Convivencia

CONVIVIR ES RESPETAR, TOLERAR, COMPRENDER

Siguiendo con las pautas que han de marcar nuestra actuación dentro de un grupo con inquietudes espirituales, examinamos ahora el significado de la tolerancia, el respeto y la comprensión.

Sin guardar como principios necesarios estos valores, es muy difícil que en el seno de un conjunto se puedan llevar a cabo las tareas, las iniciativas y las actividades que formen parte de los objetivos que se hayan establecido. Máxime, cuando uno de esos objetivos primordiales, ha de ser el de la convivencia, sin la cual, como ya mencionamos al enfocar esta sección, va a ser prácticamente imposible el que podamos relacionarnos debidamente y conseguir los compromisos asumidos “como miembros de un grupo” al encarnar en la tierra.

Tolerar es respetar las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias.Comprender es encontrar justificados o naturales los actos o sentimientos de otro. Y respetar es tener miramiento, guardar atención a los demás.

No son sólo palabras, son auténticos baluartes de la educación, de las buenas formas y de la conducta moral que siempre hemos de intentar que nos acompañen en cada actuación, en todo momento, a la hora de relacionarnos con nuestros semejantes. Para algunos pueden ser solo palabras, cuando no están dispuestos a ceder, a aceptar que otros pueden tener también buenas ideas, a asumir que nos podemos equivocar, y que las cosas son de todos y para todos, que nadie debe erigirse en líder absoluto de nada, ya que de ahí al fanatismo, a la intransigencia, a la soberbia, hay un solo paso.

Al contrario, lo más bonito del mundo es compartir, vivir una sana y limpia convivencia, sin imposiciones, sin mandatos, sin rodeos, sin doblez. Dejar opinar a todos y cada uno de los miembros del grupo, dejar que del análisis y de la experiencia de todos salga la luz y la mejor opción, demostrando con esa manera de proceder que todos son válidos, que no siempre nuestra idea u opinión es la mejor, y que lo importante es que sea cual sea la decisión que se tome, sea esta una decisión consensuada y aceptada por la mayoría.

Para llegar a esta practica de convivencia, y a compartir las cosas que atañen a todos, es preciso tener un dominio de nosotros mismos, y la humildad suficiente para aceptar ideas de los demás, aunque estas no coincidan con las nuestras,tolerar es respetar las ideas…. 

También es necesario que la caridad esté germinando ya en nuestro corazón, para poder llegar a comprender las expectativas de los demás y dejar que todos se sientan necesarios, útiles y componentes del grupo como el primero, sino es así, poco nos importarán las opiniones del conjunto, porque consideraremos las nuestras mejores. El egoísta y el orgulloso siempre quieren salirse con la suya y pretende convencernos de que su preparación es mayor y se ha de hacer lo que el dice porque es lo mejor. Esto es el polo opuesto a la humildad, y por consiguiente una gran traba para poder realizarnos dentro de un grupo, y que éste logre desarrollarse libre y sin los entorpecimientos propios de los defectos humanos, tan típicos, y que solo sirven para destruir e interrumpir los procesos evolutivos con eficacia.

Respetar es tener miramiento … Qué sucede cuando en un grupo van todos a una: que hay respeto y se tiene en cuenta la opinión de todos, y se le presta a cada uno la atención que merece, con la educación y el trato ajustado a la moral cristiana. Sucede que todo fluye mucho mejor, no hay enfrentamientos porque no hay rivalidad. No hay peleas, porque se discuten los problemas y las decisiones a través de un diálogo constructivo, con la mira puesta en el conjunto, sin que nadie pretenda llevar la razón. No hay malos entendidos porque se razonan los puntos de vista expuestos, anteponiendo la comprensión y el respeto hacia las personas por encima de otras cuestiones. No hay enfados, porque hay cariño.

¿Qué nos sucede cuando se nos trata con esa estima y consideración? Que nos venimos arriba, nos sentimos queridos, respetados, crece nuestra autoestima, nos embarga un estado de felicidad y de armonía, que por ley natural nos sentimos obligados a retribuirlo de la misma manera, esto es lo importante: el amor y el cariño nos dan la fuerza y el estímulo suficientes para sentirnos en la obligación de devolverlo con creces a ese mismo grupo y a toda la sociedad.

