Psicografías

COMPROMISO “IN AETERNUM”

REFLEXIONES DESDE EL OTRO LADO (*)

Una de las reflexiones más transcendentes para mi alma, y creo que para la mayoría de aquellos que caminamos con algo de conciencia hacia el progreso de nuestro espíritu inmortal, es darnos cuenta del importante compromiso que hemos adquirido al poco tiempo de trascender la vida física y llegar al plano espiritual.

No es como consecuencia de traspasar el umbral de la vida que nos hacemos conscientes de esta realidad; pues ya en la tierra y con cuerpo físico tenemos alguna intuición del deber que hemos de cumplir en la vida.  Sin embargo, cuando tomamos conciencia plena de nuestro auténtico ser inmortal sin las barreras del cuerpo biológico, aceptamos y vislumbramos la realidad y la amplitud de aquello que hemos de cumplir.

Este compromiso que desde este plano espiritual se vislumbra nítido, expedito, claro y contundente, en la tierra no lo es tanto; pues las imperfecciones propias del espíritu y las tendencias instintivas de la materia que nos acercan al primitivismo, oscurecen sobremanera el entendimiento y la lucidez que nuestra mente debiera tener para caminar con paso firme y determinación hacia los objetivos espirituales planificados -por nosotros mismos- antes de encarnar.

De aquí se deduce la dificultad de cumplir al 100% el compromiso adquirido, no obstante, este es un handicap con el que ya contamos antes incluso de reencarnar. En mi caso fue exactamente como en el de otros muchos: no pude cumplir en su totalidad; no obstante ahora, puedo comprender que aquello que me quedó por hacer he de conquistarlo en una próxima oportunidad, comprobando así la grandeza y misericordia divinas que nos ofrece multitud de posibilidades para nuestra regeneración moral e iluminación interior.

Solamente -en contra de mí mismo- quedan las tareas por realizar como algo pendiente en mi débito moral, y por ende, mi determinación en este sentido es y será, en una próxima existencia la prioridad manifiesta de mi alma en cuanto a objetivos a alcanzar.

Sin duda ninguna, otra de las reflexiones a la que me induce el análisis de mi compromiso espiritual es el hecho de que tal deber es algo eterno, no es transitorio, no es coyuntural, no es parcial y tampoco arbitrario. Todo ello desde el instante en que mi conciencia se abrió al conocimiento y el entendimiento de mi ser inmortal; no en esta última existencia, sino hace ahora algunos cientos de años, en otras vidas anteriores. Como digo, desde ese preciso momento comprendí que el compromiso espiritual es el combustible que permite al espíritu no dejar de progresar, siempre en la conquista de nuevos retos, nuevos objetivos, nuevas realizaciones que nos ayuden en el camino del perfeccionamiento moral, de la plenitud y de la búsqueda de la felicidad.

Así pues, el compromiso que libremente adquirimos como espíritus conscientes de nuestra imperfecta realidad es ineludible para seguir progresando. Y en esta cuestión nunca estamos solos, pues por un lado recibimos consejos y auxilios espirituales que nos ayudan, tanto en el espacio como cuando estamos reencarnados en la tierra.

Y por otro lado hemos de comprender que, aunque somos de libre albedrío, nuestro compromiso espiritual va con frecuencia ligado a otros espíritus, a los que debemos reparación por nuestros errores del pasado; o gratitud, por la ayuda recibida por su parte, o fidelidad a una causa, o incluso relación familiar por el afecto que desde hace siglos nos profesamos, al formar parte de la misma familia espiritual. La doctrina de Allan Kardec nos explica con meridiana claridad que los espíritus se vinculan por el amor o por el odio.

En el primer caso, espíritus afines, familiares, amigos y pertenecientes a una misma escala espiritual, se vinculan, se comprometen y se relacionan, vida tras vida, en el espacio, etc.. para conseguir entre ellos seguir progresando; saldando y expiando deudas del pasado y conquistando mediante la práctica del bien y del amor mutuo, sendas de progreso e iluminación interior que les ayuden en su camino de ascensión hacia la plenitud.

