Leyes Universales

DESTINOS Y PRUEBAS

La vida humana, es sólo una manifestación de la vida una del espíritu. Y este fundamento de verdad, debe ser grabado en la mente, para evitar las desviaciones a las que, como humanos, estamos expuestos.

Todos los aspectos de la vida, conocidos y desconocidos, existentes en nuestro mundo y en todos los mundos del universo, son manifestación de las chispas divinas, en sus diversos grados de evolución, para desarrollar las facultades latentes recibidas de la divinidad creadora.

Los diversos aspectos de la vida del ser humano, las vicisitudes placenteras o adversas y dolorosas que la vida humana ofrece, son necesarias para el desarrollo de las facultades mentales y anímicas, por medio de las cuales el espíritu va adquiriendo el conocimiento y experiencias imprescindibles, para alcanzar la fortaleza, la sabiduría, la pureza y el amor; con lo cual conquista la liberación de las reencarnaciones en los planos físicos comenzando primero por los mundos atrasados y su reintegración definitiva a la vida espiritual plena.

Sabido es que el proceso evolutivo se efectúa gradualmente. Y a medida del avance en ese proceso, por medio del propio esfuerzo en el desarrollo de las facultades de la mente y del alma, para lo cual de mucha ayuda es la adquisición del conocimiento espiritual verdadero; el ser va adquiriendo sabiduría. Y es aquí, cuando el espíritu adquiere una mayor libertad de manifestación. Pues la libertad o libre albedrío está en relación directa a la evolución del espíritu.

El vocablo “destino” es usado para denominar la clase de vida o vicisitudes en la vida de cada persona. Pero nosotros sabemos ya, y debemos dar a conocer, que dichas vicisitudes, la clase de vida de cada cual, es consecuencial de actuaciones dentro o fuera de la Ley en el pasado y aún en el presente. Nunca destino alguno, dichoso o desdichado, es fatalismo ciego, sino consecuencial, determinismo de causas. Y este determinismo no es, en modo alguno, contrario a la ley del libre albedrío, como algunas personas sostienen; sino que actúa en concomitancia con dicha ley.

Varios son los factores que pueden influir e influyen en la formación y realización del destino de la persona humana. A saber:

1- El grado de evolución del espíritu que anima la personalidad ya que, a mayor evolución mayor capacidad para dirigir su vida humana. Y esto incluye también las tendencias en sentido positivo del espíritu, así como las tendencias en sentido negativo de la psiquis.

2. – Sus deudas o acreencias acumuladas (karma) en el devenir de sus vidas pasadas.

3. – Ambiente de nacimiento, el cual incluye:
-Condición evolutiva, cultural y social de los padres.
-Educación en la infancia y la adolescencia.
-Ambiente social: costumbres, creencias, etc., que podremos denominar factores sociales históricos.
-Facilidades o dificultades para desarrollar sus potencialidades.

4. – Influencia astrológica en su nacimiento.

5. – Y por último, el programa que el mismo espíritu encarnante haya libremente confeccionado o aceptado antes de nacer a la vida física. Los espíritus de cierto grado evolutivo, consideran todos esos aspectos al confeccionar su destino o programa a realizar.

Si bien todo destino es consecuencial, como determinismo de causas, todo destino puede ser modificado (esto no significa cambiarlo), haciendo uso de las facultades de la mente; menos en los casos de idiotez y análogos.

Hay destinos difíciles. Cierto. Son los que el espíritu necesita para el desarrollo de sus facultades mentales y anímicas; a los que generalmente nos rebelamos como humanos, por desconocimiento de las causas y de su utilidad transcendente.

Hay destinos dolorosos. Cierto. Son los que el mismo espíritu solicita cuando su cuerpo astral está impregnado de magnetismo morboso, que le hace sufrir y no les permite ascender.

Cuando las circunstancias y vicisitudes de la vida son favorables, nos sentimos felices como humanos. Pero cuando son desfavorables, nos entristecemos y hasta llegamos a rebelarnos en diverso modo, por desconocer que las mismas nos corresponden y que son necesarias en el progreso evolutivo del ser espiritual, que es nuestra realidad.

Así como los momentos de dicha no debemos atribuirlos a la buena suerte, ya que son la cosecha placentera de una sana conducta en el pasado; así mismo, nuestras desdichas son efecto de nuestros errores, son de nuestra propia creación (siembra), ya del presente o bien del pasado.

Necesario es conocer que, los destinos o vidas humanas fáciles son de muy poco provecho y en las más de las veces, de perjuicio para el progreso del espíritu. Y siendo el progreso, el verdadero objeto de las vidas humanas, podemos considerar, que así debemos tomar las vidas difíciles y vicisitudes adversas como lecciones, como oportunidades para el desarrollo de las facultades mentales y anímicas, indispensables en el proceso evolutivo del espíritu.

Destinos y pruebas por:  Sebastián de Arauco

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