Cuando nos tratan mal, sucede lo contrario, nos embarga un sentimiento de menosprecio, de agravio, de ganas de arrojar la toalla, y en ocasiones se genera en nuestro interior un sentimiento de rencor o de malquerer, que nos conduce al estancamiento espiritual y a convertirnos en una rémora para el grupo, en un obstáculo en lugar de ser una ayuda.

Es en definitiva todo un ejercicio de convivencia pacífica, democrática, en armonía, y sobre todo procurando todos un control sobre sí mismos, evitando que los personalismos, la vanidad o el amor propio nos conduzcan a acciones, pensamientos y sentimientos que generen desarmonía, el mal ambiente y lo que es peor, la disensión en los grupos por cuestiones mínimas y sin transcendencia.

Comprender es encontrar una justificación… Esto es lo que nos hace falta en muchas ocasiones, “ponernos en el lugar de los demás” para poder entender porqué una persona obra de una forma determinada, y tiene sus opiniones al respecto de algo. Es entonces cuando partiendo de dicha comprensión, podemos hacer uso del sentido común, de la sensibilidad, e intentar llegar a un acuerdo mutuo, por la vía del amor y del entendimiento. Sin dicho amor, en la mayoría de las ocasiones es muy difícil converger y llevar a buen fin los criterios.

Sin embargo, cuando prima el amor, la comprensión, el respeto, la cordura y todos estas cualidades afines, es muy fácil y sencillo llegar a un acuerdo, porque entonces además se recibe una ayuda del plano espiritual que lima y allana las asperezas, haciendo que las personas se contagien de los buenos sentimientos, no dando lugar a las diferencias que parten principalmente del la falta de cariño y de amor entre compañeros.

Por el contrario la falta de estos valores tan fundamentales sólo genera rivalidad, rechazo, desapego, desilusión, desgana, apatía. Se llega a un estado de desarmonía que se discute por todo, y se deja la puerta abierta para que las entidades negativas del plano espiritual pongan el resto, implanten la bandera de guerra, los unos contra los otros, creando parcelas, sectarismo, rumores, desunión en una palabra. Y mientras tanto el trabajo sin hacer, la imagen por los suelos, y las mentes de todos generando desarmonías y desánimos que conducen sólo a la desaparición paulatina del grupo.

No dejemos que ocurra esto, trabajemos por nuestra reforma interior, no queda otra. Nos lo debemos a nosotros mismos, y al Maestro. Pensemos que en algo estamos fallando cuando las cosas no andan bien y se producen tan lamentables hechos y situaciones que van dando lugar a la confusión. No es culpa de la doctrina, es responsabilidad nuestra de todos y cada uno. Dejemos de ser un espectáculo para la parte invisible que juega con nosotros, y propiciemos la vibración positiva para que los protectores y los espíritus que desean ayudarnos puedan hacerlo.

La fuerza de un grupo debemos entender de una vez por todas que se basa en la fortaleza y en el buen ánimo que presida las relaciones de sus componentes. No se basa en lo mucho que sepamos de espiritismo, sino en la solidez que hayan adquirido como grupo, componente a componente, porque entre ellos se destila amor fraterno, solidaridad, entendimiento mutuo y auténtico compañerismo. Todos estos factores que sólo se pueden conseguir llevando a la práctica los conocimientos que nos enseña la doctrina, llevados a cabo individualmente, con el trabajo interno y responsable de cada uno, son los que hacen que el grupo perdure en el tiempo, y que no se dejen a un lado los verdaderos objetivos asumidos.

A su vez estos factores son los que hacen que se llegue a los demás, porque se transmite autenticidad, se transmite una vivencia que no la pueden transmitir los libros, ni las reuniones, se transmiten en el tú a tú, al dejar el corazón y tener empatía con los demás. Esa y no otra es la fuerza de un grupo, la que se trasmite por los poros de la piel al haber adquirido ya unos valores y haberlos sabido compenetrar en el conjunto.

Todo esto y mucho más se puede adquirir gracias al respeto, la tolerancia y la comprensión.

Fermín Hernández Hernández

© 2014 Amor paz y caridad

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