Enfocando la actualidad

DISCIPLINA Y AMOR

Dos excesos deben evitarse en la educación de la juventud; demasiada severidad, y demasiada dulzura

Platón (427 AC-347 AC) Filósofo griego

Sin duda ninguna, estos dos conceptos -disciplina y amor- son las bases de la educación humana desde el principio de los tiempos. Todas las culturas, sociedades e imperios que han transcurrido en la historia de la humanidad han procurado educar a sus generaciones bajo estas premisas, porque entendían que en ellas se encontraba el germen de la fortaleza por un lado y de la virtud y bondad por el otro.

Es desilusionante comprobar cómo, en una sociedad donde se supone haber alcanzado las mayores cotas de conocimiento y evolución tecnológica, la educación humana ha experimentado un retroceso tan notable desde las primeras etapas del niño. Ya no se educa para ser buena persona el día de mañana; ni tan siquiera para adquirir la preparación necesaria que permita desarrollar los recursos y la fortaleza del niño ante las pruebas de la vida.

En esta sociedad alienada y materializada hasta la náusea, lo importante, lo prioritario, lo único que parece que nuestros hijos deban tener es alcanzar posición social, dinero, fama o satisfacer sus deseos, maximizando la comodidad al máximo, exaltando su nivel de competitividad (que no de competencia) de lucha, ante todo y ante todos, aunque para ello deban saltar por encima de los derechos y libertades de los otros.

Esta visión realista, -que no catastrofista-, de lo que está ocurriendo en muchas sociedades del planeta no es más que el reflejo del predominio del egoísmo y el materialismo de una sociedad enferma y carente de aquellos valores que elevan al ser humano a su verdadero lugar.

Es tan pueril “confundir lo que somos con lo que tenemos” que esto nos lleva directamente al desastre social, como seres humanos obligados a convivir y compartir en sociedad. Esta patología social no es sólo actual, y sino se corrige a tiempo la heredarán las generaciones venideras; pues la educación es la base de las estructuras sociales del futuro, y si nuestros jóvenes están siendo educados en este ambiente -que desprecia los valores humanos- para concentrarse únicamente en la acumulación de bienes materiales, y en el triunfo del personalismo y el narcisismo, están sembrándose las bases de la desigualdad, el egoísmo, la violencia y el odio.

Se puede pensar que estamos exagerando; pero nada más lejos de la realidad; ya son muchas las voces que se levantan contra el sin sentido de educar de esta forma. Curiosamente muchos padres, víctimas de su propio egoísmo, creen que “ser padres” es “tener hijos”. Ambas premisas pueden ser enormemente contradictorias.

El egoísmo de muchos de ellos les lleva a entender, que la educación de los hijos apenas les corresponde, y que ha de ofrecerse en los colegios e institutos, cuando lo correcto es que la educación se lleve a cabo por los padres desde el mismo momento del embarazo; dejando a las instituciones la formación y las costumbres como base de su trabajo.

Una extravagante deriva de la psicología educativa, todavía predominante en algunos programas de formación, minusvalora la disciplina porque “exige esfuerzo”, y ningunea el amor paterno-filial al confundirlo con “el afecto” y no darle apenas la importancia que merece. Esta tendencia psicológica, heredada del pensamiento materialista y escéptico, apenas concede importancia a las cuestiones de orden moral (merecimiento, solidaridad, disciplina, empatía, generosidad,etc.) que han sido las bases de toda buena educación de los pueblos y de las sociedades a lo largo de la historia.

Conceptos como la ética, la virtud, el ejemplo, la moral, la honestidad, la justicia, la bondad, etc. son ninguneados a menudo por muchos de estos programas de formación; dando lugar a adoctrinamientos basados en el libertinaje, el individualismo, el egoísmo y el materialismo, donde “el fin justifica los medios”; y para estas tendencias educativas el fin y el éxito educativo se basa en “el triunfo material de la persona; la fama, el prestigio, la riqueza, la posición social, etc. “Se educa para destacar y diferenciarse de los demás, no para servir de ejemplo de valores y comportamiento humano”.

