CALLAR A TIEMPO

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Callar a tiempo

Callar a tiempo

De grandísima importancia para la armonía en el hogar y en la vida de relación, es el lenguaje: palabras y frases suaves, así como los ademanes. ¡Cuántos matrimonios fracasan ya desde el comienzo mismo, por una palabra hiriente o frases despectivas que hieren las almas sensibles, contribuyendo inconscientemente a ir apagando el amor conyugal, que debe mantenerse siempre para la felicidad en el hogar!

Algunas personas hay que, para demostrar su desagrado por algo, reaccionan con ademanes violentos, evidenciando con ello su baja condición, su ordinariez, que hieren profundamente las almas sensibles. Condición ésta que los padres pueden contribuir a evitar con una educación adecuada y buenos ejemplos a sus hijos, especialmente en la infancia, que es la edad de mayor receptividad.

Toda palabra dura u ofensiva produce un fuerte impacto en las almas sensibles. Y si esa palabra o frase es proferida por la persona amada, por el cónyuge o por alguno de los hijos ya mayores, el efecto es perturbador. Sólo las personas vulgares y ordinarias, pueden caer tan bajo como para proferir palabras duras o frases que puedan lastimar, o ademanes bruscos que le asemejan al bruto. Es de personas dignas y bien educadas no caer en esa degradación, ni echar en cara los defectos del cónyuge. Y si en un momento de ofuscación aconteciere (que debe evitarse por todos los medios), es de obligación manifestar su error y pedir disculpas y perdón por lo ocurrido, desoyendo la “voz” del orgullo que tratará de interponerse.

Deseo hacer hincapié en la necesidad de controlar la emotividad, poniendo en práctica el vocablo mágico: ¡CALMA! ¡CALMA! Necesario es evitar todo comienzo de discusión o disputa. Y si por el estado de ánimo de una de las partes, no hubiera posibilidad de diálogo en el momento, aplazar el objeto-motivo para otro momento más propicio. Sin menoscabo de la personalidad, el cónyuge más sensato y prudente, tomará la iniciativa en el ceder y callar; porque, quien sepa ceder a tiempo demostrará mayor sensatez y superioridad moral, superioridad que ejercerá siempre con amor. Dijo el Maestro: «Bienaventurados los mansos»…

Siendo la feminidad expresión de dulzura y delicadeza, por lógica corresponde a la mujer manifestar esos bellos atributos, tomando la iniciativa de ceder y callar, en los momentos que surja cualquier dificultad. Como sabemos, la ternura es más propia de la naturaleza femenina, con la que puede aminorar y hasta suavizar el temperamento agresivo del hombre. Por ello, la mujer que sabe ceder y sabe callar a tiempo, mantendrá la armonía en el hogar y conquistará el aprecio y respeto de su marido y demás miembros de la familia; y esa unión conyugal se fortalecerá más y más a medida que los años pasen. No me refiero a un callar pasivo, sino a un callar prudente. Y la mujer que no sabe callar y no sabe ceder, debe aprender a hacerlo, debe ejercitarse en esa práctica a fin de crear ese hábito maravilloso; pues, de lo contrario, su matrimonio puede naufragar, y ella sería la más perjudicada.

Además de lo expuesto, es necesario tener en cuenta que, tanto las palabras como los ademanes, así como los detalles de la vida familiar, se graban en la mente de los hijos, especialmente en la infancia, e influirán en su futuro. Los altercados entre cónyuges que no hay armonía, pueden producir traumas psíquicos en los hijos, en diversa intensidad. Y ampliando un poco este aspecto de los hijos, los padres jamás deberán contradecirse delante de ellos. Cualquier diferencia de opinión deberá analizarse a solas, en una modalidad razonada; pero, ambos deberán respetar las decisiones que una de las partes haya tomado en relación con los hijos. Si la madre indicó una tarea determinada, por ejemplo, el padre no deberá contradecirla o indicar lo contrario delante de ella, ni desautorizar a su consorte, porque produciría consecuencias perniciosas. Y lo mismo corresponde a la madre.

Callar a tiempo por: Sebastian de Arauco

Callar a tiempo es un apartado del artículo, El hogar de la familia de Sebastian de Arauco.

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