Leyes Universales

DESEO Y RENUNCIAMIENTOS

Dada la importancia que los deseos, tanto humanos como espirituales, tienen en el proceso evolutivo de todo Ser, analicemos algunos aspectos de los mismos, a fin de poder conocer y comprender su condición y su influencia en la vida humana y evolución del Espíritu.

El deseo o deseos, en sus variados aspectos, es uno de los modos de que se vale la ley de la evolución, actuando sobre la persona humana, como medio para adquirir las experiencias necesarias, a fin de realizar el proceso evolutivo del Espíritu. Porque, es a través del conocimiento que las diversas experiencias proporcionan, que el Espíritu va adquiriendo sabiduría.

Demostrado está por la psicología estructural y experimental, así como en el estudio de la psicología profunda (transcendente) que, los deseos, tanto superiores como inferiores (dignos o indignos), influyen grandemente en la condición de vida humana de todo individuo, así como en la vida transcendente.

Todo deseo, cual sea su naturaleza, produce una imagen en la mente psíquica, pasando o no a la Mente espiritual. Y según la intensidad del deseo, el pensamiento es atraído hacia la cosa deseada. Y la satisfacción reiterada de los deseos, forman hábito, que se afianza en el inconsciente (psiquismo) y se torna exigente.

Deseos hay, que ejercen una fuerza subyugadora sobre la psiquis del individuo, induciéndole a la conquista de la cosa deseada. Y dada la interrelación entre las diversas facultades mentales, éstas entran en acción: ya para la realización del deseo, ya para su control y dominio.

Por ello, muy necesario es identificar su naturaleza y consecuencias, a fin de controlarlos y dirigirlos, dada su influencia sobre la emotividad, así como sobre la naturaleza de los pensamientos, que son los precursores de las actuaciones.

Demostrado está también por el psicoanálisis que, el deseo o deseos en los diversos aspectos humanos, son siempre más intensos que el placer que proporciona la obtención de la cosa deseada.

Y lo curioso es que, salvo excepciones loables, la gran mayoría de nuestro conglomerado humano es esclavo de los deseos bajos, por ignorancia de las consecuencias a que la realización de los mismos conducen, tanto en el aspecto humano como transcendente.

Surgimiento de los deseos.- Todos venimos a la vida física ya con ciertas tendencias, que han venido creándose, alimentándose y grabándose en la psiquis y en el Espíritu, en el devenir de las vidas humanas sucesivas.

Y de la diversidad y calidad de las tendencias, gustos y aficiones creados, surgen los deseos. Y todos ellos guardan una estrecha relación con el grado de evolución del Espíritu que anima cada personalidad.

Si bien, los deseos son el incentivo de todos nuestros actos, difieren en cuanto a su calidad e intensidad. Por ello, existen diversas manifestaciones y grados en los deseos. Pueden ser débiles, como simples deseos momentáneos, o fuertes y vehementes, y hasta subyugadores, como son los deseos sobre el sexo y los de conquista en sus diversos aspectos.

Se tiene la sensación del deseo, cuando éste ha penetrado en la psiquis y alcanzado la mente. Y aun cuando en todo deseo se tiene la sensación de que es uno mismo, puede ser también de procedencia exterior.

No puede efectuarse realización alguna en nuestra vida humana, sin el deseo de tal realización. Y es el deseo insistente el que mueve la voluntad, para la conquista del objeto deseado, en toda realización; y que nosotros debemos emplear para el objeto de nuestra propia superación y progreso.

Procedencia de los deseos.- Dos son los aspectos principales o procedencia de los deseos: internos y externos, propios o ajenos.

Los internos son emanados del Alma espiritual (sublimes, de bien), o del alma humana (egoístas, ruines, etc.).

Los externos pueden ser de entidades espirituales superiores o inferiores, cuya naturaleza y calidad puede ser fácilmente identificada, si son sometidos al análisis de la razón, y controlados con el uso de la voluntad.

La mayor porción de los deseos externos, proceden del medio ambiente humano en que vivimos.

Nuestra sociedad actual, en su afán desmesurado de lucro y placeres, debido a una carencia del conocimiento verdadero de las leyes de la vida en su aspecto transcendente, busca egoístamente la felicidad en los placeres de los sentidos, para lo cual ha inventado múltiples formas de atracción, para estimular el deseo, muchas veces violento, hacia esos placeres, camino ése que conduce a la frustración y retarda el progreso evolutivo.

Los deseos emanados del Alma espiritual, son placenteros y suaves, aun cuando sean insistentes; mientras que, los deseos humanos son más exigentes y desarmonizantes. Aquí, necesario es hacer una aclaración. Pues, en los casos de reprimenda o acusación de la Conciencia por trasgresiones a las leyes de la Vida, produciendo un deseo de rectificación de conducta, en cuyo caso puede resultar mortificante para la persona afectada.

Sebastián de Arauco

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