VANIDAD Y HUMILDAD

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(Viene del nº anterior)

   Pocos son los que saben identificar la verdadera humildad. Y algunos la confunden con las manifestaciones de servilismo, timidez, apocamiento, humillación circunstancial, etc.; demostrando con ello una carencia de buen discernimiento; pues mientras la humildad es una fuerza del espíritu más evolucionado, es una
superación, que no rebaja, más bien eleva; el servilismo, en cambio, es claudicación, bajeza, degradación, debilidad del espíritu.
   La humildad es una manifestación de superioridad real, sin engreimientos, y está implícita en toda persona con dignidad sin alardes, en aquellas personas que hayan alcanzado ya la superación de la vanidad, amor propio y orgullo.
Si observamos en nuestras relaciones humanas, podremos apreciar cómo algunas personas destacan por su sencillez, libres de exhibicionismo fatuo, y no por ello hemos de considerarles inferiores; antes bien, puede apreciarse un cierto halo de superioridad, aunque no manifestada sino vibratoria.
Porque la humildad es un estado de superación alcanzado que rechaza los elogios y halagos, aunque ese rechazo no se exteriorice; y aun cuando éstos sean merecidos. Mientras que la persona vanidosa anda a la caza de ellos.
   Toda dádiva o ayuda dada con ostentación, es vanidad. Y como en esa acción no hay amor sentido, sino exhibicionismo, no se beneficia en nada al espíritu.
   La humildad no debe ser buscada a través de los aspectos externos, ya que la vanidad se disfraza, a veces, de “gran humildad”, que es ficción, para aparentar; que es afectación y falsía. Pues, hasta existe la vanidad de la propia humildad. Y así hay personas que hacen alarde de humildad, sin percatarse que la humildad verdadera no necesita pregonarse, ya que se refleja en todos los actos de la persona que haya superado la vanidad, orgullo y el amor propio.
   A este respecto, meditemos sobre esta parte de un mensaje:
“Humildad, no es solamente manifestarse sencillo o no perseguir la figuración, sino que es la superación plena del pernicioso amor propio. El amor propio es el obstáculo mayor con el que tropieza el hombre para poder alcanzar las superaciones que su espíritu necesita y viene a procurar a la tierra. El hombre se ama a sí mismo con mucha mayor intensidad que a todos y a todo lo demás y ese exagerado amor propio a sí mismo, es precisamente el que ha originado el estado caótico en que actualmente se debate vuestra humanidad”.
   En el sentido transcendente, la humildad no es una cualidad que deba adquirirse, sino una superación espiritual que debe lograrse. Y en realidad, al desaparecer del alma humana las lacras citadas: vanidad, orgullo y amor propio; la humildad o sencillez es el estado natural del individuo superado.
Por ello, en los Planos Superiores del mundo espiritual, no existe la tal humildad, porque en ellos no hay vanidad, orgullo ni amor propio, que son vibraciones de baja tonalidad psíquica-humana, propia de los planos inferiores.
   Y con el fin de evitar alguna interpretación no acertada, debemos aclarar que humildad no significa en modo alguno compungimiento, ni privación ni alejamiento de los lugares de esparcimiento donde lograr sanas satisfacciones.
Humildad significa superar la vanidad, el orgullo y el amor propio (que son vibraciones de baja tonalidad), no sentir deseos de ostentación ni sensación de superioridad ante una condición de mayor categoría humana.
 
 
 
SEBASTIAN DE ARAUCO
 

    Cuanto más grandes somos en humildad, tanto más cerca estamos de la grandeza.


RABINDRANATH TAGORE

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