EJEMPLO DE MADRE

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Continuación del artículo: Ser madre

EJEMPLO DE MADRE

Siguiendo con el tema del artículo del mes pasado, Ser madre, seguimos analizando la trascendencia que tienen en los hijos los sentimientos, pensamientos y actos de la madre.

Cuando se engendra un bebé se genera la materia con la que el espíritu se va a desenvolver en la Tierra, mientras que el espíritu (chispa divina) que va a dar vida a esa materia es creado por Dios. El hijo que llega a las manos de la madre se convierte en un compromiso para toda la existencia, y da la oportunidad de desarrollar en su interior una capacidad mayor de comprender, perdonar y amar. Si esa maternidad se lleva con dignidad y generosidad, será capaz de olvidar las situaciones negativas que pudieran surgir en el transcurso de la existencia y poner el amor siempre por delante.

El ser mamá no supone dejar a un lado el hecho de ser mujer; seguimos siéndolo, a pesar de las largas jornadas de trabajo fuera y dentro de casa, pues ya son mayoría las mamás que trabajan fuera del domicilio, teniendo que atender también las diferentes tareas que se presentan dentro del hogar.

Es importante ser conscientes de cuáles son las prioridades a la hora de repartir el tiempo entre el trabajo, la familia y para nosotras mismas, pues dedicarnos un poco de tiempo ayuda a desconectar, relajarnos y tener mejor ánimo; para eso, pequeños hobbies como la lectura, distraerse con una película, un baño, manualidades, nos favorecerá ese descanso… También el tiempo compartido con la familia como ir al cine, pequeños viajes, salir a comer… ayudará a fortalecer los lazos de unión entre los integrantes del núcleo familiar.

Toda esa labor que realiza la madre, ofreciendo ese ambiente sano y equilibrado que hace hogar, y la preocupación por que todos los miembros del núcleo familiar estén sanos y con todas sus necesidades cubiertas, crean dentro del hogar una armonía que ayuda a todos los integrantes de la familia a sentirse seguros y serenos. Esa estabilidad ayuda a profundizar en los lazos de amor que existen entre todos desde el pasado, ayudando incluso a aquel hijo cuya conducta no es del todo adecuada, ya que cada quien, por lo general, viene con tendencias completamente distintas a la de los padres, al igual que sus inclinaciones y gustos pueden ser opuestos por entero a los de ellos, creando en ocasiones fricciones que desestabilizan a la familia. Sin embargo, con calma y paciencia se puede conseguir minimizar los daños que puedan ocasionarse en algún momento puntual.

 “¡Madres! Abrazad pues al hijo que os causa tristeza, y decíos: Uno de nosotros dos es culpable. Mereced de goces divinos que Dios concede a la maternidad, enseñando a este niño que está en la tierra, para perfeccionarse, amar y bendecir”.

(El Evangelio según el Espiritismo, Cap.XIV- Pto 9)

El proceder para ser una buena madre tiene varias vertientes, como pueden ser la psicológica, la moral, la educativa… tenemos que procurar comprender a nuestros hijos, escuchando pacientemente lo que dicen; y que las respuestas a todas sus preguntas se realicen con sencillez y claridad, evitando situaciones ásperas en discusiones que no van a ninguna parte. Saber ser cariñosa y respetuosa con ellos, enseñándoles con el ejemplo cuál es la conducta que debe guiar su comportamiento.

Reflexionar sobre nuestra conducta como madres, y cuando seamos conscientes de haber cometido un error o falta, saber disculparnos o pedirles perdón. Este proceder será un ejemplo que les ayudará a tener mejor relación con los demás. Otra situación que debemos evitar es lastimar los sentimientos de los hijos, desde la delicadeza y el respeto, sin reírse de sus errores o recurrir al insulto y a la burla como medio de punición; o cuando el nivel de enfado sea tal que no habría equivalencia entre el castigo asignado y la falta cometida. Que sea la honestidad la que dirija los pasos y que todo lo que se diga y se haga sea su reflejo, enseñándoles que la integridad personal es fuente de felicidad.

Cuando la disposición sea de enfado o el malhumor aparezca, será conveniente moderar la reacción negativa que pueda sobrevenir, evitando situaciones incómodas ante los hijos, comprendiendo que ese es un buen momento para aprender a callar. Saber ver los errores de los hijos es importante, pues es la mejor manera de poder ayudarles, siempre desde el amor y el cariño; de la misma forma que también reconocer las cosas buenas que tienen permite apoyarles en todo lo que hacen. Y con el entendimiento que da el conocer a nuestros hijos, ayudarles a confiar en sí mismos; que piensen, sientan y actúen como ellos son y saber tratarlos con arreglo a su edad correspondiente, sin pedirles lo que no es acorde a su estado de madurez o circunstancias.