Por poner un ejemplo del mundo antiguo, hace ahora dos mil quinientos años la educación en la Grecia de Pericles tendría muchos valores que enseñar a la actual; tanto es así que el propio Sócrates se manifestaba así en sus diálogos con Alcibíades:

“Todas las ciudades, repúblicas y todos los poderes; si están privados de la virtud, su ruina es infalible. Y si gobernáis injustamente, y en lugar de suspirar por la verdadera luz, os fijáis en lo que está sin Dios y lleno de tinieblas, no haréis, sin que pueda ser de otra manera, sino obras de tinieblas, porque no os conoceréis a vosotros mismos.”

No es más que un ejemplo de cómo la conducta humana se traslada a la conducta social, y por ello, la base de una educación sin valores morales, sin justicia, y sin la virtud necesaria de los gobernantes, conduce al desastre en todas las sociedades y los imperios que han transcurrido por la historia, por muy fuertes y poderosos que se crean así mismos.

La conducta humana tiene su base en la educación; de ahí que sea tan importante no sólo aprender conceptos sino adquirir actitudes y para ello, la mejor disciplina prepara mejor que ninguna otra cosa al individuo para los retos presentes y del porvenir.

En la mejor de las escuelas de inteligencia emocional ya se prioriza, por encima del coeficiente intelectual del alumno las habilidades emocionales; las capacidades de resistencia ante el deseo, la perseverancia, la disciplina emocional, etc. Este es un camino válido para no crear futuros ciudadanos desnortados por la frustración, al no poder enfrentar con fortaleza los reveses que la vida les presenta porque no han sido educados ni preparados para ello.

“La eterna lucha entre deseo y autocontrol refleja el carácter y permite determinar la probable trayectoria que el niño seguirá en su vida. Aquellos cuya disciplina les permite resistir al impulso (deseo) y refrenar sus emociones, serán más emprendedores y más capaces de afrontar las frustraciones de la vida.” Dr. Daniel Góleman

El valor disciplina -bien aplicada- es enorme, es un forjador del carácter que el niño llevará consigo toda su vida y que le ayudará sobremanera a salir airoso de las dificultades que se le presenten. Pero este valor está cojo sino es acompañado por el ejemplo del amor que todo padre debe brindar a sus hijos en todo momento. Es responsabilidad paterna de aquellos que se sienten padres y que no han buscado hijos únicamente para satisfacer sus propios egos.

El amor es sin duda la piedra angular de la educación, no sólo por el ejemplo que el hijo aprende de los padres, sino porque las cualidades que de él se desprenden: generosidad, honestidad, caridad, fraternidad, perdón, empatía, virtud, etc. son la base educacional más completa que podamos dar a nuestros hijos.

Y el amor sin valores morales no presenta contenido alguno, pues el hombre es un ser moral; con capacidad de distinguir el bien y el mal porque para ello tiene libre albedrío y es responsable de sus actos. Aquellos que creen poder prescindir de la moral se equivocan notablemente; pues aunque sean ateos, agnósticos o escépticos, es de suponer que querrán lo mejor para sus hijos, y una buena educación carente de sentido y disciplina moral es nefasta para el desarrollo psicológico, emocional y espiritual del ser humano.

Las leyes morales se encuentran en la conciencia del ser humano, por lo que nadie puede renunciar a ellas, ya que forman parte de su acervo y herencia biológico-psicológico-espiritual. Como decía el gran filósofo Imanuel Kant:

“Dos cosas merecen mi mayor admiración y respeto; el cielo estrellado que hay sobre mí y la ley moral que se encuentra en mi interior”

 Así pues, la educación en valores morales es la base del desarrollo equilibrado de la persona humana; y si priorizamos la misma en la disciplina y el amor, el éxito está asegurado no sólo para nuestros hijos, sino también para la sociedad de la que formamos parte ahora y las nuevas generaciones que vendrán.

Disciplina y amor por:  Antonio Lledó Flor

©2017, Amor, paz y caridad

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