Editorial

EDITORIAL

VIDA EN PLENITUD

A menudo, aquellos estudiosos e interesados en la ciencia del espíritu y de la trascendencia del hombre después de la muerte debatimos sobre cómo se llega a esa cuarta dimensión; las diferentes condiciones en que uno se adentra en esa nueva vida espiritual en función de su nivel evolutivo y de adelanto moral.

La información que se nos ofrece a través de la mediumnidad de aquellos que nos han precedido hasta esa cuarta dimensión, o de muchos otros que no conocemos pero que nos traen evidencias y vivencias del otro lado, nos sirve para hacernos una idea, para tener la certeza de que esta vida en la tierra no es más que un reflejo de la vida en el espacio. Donde también allí, al igual que aquí, existen grupos sociales y familiares, ciudades, sociedades, instituciones de socorro y de auxilio, institutos de investigación y avances de la ciencia, etc. Cualquier estructura social, institución o colectivo que existe en la tierra, con anterioridad ha existido en el espacio. (*)


Existe abundante, amplísima y evidente información que a través de los siglos se nos ha legado sobre ese otro plano de vida; y esta información siempre ha llegado a la tierra de diversas formas, pero a través de personas de capacidades poco comunes para el tiempo en el que vivían; pongamos como ejemplo desde las sibilas de la antigua India y de la Grecia clásica, de los sacerdotes Egipcios, de los augures romanos, etc..

Más recientemente, una de las grandes obras de la literatura universal como La Divina Comedia de Dante Alighieri basa su argumento en el relato del ingreso en el plano espiritual, recorriendo el espíritu los distintos planos de vida que allí existen, y guiado al mismo tiempo por un protector que le sirve de amparo y de orientación en su camino hacia las regiones más elevadas. Desde el advenimiento del espiritismo, en el siglo XIX, la literatura mediúmnica es un exponente claro de todas estas informaciones que nos presentan la realidad de la vida en el espacio, donde todos llegamos al finalizar la jornada terrena. Tenemos pues información contrastada, explicativa, amplia y precisa.

No obstante, cuando vivimos en la tierra, sometidos a la inmersión de la materia, nuestro ser espiritual ve mermados todos sus sentidos y percepciones hasta grados realmente de mínimos. Apenas nos valemos de la inteligencia, de la intuición y de la inspiración para poder entender, comprender o presumir cómo es y cómo será la vida en ese otro plano, que en realidad constituye nuestro hábitat, pues la vida del espíritu es la auténtica, dónde más tiempo pasamos comprendiendo y estudiando nuestra realidad consciente como seres eternos en el camino del progreso.

Aquí es donde queremos focalizar nuestra reflexión de hoy; no es lo mismo vivir que conocer, experimentar que saber. Sabemos mucho sobre la cuarta dimensión, sobre cómo se llega y se vive en ella, pero con cuerpo físico nos es muy difícil acceder a esos planos de vida y experimentar las sensaciones e impresiones que nuestro espíritu libre de las ataduras del cuerpo físico puede sentir. Solamente a través del desdoblamiento cuando dormimos, o mediante la proyección astral, podemos salir a ese espacio y experimentar algunas vivencias que nos hacen comprender la amplitud de esa dimensión.

 No obstante, en el primer caso, apenas recordamos conscientemente la experiencia, pues despertamos del sueño con apenas algunas percepciones o impresiones muy débiles, así como los recuerdos que de ellas se derivan. Y en el segundo caso, cuando provocamos el desdoblamiento, a pesar de experimentar sensaciones agradables, estamos muy lejos, muy distantes de la plena consciencia que vive el ser espiritual cuando ya no tiene materia y se encuentra en ese plano de vida plena. E incluso, si se nos permite, cuando nuestra condición moral no es muy avanzada, esta proyección astral que provocamos para llegar a ese otro plano, no es nada recomendable, e incluso peligrosa, pues por afinidad y frecuencia mental y emocional, nuestra desordenada y perniciosa vibración nos llevará hacia planos afines a nuestros pensamientos y sentimientos, donde encontraremos seres de la misma condición, con intenciones nada nobles ni dichosas, corriendo riesgos innecesarios.

La vivencia del plano espiritual, es mejor alcanzarla con la propia elevación que nos acontece al reformar nuestro carácter y elevar nuestras condiciones morales; a mayor elevación, pensamientos, sentimientos y acciones nobles, nuestro espíritu alcanza la frecuencia vibratoria que le permitirá experimentar momentos de dicha inigualables al penetrar en ese otro mundo de Vida Plena; anticipando lo que será nuestro hábitat el día de mañana cuando retornemos a la patria espiritual de la que procedemos.

Y sin necesidad de provocar experiencia alguna, nuestros guías y protectores facilitarán la vivencia de una mayor consciencia de ese otro mundo, a pesar de los inconvenientes de la materia, de la pesadez de las vibraciones que encarcelan al espíritu. Estas experiencias no sólo fortificarán nuestra determinación en el compromiso adquirido y su ejecución en la tierra, sino que nos llenarán de dicha y de paz y felicidad interior al reafirmar nuestra condición de espíritus encarnados que se hallan en el camino correcto de su redención y progreso moral.

El acceso a ese plano de vida, guiados por los mentores que nos asisten, y en las debidas condiciones, expandirá nuestra consciencia hasta límites insospechados; alcanzando el conocimiento y la comprensión extraordinaria de la palabra VIDA en PLENITUD. Pues, liberados de los entorpecimientos materiales y en el camino del servicio y del amor al prójimo, aquellos que nos acompañen sabrán presentarnos las claridades y lucidez necesaria a nuestro entendimiento para seguir luchando al regresar a la materia. Bajo el amparo de vibraciones de amor y de alegría, nuestro ser inmortal se sentirá en ese plano de vida como si nunca deseara abandonarlo; reconociendo sus limitaciones en la tierra pero aceptando el compromiso del servicio y de la renuncia al regresar a sus obligaciones y tareas para consigo mismo y con la humanidad.

Fuente inenarrable de bondades, recibiremos desde ese plano de vida las impresiones necesarias y la ayuda de aquellas potencias espirituales que nos infundirán el ánimo y el coraje necesario para enfrentar todas las pruebas, por duras que sean, permitiéndonos una vida en la tierra plena; con plena consciencia de nuestra realidad inmortal y de la realidad que nos espera cuando volvamos con el deber cumplido al mundo del que procedemos.

A. Lledó


(*) “Como es arriba es abajo”

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