Trabajo Interior

EL VALOR ESPIRITUAL DE LA CUARESMA

La Cuaresma es un periodo litúrgico que comprenden los cuarenta días anteriores a la Semana de Pasión que vivió Jesús de Nazaret. Empieza el miércoles de Ceniza y acaba el Domingo de Ramos.

Es un tiempo en el que el Divino Maestro se retiró al desierto a orar, a reflexionar; donde estuvo practicando el ayuno, entendiendo este ayuno como conducta recta donde la disciplina espiritual le mantuvo en unión con el Padre; entregado en meditación profunda en la cual oraba por el compromiso aceptado. También superando tentaciones, porque  Jesús, espíritu perfecto y puro, fue tentado como cualquier otro. Pero nos demostró que, si la tentación es un fenómeno humano, su resistencia es una conquista divina, ayudándole a reafirmarse en el compromiso que libremente aceptó cuando bajó a la corteza terrestre.

Recordemos que Él vino a la Tierra para traernos un mensaje completamente nuevo, basado en la doctrina del amor y la caridad. El amor es el verdadero sentimiento que mueve el mundo. Si todos supiéramos amar de corazón al que tenemos al lado, sin advertir su color de piel, credo, sexo  o ideas, entonces el perdón y la caridad serían gestos fáciles de realizar, y nos encontraríamos en una sociedad diferente de la que vivimos hoy en día. Conocedor de nuestras dificultades para tender la mano al semejante, nos dejó un mandamiento que, si lo llevábamos a la práctica, todo sería diferente, cual es: “Que os améis unos a otros, como yo os he amado”.  (Juan 15:12).

En aquella época no podían entender que el Mesías fuera manso y pacífico, más bien esperaban un líder carismático, libertador de la opresión y la esclavitud. Los gobernantes romanos, pero sobre todo los rabinos, temían que pusiera en peligro el poder establecido. Esa fue la razón por la que conspiraron contra Él, acabando con su vida cruelmente.

El mayor de los milagros que Jesús realizó, lo que realmente demuestra su grandeza, fue que sus enseñanzas llegaron a todas las partes del mundo, con los escasos medios de los que se disponían en aquellos tiempos. Su mensaje era sencillo, por eso llegaba a todos los corazones: En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”. (Juan 13:35).

La Cuaresma por tanto, es una época del año donde podemos tomarnos momentos de reflexión, de estudio y de reafirmación del compromiso con las enseñanzas del Maestro; un tiempo en el que podemos hacer balance; discernir y examinar nuestro corazón y nuestra razón de todo lo realizado, pensado y sentido a lo largo del año. Reconocer qué cosas nos han dejado sensaciones positivas para incentivarlas, de aquellas otras que han sido experiencias negativas y nos han dejado un poso amargo en el que debemos trabajar para superarlas.

La Cuaresma está pensada para intensificar esos aspectos de la vida que exigen superación, esfuerzo, transformación. Es recorrer el sendero en donde la prueba, el desprendimiento, la oración… nos preparan y facilitan la transformación espiritual que nos acerca a Dios a través de las enseñanzas que nos dejó Jesús.

 El Padre sabe de nuestras debilidades, que la fuerza de voluntad no la sacamos como debiéramos, y por eso en ocasiones nos fallan las fuerzas. Aprovecha estos días de especial sensibilidad espiritual para mandarnos una mayor fuerza que nos estimule al progreso, que nos ayude a realizar esas reflexiones, para encontrar dentro de nosotros esas manchitas que tanto nos entorpecen, y de ese modo cumplir los compromisos espirituales libremente aceptados, pero sin tanta dificultad. Además, nos ayudan también a potenciar las virtudes, los valores que albergamos dentro de nosotros. Nos invitan a realizar una auto-reflexión minuciosa, provocando situaciones para que podamos ver con mayor claridad dónde está el trabajo a realizar. También nos muestran aquellas cosas que pensábamos que teníamos controladas o superadas, pero que tan solo les habíamos lavado la cara.

