El Amor

AMOR CONYUGAL

El amor, que es quizás la palabra más grande que podamos encontrar, tiene muchos significados, y se puede manifestar de mil y una maneras, en esta ocasión hablaremos del amor conyugal.

 No cabe duda que el amor comienza por las personas que tenemos más cercanas, con las que significan más para nosotros, en general las personas más allegadas, y conforme va creciendo se va ensanchando y abarcando más capas de la sociedad y de la naturaleza.

 Nuestra pareja, suele serlo todo especialmente en los momentos en que se producen el flechazo y el enamoramiento, la vida nos parece poca cosa si nos falta la persona querida, a la que solemos verle solo virtudes, y muy pocos o ningún defecto, la ponemos en un trono, y no vemos más que por sus ojos. Toda nuestra vida daríamos por ella, a la que  le dedicamos todos los esfuerzos, la dulzura, las atenciones, solo vemos por ella, lo demás ocupa un segundo lugar.

 Esto es en la primera etapa, en la que lógicamente hacemos todo lo posible por ganarnos su mutuo amor, conquistarla y así poder establecer una relación sólida y estable. En esa etapa, en la que descuidamos nuestras emociones, en el sentido de que no las controlamos, como se dice vulgarmente, estamos ciegos, y no somos equilibrados ni coherentes.

 Después viene la convivencia, la rutina, el todos los días, y poco a poco vamos viendo las cosas con más normalidad, empezamos a descubrir los defectos de la persona amada, ya no la vemos  tan perfecta, y comprendemos que es una compañera del camino, eso sí una compañera especial con la que nos hemos comprometido a emprender un etapa de nuestra evolución, un etapa de ayuda mutua, y de realizaciones y experiencias conjuntas.

 Se pueden diferenciar dos etapas, la material y la espiritual. La material sería esa primera parte, la de la conquista, la de mostrar lo mejor que tenemos, y ver solo lo bueno de la persona amada.

 Y la espiritual que es la que nos importa, y a la que vamos a darle especial mención, es la que conlleva entender el significado real de la relación de pareja, en lo que lo más importante y a destacar es la responsabilidad común e individual al mismo tiempo, de ambos cónyuges, y el sentido de unidad que les debe acompañar, sin perder la individualidad.

 Para entender mejor esta cuestión me valgo de unas estrofas de la poesía de Kalil Gibrán de su obra El Profeta, en el capítulo que habla del matrimonio.

Sí; estaréis juntos en la memoria silenciosa de Dios.

Pero dejad que haya espacios en vuestra cercanía.

 Y dejad que los vientos del cielo dancen entre vosotros.

Amaos el uno al otro, pero no hagáis del amor una atadura.

Que sea, más bien, un mar movible entre las costas de vuestras almas.

 Cantad y bailad juntos y estad alegres, pero que cada uno de vosotros sea independiente.

Las cuerdas de un laúd están solas, aunque tiemblen con la misma música.

Dad vuestro corazón, pero no para que vuestro compañero lo tenga.

Porque sólo la mano de la Vida puede contener los corazones.

Y estad juntos, pero no demasiado juntos. Porque los pilares del templo están aparte.

Y, ni el roble crece bajo la sombra del ciprés ni el ciprés bajo la del roble.

La responsabilidad es común, pero no hemos de perder de vista que, como espíritus somos entidades individuales, y cada uno tiene su responsabilidad a la que ha de responder, de si mismo. Dicha responsabilidad, que es la base de todo, nos lleva a que indefectiblemente, cada uno ha de asumir tanto su rol, como las tareas básicas que le son más apropiadas, y que como pareja han de llegar a un acuerdo mediante el cual se establecen de buena fe, y para el mejor desenvolvimiento de la relación y del hogar,  dichas tareas.

 El amor entre la pareja es fundamental, pues si este no existe difícilmente se van a poder sostener  los objetivos comunes, las metas propuestas, etc. El amor es la energía que nos moviliza espiritualmente, es la fuente de la que extraemos tanto las fuerzas, como la ilusión, sin él los sueños se evaporan, y la rutina y la monotonía van acaparando el lugar que ocupaban los sueños y las aspiraciones conjuntas.

 Por lo tanto el amor de los primeros momentos, hemos de cuidarlo, mimarlo para que no se convierta en un espejismo, en una suerte de egoísmos, que abocan a la pareja solo al aspecto material y humano, que busca nada mas que el goce material y del momento. Ese amor hay que transmutarlo en respeto, confianza, complicidad, cariño, afecto por doquier, pero para que vaya creciendo y dotándonos de más fuerza y más ilusión cada día, de más capacidad de entrega y de afinidad entre la pareja.

 De lo contrario, si no entendemos el significado de “pareja” haremos del amor una atadura, un objeto posesivo y un fin, que solo busca la satisfacción propia. Sin embargo, el amor no es un fin en sí mismo, es un medio para crecer y desarrollarnos, para expandirnos y alcanzar más y mejores cotas de felicidad y de comunión con toda la obra de la creación.

 La unión hace la fuerza, pues bien cuando hay amor auténtico, tanto humano como espiritual entre dos personas, esa fuerza se multiplica, porque el uno le da al otro lo que no tiene, lo que le falta, y le puede dotar en un momento dado del impulso, la ilusión, la fe, aquello que le falta para emprender esa labor, para enfocar ese reto, para superar una debilidad, etc., todo cuando uno no puede conseguir por sí mismo, podría conseguirlo con la ayuda inestimable de la pareja amada.

 El amor en la pareja puede potenciarnos enormemente nuestra personalidad, si el amor es sincero, verdadero y el uno quiere lo mejor para el otro, lo mejor desde el punto de vista espiritual.

 Y por otro lado el amor mal entendido, mal orientado, en su vertiente egoísta, material, del amor de pareja que solo espera recibir, que solo desea exigir, que no está basado en el respeto sino en la fuerza y en el yo, ese amor está destinado a la frustración y a la destrucción de la personalidad, convirtiéndonos en bestias y en seres ruines y despreciables.

 Por tanto es mucho lo que se pueden aportar dentro de una pareja los cónyuges, la unión conyugal puede ser el puente que les eleve a un crecimiento en valores inmenso, moralidad y ejemplo que después transmitirán a los hijos, y el hogar se puede convertir en un refugio, en un paraíso, en un hogar de bienes y felicidad, que es lo que debe ser.

 No olvidemos que el progreso espiritual es un trabajo individual, que hay muchos elementos que nos pueden servir para potenciarlo y adquirir en una existencia una serie de pasos muy positivos que nos ayudan al alcanzar ese desarrollo, el matrimonio y la relación de pareja es uno de ellos, y muy importante, pero siempre y cuando esté basado en el respeto, la libertad, y la sinceridad.

 Por último resaltar que la función del matrimonio ha de servir, sobre todo, para que la pareja se ayude recíprocamente, este es sin duda uno de los compromisos que lleva aparejada la relación de pareja, la ayuda del uno al otro, tratando siempre de contemplar lo que es mejor para el progreso espiritual, lo cual como sabemos es el objeto de nuestra estancia  la tierra.

Fermín Hernández Hernández

©2015, Amor, paz y caridad

 

 

Anteriores Artículos

LA PRUDENCIA

Siguientes Artículos

CONFERENCIA INMORTALIDAD Y CLONACIÓN

Sin Comentarios

Deja tu opinión