AGRADECIENDO Y BENDICIENDO

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Agradeciendo y bendiciendo

Como explicábamos en el artículo del pasado mes, el alma comienza a reconocerse así misma elevando su nivel de conciencia, al propio tiempo que descubre interiormente una fuente de recursos inimaginables. También se hace consciente de que la Mente Creadora que le ha dado la vida, la sustenta en todo el proceso y trayectoria, desde su origen hasta su definitivo “religare”  (volver a Dios) en plenitud y perfección.

Esta presencia de Dios en el alma humana es la “imagen y semejanza” que mencionan las obras sagradas de todas las religiones cuando describen el vínculo del hombre con su creador. Son dos los aspectos que el alma humana experimenta y descubre acerca de su naturaleza inmortal de origen divino, el primero interno y el segundo externo. 

El primero es el que hace referencia al crecimiento y progreso del espíritu, a su esencia y naturaleza inmortal; pues el alma va comprendiendo con su avance que sus recursos espirituales son ilimitados, comprendiendo que es su propia esencia un germen de atributos divinos sin horizonte final, cualidades que puede desarrollar hasta la sublimación de los mismos en esencia divina. Así se reconoce así misma inmortal, destinada a la plenitud y a la felicidad por sus propios méritos, aquellos que lleva intrínsecamente y que tarde o temprano deberá desarrollar.

En este primer aspecto se reconoce así misma como creación divina y a partir de estados de conciencia superiores, todo aquello que consigue por sí misma se convierte en un acto de gratitud hacia su creador, experimentando con ello una integración paulatina en la obra divina, con lo que ello representa de felicidad y elevación para ella misma.

El segundo aspecto es aquello que va descubriendo exteriormente desde el nuevo foco que ahora contempla: alejado de las ilusiones materiales, de las pasiones, de los vicios, y centrada ya en un nivel de conciencia que le hace entender que es un miembro más de este universo físico y espiritual del que forma parte. Este descubrimiento respecto a su participación en la vida y la influencia que ésta tiene en ella viene dado en una doble faceta. 

Entiende ya que con sus pensamientos, sentimientos y acciones, modifica el universo a su alrededor; y en un segundo aspecto también entiende que al mismo tiempo todo lo que acontece le afecta igualmente en función de cual sea su actitud ante la vida y de qué forma está enfocado su camino de progreso o ascensión espiritual.

Si la gratitud hacia el creador es consustancial a su descubrimiento como esencia divina e inmortal, esta se amplía todavía más cuando comprende que nada es casual, que se encuentra en el momento justo, el lugar adecuado y con los recursos necesarios que la providencia le otorga para conseguir el objetivo previamente planificado. El punto o lugar en el que se encuentra es aquel que necesita y precisa para seguir creciendo y ampliando su conciencia y sus atributos divinos, el amor, el perdón, la abnegación, la entrega desinteresada, etc.

Bajo este razonamiento se da cuenta de que el Sumo Hacedor, sigue colocando a su alrededor, en cada etapa de ascensión, los elementos que necesita para superar obstáculos y alcanzar nuevas metas. Esta percepción hace referencia a la  naturaleza de las pruebas que debe afrontar, no únicamente a sus características, que algunas veces pueden ser dichosas y otras misiones de sacrificio y renuncia inconmensurables que el alma consciente y despierta acepta de buen grado para la ayuda a sus semejantes y su mayor crecimiento en el amor.

Desde esta perspectiva el alma humana valora y observa el foco de la evolución de forma muy diferente. Ve en todas partes a Dios, contempla toda su obra llena de amor, perfección absoluta y destino inalterable hacia la felicidad.

En este punto, el alma observa las desgracias, las aflicciones del mundo, el sufrimiento, y todo tipo de expiaciones bajo el aspecto de oportunidades que las leyes divinas conceden al hombre para reparar sus errores y liberarse cuanto antes de las deudas contraídas en un pasado delictuoso que precisan liberar. Aquí ve también a Dios, pues comprende que esos espíritus que ahora encarnados sufren esas consecuencias de dolor, en próximas vidas y etapas saldrán de nuevo a la vida física en mejores condiciones, con el saldo favorable que les permitirá engrandecer su alma y colocarse fuera del sufrimiento y el dolor.

Desde este nuevo enfoque que el alma comienza a vislumbrar, agradece y bendice en todo momento aquello que acontece a su alrededor, incluso es capaz de bendecir el dolor que le llega, la incomprensión que le acosa, la infamia que le denigra o la ingratitud que experimenta de aquellos a los que ayudó en su momento. Acepta la prueba, pide por aquellos que todavía no le comprenden y les envuelve en amor y en silencio.

También comienza a bendecir la vida, la salud, la familia, el cuerpo del que dispone para desarrollar su trabajo, e incluso un agradecimiento sincero le inunda de luz por la oportunidad concedida desde lo alto para el progreso de su espíritu, aunque la prueba sea dura o la misión a realizar esté llena de obstáculos y sufrimientos.

Agradecer y bendecir se incorpora en su consciencia como un hábito superior, de tal forma que en todo lo que transcurre a su alrededor el alma interpreta su papel en la clave acertada, como un ser inmortal al servicio del prójimo y bajo la voluntad superior de Dios.

Agradeciendo y bendiciendo por: Antonio Lledó Flor

2019, Amor, Paz y Caridad

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