hecho.

8. – Reconoció la guitarrita que pertenecía a su hermano Claudio, revelando que se acordaba que ésta había sido dada a éste por la tía María.

Además de mostrar familiaridad con los juguetes de María Aparecida, Drausio conocía detalles como éste acerca de la guitarrita de Claudio, diciendo: “¡Esa! Es la guitarrita que tia María dio a Claudio…”.

Esto demuestra que el interés de Drausio por los juguetes con los cuales su hermanita se divertía, no era debido al simple atractivo que generalmente tales objetos ejercen, indiferentemente, sobre los niños. Su interés parecía ser el resultado, también, del apego que María Aparecida hubiera tenido por los juguetes y por el placer por ellos proporcionado en la participación de sus juegos infantiles.

( continuará)

Hernani Guimaraes Andrade

Del libro “Reencarnación en Brasil”

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