Editorial

DESTRUCCIÓN Y CRUELDAD

Si observamos la naturaleza, ¿No queda probado que las destrucciones son tan necesarias para sus planes como las creaciones? ¿Qué estas dos operaciones están ligadas y encadenadas tan íntimamente que le resulta imposible a una actuar sin la otra? ¿Qué nada nacería, ni nada se regeneraría sin destrucciones? La destrucción es, por tanto, una de las leyes de la naturaleza, igual que la creación.  Marqués De Sade (1795)

Esta explicación sobre la destrucción en la Naturaleza tiene como base la Ley de Destrucción que impera en todo el Universo. La vida a nivel macrocósmico y microcósmico no es más que cambio, transformación. Y es preciso que todo se modifique para renovar y mejorar.

Hoy, la biología nos confirma que nuestro cuerpo cambia constantemente; en sólo un segundo 30 MM de glóbulos rojos mueren y son sustituidos por otros; cada diez años nuestro cuerpo experimenta una total transformación celular y biológica que nos hace tener un cuerpo nuevo, más viejo, pero totalmente diferente. Nuestras neuronas cerebrales mueren y nacen, se transforman mediante la plasticidad cerebral, etc.

Si esto ocurre con el hombre y todas las especies, otro tanto acontece con el Universo físico y la naturaleza. Así pues, cuando hablamos de destrucción en realidad hablamos de transformación, de cambio a todos los niveles. Es el continuo de la vida, nada permanece, todo se renueva, la vida y la muerte son dos aspectos permanentes en todo lo que existe. Así pues, la destrucción es necesaria para la regeneración de los seres, pero al mismo tiempo, la Naturaleza también provee medios de conservación para que aquella no se produzca antes de tiempo.

Estoy convencido hace tiempo de que la perfección solo se produce accesoriamente…, pues la verdadera naturaleza de las cosas solo se revela en la destrucción.  Italo Calvino (1979)

Esta ley está pensada por Dios para permitir el progreso del ser humano, del principio inteligente que anima al hombre en su trayectoria evolutiva. El instinto de destrucción en el hombre es permanente, y a veces necesario en las primeras etapas evolutivas, mientras que la crueldad nunca es una necesidad, es lo peor de este mismo instinto llevado al extremo y que se origina por un escaso sentido moral.

“La crueldad es la virtud por excelencia de los mediocres, necesitan ejercitar la crueldad, ejercicio para el que no se necesita la más mínima inteligencia “

En los primordios de la etapa humana, el miedo, unido a este instinto de destrucción, puede convertir al hombre en un ser cruel y brutal. No obstante, los límites de llegar a este estado de embrutecimiento dependen, incluso en estos primeros estadios de evolución, del libre albedrío del espíritu. Tanto es así que, ante una situación idéntica, dos personas pueden actuar o responder de manera completamente diferente, lo que les marcará el camino posterior en su trayectoria evolutiva.

Hay espíritus que desde casi el principio de su proceso evolutivo como humanos se decantan por las decisiones acordes a las leyes de progreso y no agresión, con lo cual inician un camino recto y directo hacia su progreso espiritual, evitando así multitud de sufrimientos en sus vidas futuras, alcanzando de esa forma, mucho antes que otros, estados de conciencia superior, de elevación espiritual y felicidad. Todo gracias al esfuerzo que realizan por mejorarse y controlar sus instintos perniciosos, evitando los vicios y pasiones degradantes.

Sin embargo, una gran mayoría escoge el camino equivocado, la senda en la que nos introduce nuestra ignorancia que, alimentada por el egoísmo y el orgullo, nos ciega de tal forma que nos dejamos llevar por las emociones tóxicas como el odio, el rencor, la envidia o la soberbia. Todo esto enferma nuestra mente, nos hace tomar decisiones equivocadas que dañan a los demás, y ante esto la reparación es obligatoria mediante la ley de causa y efecto, que nos devuelve en forma de sufrimiento el daño que hacemos a los demás.

La crueldad de la mayoría de la gente es carencia de la imaginación, su brutalidad es ignorancia. – Kurt Tucholsky

Así pues, la ley de destrucción no es más que una forma de hablar de la ley de evolución, en aquella parte que tiene de transformación y cambio positivo, para mejorar la naturaleza, las especies y todo lo que existe. No es más que el impulso continuado, la fuerza imparable que el Creador imprime en su obra para que esta cada vez más se depure, se afine, se mejore y camine permanentemente a estadios más perfectos, física y espiritualmente.

Ya sabemos que la materia no es más que energía en distinta forma de agregación molecular. Y es precisamente esa energía que mueve todo, que todo lo organiza, lo modifica y transforma, lo que impele a este Universo físico y espiritual a continuar creciendo, mejorando, expandiéndose y engrandeciéndose. Para ello, son precisos los mecanismos de cambio y destrucción de lo viejo por lo nuevo, de lo obsoleto por lo actual. La permanencia no existe, es la “impermanencia” lo que acompaña al proceso evolutivo del ser humano y del universo que le rodea. La transitoriedad es evidente, estamos de paso, la vida es transitoria e incierta.

La primera clase de males es la que viene al hombre de estar sujeto a génesis y destrucción, o de poseer un cuerpo. – Maimónides.

Somos seres inmortales avanzando, transformándonos biológica, psicológica, espiritual y socialmente hacia estadios de progreso mayores y de una perfección mejor. Es por ello que nada está inmóvil, todo se encuentra en movimiento, desde los átomos que conforman la materia a nivel microscópico hasta las galaxias y constelaciones que albergan miles de millones de estrellas y planetas y que constantemente se expanden, nacen y mueren con el transcurso del tiempo.

Entre las leyes del progreso que condicionan al hombre como principio inteligente e inmortal, esta ley de destrucción o transformación es una de las principales, pues afecta igualmente a la capacidad biológica de reproducción y mantenimiento de la especie. Y cómo no, la propia naturaleza permite evaluar la efectividad de la ley, pues unas especies sirven a otras para alimentarse, con lo que se destruyen mutuamente.

Todo se engarza en la naturaleza con el propósito superior de permitir a la especie humana -cúspide de la creación divina- su progreso y evolución espiritual e inmortal. Nuestra conciencia guarda celosamente la trayectoria de lo que somos e hicimos, así como las leyes que el creador impregnó en ella para facilitarnos la impulsión constante, la necesidad permanente de progresar y cambiar hacia mejor.

Cuando enfrentamos la muerte física, también nuestros restos biológicos pasan a formar parte de ese mecanismo que usa nuestra materia para alimentar y nutrir a otros seres que se encuentran en su propio proceso de desarrollo, progreso y muerte. Pero lo que nunca muere es el alma, que se desprende del viejo traje que es el cuerpo, y como principio inteligente vive en la dimensión que le corresponde, procurando su progreso continuo mediante las transformaciones que ella misma va efectuando, hasta que llegue el momento de volver a la Tierra con otro cuerpo físico para seguir creciendo en inteligencia, moral y progreso espiritual.

 

Destrucción y crueldad por.  Redacción

2018 © Amor, paz y caridad

“El equilibrio en la reproducción y la utilización de los despojos del cuerpo por parte de la naturaleza después de la muerte, son procesos de esta ley que solo afectan a la materia y nunca al principio inteligente que es indestructible”

Allán Kardec – L.E. Cap. VI

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