Esa fuerza especial se concreta en el descenso a nuestro plano físico de hermanos espirituales que traen consigo un programa personalizado a realizar en cada uno de nosotros, para ayudarnos en ese análisis profundo que hacemos de nuestro interior. Al final, recogen todo el trabajo realizado conjuntamente durante ese periodo, corto pero intenso, de pruebas, reflexiones, actuaciones, etc.,  para elevarlo al Padre y que Él, en su infinita sabiduría y misericordia, actúe en consecuencia, aportándonos aquello que más podamos necesitar.

Ellos no vienen a fiscalizar, sino todo lo contrario, vienen a hacer hincapié en donde fallamos, ver esas deficiencias que no nos dejan avanzar, pero no para fastidiarnos o mostrarnos nuestras bajezas, sino para que tomemos conciencia del daño que nos suponen y nos incentive a resolverlos poco a poco. También nos inspiran ideas nuevas, enfoques diferentes ante situaciones que teníamos atascadas, sin saber cómo transformarlas, sin ver solución posible.

Vienen a enseñarnos un camino, ese es en resumen su trabajo: el de mostrar, guiar y enseñar.

Son hermanos que la mayoría de ellos han tenido algún tipo de relación con la persona a la que cuidan, y por lo tanto le aman. Son hermanos que, con poco que nos pongamos en equilibrio espiritual, les notamos por su cariño, porque nos inundan de paz y de amor. Son ellos los que nos inspiran para que razonemos en qué punto nos encontramos, y de esta manera avanzar en el progreso; siempre seguir adelante, esforzándonos en la superación.

Elevando el pensamiento nos sintonizamos mejor con ellos. Son la mano amiga que nos sostiene, nos anima, nos conmueve a través de una mayor sensibilización espiritual. Nos mandan esa ayuda que tanto necesitamos en los momentos de sufrimientos, de dudas, en los que no podemos encontrar la calma y se nos presenta harto difícil hallar respuestas a nuestras súplicas. O, simplemente, nos inspiran un pensamiento diferente que nos hace abrir los ojos y entender una situación concreta que se nos escapaba.

Oramos porque confiamos en Dios, y Él, como buen Padre, no nos desatiende nunca; nos manda esa ayuda que demandamos, pero muchas veces no de la forma en que la pedimos, sino la más conveniente a nuestras circunstancias personales. Hemos de procurar que esa elevación de pensamiento que está unida al sentimiento sea sincera para que sea eficaz. De esta forma llega con más claridad  a los planos superiores.

Por otra parte, significar que esta ayuda que recibimos en Cuaresma no es exclusiva de los cristianos, también los seguidores de otras religiones la reciben, como por ejemplo los árabes con su Ramadán, o los judíos con su Pascua Judía… Todas las religiones y culturas tienen unos días al año donde reciben esta ayuda espiritual. Por otra parte, aunque alguien no se pueda sentir identificado con ninguna de las religiones, esto no importa, la ayuda les llega igualmente en base a la ley de justicia por la que todos somos iguales a los ojos de Dios. No  existen privilegios para nadie, como tampoco discriminaciones.

El dinamismo de una doctrina como es la espírita nos permite conocer detalles de esta etapa a través de las informaciones que el propio mundo espiritual nos facilita, corroborados por los hechos observados y constatados a lo largo de muchos años de experiencias.

Por lo tanto, el valor espiritual de la Cuaresma se corresponde a un periodo especial, muy poco conocido por la inmensa mayoría, pero que año tras año se repite. Es un esfuerzo extra más, de los muchos que realizan los planos superiores, aprovechando nuestras costumbres y periodos de especial sensibilidad religiosa o espiritual. Es un trabajo sutil el que elaboran durante esas fechas estos hermanos espirituales, con el afán de que podamos ser cada día un poco mejores, tener una mayor claridad y resolver los conflictos y problemas interiores.

 

El valor espiritual de la cuaresma por: Gloria Quel

© Amor, Paz y Caridad, 2018

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