El Amor

AMOR ESPIRITUAL

El Amor es definitivamente DAR por encima de todo sentimiento y emoción; es un deseo de transmitir y traspasar lo efímero de la realidad cotidiana. El amor no es material, es un sentimiento elevado que nos alcanza y al que debemos dar paso. No se puede guardar ni reprimir, no se puede frenar ni asfixiar porque carece de fronteras. No es un sentimiento que nos pertenezca o que dominemos, es una energía que fluye por doquier y quienes lo interiorizan y sienten ya nunca pueden prescindir de él.

Amar es Entregar, en el sentido más puro de la palabra, implica darse a sí mismo, no los bienes materiales que nos sobran, consiste en compartir, ser feliz y al mismo tiempo desear también la felicidad de los demás. Amar no es un fin, ni un estilo de vida, Amar es dar paso a la corriente de dicha que penetra todo nuestro ser, dicha que recibimos, y que hemos de brindar de manera natural y espontánea.

El amor es el sentimiento superior del alma humana cuando ésta se halla limpia de impurezas y sin el egoísmo propio de las almas aferradas al imperio de los sentidos, es un estado de conciencia divino en el que ya se comienza a vislumbrar la semejanza con nuestro creador, es un estado en el que finalmente ha germinado nuestra naturaleza espiritual comenzando a dar sus frutos.

Qué podríamos decir sobre lo que sentía el Maestro Jesús rodeado por aquellas personas de Judea. Eran gentes de todo tipo y condición, judíos, gentiles, pobres, ricos, culto, ignorantes, sanos, enfermos, y, en su mayoría muy atrasados espiritualmente, con un elevado grado de ignorancia, egoísmo, imperfecciones y necesidades cotidianas.

El Maestro no pretendió más que transmitir la Luz, la idea, la sabiduría y el amor, mostrando una nueva forma de vivir y de comportamiento hacia sus semejantes. Con su mensaje de amor, vino a hacernos comprender las diferencias entre lo material, y lo espiritual, “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Vino a mostrar un nuevo punto de partida, estableciendo nuevas normas de conducta basadas en la creencia en un Dios Todopoderoso, Padre y Creador, y el Camino para aproximarse a Él. Camino que no es otro que amor al semejante y la superación de las imperfecciones.

Muchas antiguas ideas y tradiciones no dejaban progresar, manteniendo al pueblo aletargado, estacionado. Jesús vino a romper con todas aquellas tradiciones, basadas en el ojo  por ojo y diente por diente, dando paso al “Amaos los unos a los otros”. Un nuevo amanecer para la Humanidad, para todos aquellos dispuestos a transitar por la senda del empinado camino del progreso y de la superación espiritual.

Para sí, sino para la Humanidad, y prueba de ello es que sus palabras y lecciones están siempre vigentes. Su vida giró en torno a su amor incondicional hacia el Hombre sin hacer distinciones. No discriminó a nadie, a todos se daba por igual. No juzgaba las creencias, la clase social o las características personales, únicamente le interesaba llegar al corazón de las Gentes.

La humanidad estaba necesitada de un salto cualitativo en la Convivencia, Relaciones Sociales, y Comprensión de unas Leyes Universales. Leyes qué, conocidas en algunos sectores de la humanidad debían llegar a todos. Esta fue la misión del Sublime Nazareno, establecer un nuevo orden de conocimientos y comportamientos. Con su vida y ejemplo dejó la semilla que ha ido fructificando lenta, pero inexorable.

Cuando un espíritu va llegando a su madurez espiritual, comienza a comprender el mensaje y el ejemplo del Cristo, es cuando surge la fuerza interior del Amor, esa luz interna que alumbra el camino de la superación. Es en ese momento que comienza a correr por su Yo Espiritual la energía vivificante y creadora de felicidad que es el Amor. Energía que le impulsa a realizaciones más nobles y elevadas.

El Maestro no pretendía que su vida y sacrificio tuvieran efecto inmediato, era consciente del escaso alcance de sus enseñanzas. Sabía la necesidad de su ejemplo a esta Humanidad tan atrasada evolutivamente. Era consciente que debía dejar un legado para los siglos futuros aún a pesar de la limitación de su tiempo de apostolado y los severos padecimientos físicos que tendría que soportar.

Su amor es incondicional e intemporal, una vida entregada a la humanidad con el fin de que fuera un modelo para el futuro. Abandonó sus planos de vida, de dicha y felicidad, para encarnar en este Planeta. Su misión era sembrar la semilla del Amor. El Maestro no necesitaba esa encarnación para sí, sino para su rebaño necesitado de ejemplo y su mensaje de amor. Ejemplo que se convertiría en una Doctrina de Vida para la Humanidad, y en el código de Ética y Moralidad más perfecto que hayamos podido tener.