Así se forman las “familias espirituales”; constituidas por lazos de afecto, de amor y de relación comprometida. En algunas ocasiones estos espíritus vienen juntos a la tierra enfrentando compromisos comunes; en otros casos unos quedan en el espacio y otros reencarnan, siendo estos últimos ayudados por los primeros a la hora de conseguir sus objetivos espirituales; y a la recíproca, suelen también invertirse los papeles en próximas vidas.

Sea como fuere, mi compromiso con algunos espíritus que reencarnaron junto a mí, era más que evidente; de unos recibía un amor incondicional, un amor inmenso que no puedo ahora valorar; pues lo seguí experimentando cuando, precediendome en su partida al plano espiritual, lo seguía sintiendo y viviendo con nitidez desde mi estado como encarnado. Era un amor sin medida que llegaba y me inundaba el alma. Es un sentimiento inexplicable con palabras pues no atiende a la razón sino al corazón; no se explica, se siente.

De otros espíritus que me acompañaron en la jornada terrena no podía esperar amor; sino que yo era el obligado a ofrecérselo, a auxiliarlos, a encaminarlos, a orientarlos. Yo era deudor, era el espíritu que había venido junto a ellos para su consolación y ayuda. Ahora debo confesar que, en algún caso lo conseguí, en otros no tanto; de ahí la aflicción que mi alma experimentó cuando, al retomar mi conciencia plena en el espacio, y una vez visualizados los méritos y errores de mi vida terrena, el compromiso adquirido con esos espíritus seguía invariable.

Ahora sé que esta es una tarea para mi futuro inmediato. Ya he comenzado a realizarla desde aquí; intentando ayudar en lo que me es posible, reparando el bien que dejé de hacerles y que todavía permanece en mi conciencia como una deuda mayor. Y si espiritualmente se me permite, seguiré ayudándoles, preparándome adecuadamente por si la misericordia divina me concediera de nuevo una oportunidad de reencarnar junto a ellos.

Así pues, mis estimados lectores, el compromiso de un espíritu es eterno, porque conlleva en los primeros estadios evolutivos la reparación de las faltas cometidas contra otros; mientras que conforme avanzamos, este compromiso se transforma en misiones generalizadas para con todo nuestro prójimo, sin especificación alguna.

Cuando nuestro espíritu alcanza la lucidez y la claridad que le otorga su evolución moral, el compromiso se convierte en una colaboración perfecta con la obra divina, una obra que es esencialmente amor. El amor que todos esos espíritus que han venido a la tierra dando ejemplo han practicado, un amor sin distinción de familias, afectos o enemistades; un amor total, incondicional, sin mácula; que fue y sigue siendo el compromiso principal de todos los grandes maestros espirituales que han servido de paradigma al progreso moral de la humanidad.

Un amor representado -por encima de todos ellos- por el incomprendido Maestro Galileo, que cambió el concepto del amor ampliándolo hacia todo y para todos, incluso nuestros enemigos. Este es el compromiso “in aeternum” (para siempre) que todo espíritu evolucionado abraza hasta llegar a la angelitud y la perfección.

Para alcanzar esto último, a mi alma, y a la de la gran mayoría de los que nos leen, nos restan todavía siglos de lucha, evolución y perfección moral en el bien y en el deber, asumiendo el cumplimiento de este compromiso con nuestro prójimo que emana directamente de Dios.

Benet de Canfield

Compromiso “In aeternum”: Psicografiado por Antonio Lledó

©2017, Amor, paz y caridad

[*] Serie de psicografías mensuales; en la que un espíritu amigo, desencarnado hace pocos años, comenta experiencias de vida de su última existencia; así como las reflexiones sobre las mismas una vez llegado al mundo espiritual. Para preservar el anonimato de su identidad, tal y como él mismo nos ha solicitado, usamos el nombre que tuvo en una existencia anterior, hace ya varios siglos.

 

 

 

 

 

(*) Para siempre.

 

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