Saber darles los caprichos razonables, y poniendo límites a todos esos deseos que les harán daño y serían contraproducentes para el desarrollo material y espiritual del hijo; ya que el niño al que le permiten hacer todo lo que quiere se vuelve un déspota, un tirano para todos aquellos que le rodean.

Por otra parte, la maternidad también significa noches de insomnio e infinidad de preocupaciones, pues cada edad trae las suyas: cuidarlos en las enfermedades, tenderles la mano cuando se caen, abrazarlos y acompañarlos en momentos de sufrimiento, apoyarlos en los problemas y complicaciones por los que tengan que pasar… porque sabemos por experiencia propia que tropezamos mil veces con la misma piedra, sabiendo que esas derrotas que sufrirán los hijos serán las que forjarán su carácter, pasando por tormentas que les enseñaran a navegar en el mar embravecido de la vida, según vayan recorriendo el camino que se han marcado antes de encarnar, encarándose a obstáculos, vicisitudes  o pruebas que les fortalecerán en el futuro.

En el Libro de los Espíritus podemos leer en la pregunta 821: Las funciones a las que está destinada la mujer por la Naturaleza, ¿tienen tanta importancia como las reservadas al hombre?

–Sí, y mayores; ella es quien le da las primeras nociones de la vida.

Es en el hogar donde la mujer tiene una influencia significativa, y es la encargada de enseñar los valores morales y principios a sus vástagos, que aprenden observando su conducta y que les servirán de ejemplo para ir moldeando o formando su carácter, e ir eliminando hábitos negativos que les perjudicarán en el futuro; los educa, les enseña cómo relacionarse con su prójimo sin ningún tipo de trabas. La educación recibida les ayudará en las decisiones que tomen fuera de las paredes benefactoras del hogar.

«Enseñarás a volar, pero no volarán tu vuelo. Enseñarás a soñar, pero no soñarán tu sueño. Enseñarás a vivir, pero no vivirán tu vida. Sin embargo…, en cada vuelo, en cada vida, en cada sueño, perdurará siempre la huella del camino enseñado».

Madre Teresa de Calcuta

En muchas ocasiones, esos roces, altercados o animadversión que surgen con o entre los hijos, vienen del pasado, siendo reajustes emocionales de espíritus antipáticos de relaciones no resueltas en las diferentes encarnaciones ya vividas que aparecen en el presente, dentro del núcleo familiar, para poder resolverlos. A la vez que existen estas relaciones ásperas encontramos espíritus que traen esos sentimientos de amor, y en la relación familiar los fijan y los amplían. Por eso es necesaria por parte de los padres, y más concretamente de la madre, ser generosos en amor, vigilancia y sacrificio para llevar a buen puerto la convivencia familiar.

Los hijos son compromisos, pero también son bendiciones que llegan a nuestras vidas. Consiguen recuperar relaciones del pasado, ya que junto a los hijos se apagan los odios, se sublima el amor y se concilian las almas para el resto de la eternidad. Y es con la educación como se les prepara para adquirir las experiencias que tienen que vivir, siendo así mayor su aprendizaje.

Al mismo tiempo, es bueno que se respete a los hijos su libre albedrío, siempre con discernimiento; sabiendo educar con amor sin imponer nada, con flexibilidad. Sin tener el freno de la madre, podrán desarrollarse psicológicamente con normalidad y podrán asumir las responsabilidades que les puedan llegar en un futuro. Al no agrietar su personalidad imponiendo los criterios maternales, podrán penetrar con más facilidad en su autoconocimiento, necesario para su transformación moral. En el compromiso del amor surge el compañerismo, el diálogo sincero, la fidelidad, la indulgencia y el valor moral que necesitan los hijos en el largo proceso de la adquisición de los valores éticos, espirituales, intelectuales y sociales.

Por lo tanto, si se educa siempre pensando en los demás, el desarrollo interior de los hijos les llevarán a conseguir cualidades que les convertirá en buenas personas, con capacidad para cumplir con los compromisos traídos cuando encarnaron. Entender que la educación en la libertad les enseña que el deber de la responsabilidad nunca debe ser pospuesto, que los actos tienen sus consecuencias y estas pueden ser buenas o malas, y que aprender a discernir desde bien jóvenes entre lo que se debe hacer, lo que conviene hacer y lo que se va a realizar, enseñan hábitos saludables en los hijos para el futuro.

Ejemplo de madre por: Gloria Quel

©2019, Amor, Paz y Caridad

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