Llegará un momento en el que no importarán los detalles que tanto consideramos a la hora de acometer cualquier actuación. Lo importante será como lo hagamos -nuestra intención-, el sentimiento, la capacidad de renuncia, de abnegación, y el altruismo y caridad que pongamos, sin importar a quien ayudemos. Lo esencial será tener siempre presentes sus necesidades de avance y progreso.

Evidentemente no llegaremos a comprender los sentimientos que vivían los Grandes Espíritus que han trabajo y trabajan en este Planeta, como Francisco de Asís, la Madre Teresa de Calcuta, etc. Su vida también  ha sido  un ejemplo. Sus logros nos deben hacer reflexionar el alcance de una persona cuando se olvida de sí misma procurando el bien a los demás. Lo esencial es que todos ellos tienen un denominador común, su estado de dicha y felicidad, su armonía y su deseo de servicio y la utilidad al prójimo.

El Amor -con mayúsculas- es alegría, sentimiento de dicha y felicidad que se contagia a los demás y que nos permite vivir en paz y armonía con nuestro yo interno, con nuestra conciencia, y en como resultado, con el resto de la sociedad. Cuando más se ama, mayor es la dicha. Por el contrario, cuanto más se odia, más ruin e infeliz se soporta la vida. Estos sentimientos, por simpatía, se contagian siempre a los demás. Así, los egoístas y avaros acaban solos y sufriendo las consecuencias de sus malas actuaciones.

Aquél que todavía no aprendió a servir, no aprendió a vivir.

Gabriela Mistral, premio Nobel de literatura en 1.945

 Debemos admitir el contexto real y auténtico del estado espiritual en el que nos encontramos, reconocer con humildad, que si bien estamos en el camino, lo es todavía muy lejos de parecernos a estos ejemplos. Eso no ha de importarnos pues ellos también anduvieron el camino en el que nos encontramos nosotros. A nadie se le conceden privilegios, nadie nace sabio, con 30 años de edad o con un doctorado, todos tenemos que recorrer el arduo camino de la superación personal y espiritual, y del desarrollo de esas virtudes que atesoramos en potencia, no olvidemos que somos Hijos de Dios y en Dioses hemos de convertirnos.

Nos hace falta crecer día a día; en cada nueva jornada hemos de ir aprendiendo un poco más, evitando caer en los mismos errores del pasado, tenemos que mantener una mentalidad sana, de buena voluntad y con predisposición natural al bien y a la virtud. Para ello es muy importante reconocernos como alumnos en la gran escuela del progreso que es nuestro planeta.

Cada vida representa una serie de asignaturas que debemos ir superando y las experiencias diarias ponen a prueba nuestros valores. Cada cual tenemos las pruebas y experiencias que necesitamos para nuestro crecimiento espiritual, no existen los atajos, casualidades, errores o injusticias por parte de la Providencia.

Si nos planteamos la vida como un medio de progreso, ni las circunstancias ni las situaciones nos desbordarán, actuaremos siempre con naturalidad, procurando no equivocarnos y actuar del mejor modo posible. Siempre que nos equivoquemos, nuestra propia Voz de la Conciencia nos ayudará a identificar y corregir los errores que la vida nos pondrá en el camino. No nos quepa duda, la vida no es un fin en sí misma; ello no ha de agobiarnos ni desequilibrarnos, debemos actuar siempre en conciencia, teniendo siempre presente que somos AMOR en esencia, LUZ, la CHISPA DIVINA llamada Espíritu.

La asignatura más importante a aprobar en este estadio de evolución es la del Amor. El amor es un tronco del que nacen muchísimas ramas, amistad, caridad, bondad, solidaridad, fraternidad, generosidad, dulzura, ternura; un sinfín de valores que todos unidos hacen de nuestra personalidad un algo maravilloso, único y especial. Velemos por adquirir –día a día- una milésima de todos y cada uno de estos valores en el escenario que la vida nos ofrece, en todos los momentos que se nos presenten. Lo demás … vendrá por añadidura.

Los Mundos de Regeneración nos esperan, pero para acceder a ellos necesitamos superar la prueba que se nos presenta AQUÍ Y AHORA en esta Escuela de Amor que es el planeta Tierra.

 

SI NO TENGO AMOR, NO TENGO NADA. (PABLO DE TARSO)

 

Fermín Hernández Hernández

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