Trabajo Interior

ATENUAR LAS MALAS TENDENCIAS

Muchas veces pensamos en la sociedad que estamos creando entre todos, y resulta difícil no sustraerse de algunas de las tendencias que están surgiendo, y lo mal que lo van a tener las generaciones venideras si esto no cambia. El que todo vale o todo puede hacerse adormece la moral, permitiendo comportamientos perniciosos que se aceptan porque los argumentos de índole moral y sobretodo espiritual no interesan, estando en una sociedad profundamente materializada, lo que no se ve, o no se puede tocar, no tiene validez alguna.

La mayoría de las ocasiones los malos hábitos, que tienen su principio en el egoísmo y en el orgullo, empiezan a mostrarse desde que se es muy joven. Hablando un día con una maestra de infantil con muchos años de experiencia me decía, que ya desde la más tierna edad se ve el camino bueno o malo que van a tomar los niños cuando se hagan mayores, que se pueden corregir las tendencias perniciosas, sí, pero hay que tener mucha constancia y estar encima de ellos.

Por tanto, es responsabilidad de los padres observar, comprender y corregir los comportamientos negativos de sus hijos. La educación, aprender principios morales firmes que en su crecimiento vayan asimilando poco a poco. Los buenos ejemplos de los padres, sus valores puestos en práctica, les pueden proporcionar las herramientas necesarias para estimularles a ir eliminando sus tendencias negativas, contribuyendo a  fortalecer su carácter y ayudándoles a tomar las decisiones más convenientes en su progreso espiritual.

Paralelamente, en esta sociedad, el alcohol, las drogas y el sexo están al alcance de la mano de jóvenes y adolescentes, donde muchos hacen uso de ellos para evadirse de sus problemas, por la presión de su grupo social o simplemente como mera diversión. La aparente normalidad en su uso les lleva a  excesos sin saber el daño que se hacen a sí mismos y  a su círculo familiar.

No estamos diciendo que el descontrol en los jóvenes este generalizado, porque hay mucha juventud sana que no hacen ruido, silenciosa, llevando sus vidas con normalidad; estudian, trabajan, se divierten, tienen ideales y luchan por encaminarse hacia ellos.

En una sociedad materialista, egoísta, que vive exclusivamente para los sentidos como la que estamos viviendo en estos momentos, no ayuda a disponerse positivamente hacia lo espiritual, sino todo lo contrario, invita y arrastra a muchos jóvenes incautos a dar rienda suelta a sus instintos, cuya consecuencia más inmediata es el vacío interior y con el tiempo la depresión.

Los abusos atrapan sobre todo a los débiles, y las debilidades en las personas son puertas abiertas al bajo astral, hermanos de baja condición que se unen al encarnado para hacerle daño y causarle el fracaso en sus compromisos espirituales, porque una vez que te metes en ese círculo es muy difícil salir de esos ambientes.

Muchas personas dicen: quiero dejar el alcohol, las drogas, el juego…, pero con la boca pequeña, ya que cuando empiezan los tratamientos los abandonan al poco tiempo con excusas como: No puedo, es superior a mí, para qué dejarlo si no hago daño a nadie… Estas excusas son para no tener que hacer el esfuerzo de luchar. La fuerza de voluntad la tienen pero no la quieren sacar,  y la ayuda espiritual si se pide de corazón también se tiene.

Pero el debilitamiento de la materia por los excesos y los obsesores que alimentan las ideas de volver a caer, hacen difícil recuperarse, son encarnados ignorantes de su realidad espiritual que se complacen con ellas y no quieren dejarlas. Sin embargo para otros, que se dan cuenta de que esos excesos destrozan su vida; vencer el vicio, la lucha contra sí mismo, es un triunfo del espíritu sobre la materia.

 El egoísmo es el causante de todos estos males, en el que podríamos incluir el hedonismo, la cobardía, la comodidad, el orgullo… aspectos del espíritu que entorpecen mucho el crecimiento del mismo. Actitudes que no permiten una sana relación con el semejante, alejándolos, y porque los  hermanos espirituales de baja condición no los dejan ni un minuto, los enredan con pensamientos pesimistas para hundirlos más en la amargura y adicciones. En esos casos, el hermano protector lo tiene muy complicado por las distancias vibratorias que se generan, es decir, una sintonía espiritual  alejada del bien y del equilibrio, dificultando sobremanera su labor de ayuda y rescate.

El egoísmo, origen de todos los vicios, se va desarrollando entre otros motivos, a medida que el joven recibe malos ejemplos, también puede estar incentivando por desengaños o interpretaciones respecto a comportamientos ajenos, que nos inducen a pensar que cada quien va a la suya y que nadie se preocupa por nadie. Es una forma simplista de justificar las deficiencias propias y de ver sólo una parte de la convivencia humana desde un punto de vista negativo.

La causa puede estar también en la familia; el cada vez mayor número de separaciones y de divorcios en nuestra sociedad trasladan a los hijos, en la inmensa mayoría de los casos, el mensaje del desamor, que la convivencia es muy difícil y de que los problemas en lugar de afrontarlos con coraje, paciencia y buena voluntad, es preferible abandonar la lucha en común a las primeras de cambio, para buscar nuevos estímulos en otra parte, con otras personas diferentes. Les trasladamos inconscientemente a nuestros hijos un mensaje de fragilidad, de valores pero efímeros, inconsistentes, muchas veces compensados con regalos y alicientes materiales que desvíen la atención de los verdaderos problemas.

No obstante, ejemplos positivos los hay, se prodigan a nuestro alrededor aunque no estemos atentos, familias unidas por el afecto y el amor sincero pese a las dificultades que todos tenemos, también personas que pasan desapercibidas que demuestran con infinidad de detalles de cara a la sociedad, las enormes posibilidades del amor en acción y de la caridad sentida y realizada. Como dijo el Maestro hace dos mil años, actuando siempre con ejemplaridad: “El que tenga ojos para ver que vea, el que tenga oídos para oír que oiga”

En definitiva, el hombre que vive egoístamente, con hipocresía, dañando a los que les rodean, tarde o temprano sufrirá el dolor y sufrimiento que en su día provocó; es la Ley de causa y efecto.

En la sociedad de hoy en día, estos comportamientos son los que toman relieve; los jóvenes no se deben dejar arrastrar por ellos,  tampoco se puede pretender cambiar a los demás, pero si ser firmes con uno mismo, sabiendo lo que se quiere conseguir, siguiendo un camino de valores espirituales que ayuden a luchar, para ir eliminando poco a poco las debilidades y fortalecerse interiormente.

Por tanto, el trabajo interno será la ayuda necesaria para cerrar puertas a las actitudes negativas, a las rebeldías e incomprensiones que provocan disturbios innecesarios, que provocan un rechazo a las propuestas de vida diseñado por lo Alto para elevarse y triunfar. Al mismo tiempo, la firmeza  en el desarrollo de los valores morales nos hace apreciar la ayuda espiritual positiva que recibimos y nos  alienta para darla a  quien lo necesite. Si somos firmes en la predisposición de cambiar, serán los hermanos de luz los que nos acompañaran y ayudaran cuando los necesitemos,  junto con nuestro hermano protector, para llevar a buen término nuestros compromisos espirituales.

                                                                                                    Atenuar las malas tendencias por:         Gloria Quel

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