Quintillas
Se ha repetido el asunto
por activa y por pasiva:
luego que la muerte arriba,
el ánima del difunto
continúa estando viva.
Cuando el ser humano exhala
el suspiro postrimero
no termina todo; empero,
hace tan solo una escala
para seguir el sendero.
Cuando el espíritu escapa
tranquilo y sin hacer ruido
de donde estaba metido,
su conciencia se destapa
y recupera el sentido.
Cuando el alma libre vuela,
dejando de ser esclava
de la materia en que estaba,
la vida se le revela
como no la recordaba.
Cuando se tiene consciencia
en el fuero más interno
de ser espíritu eterno,
la muerte es una experiencia
que no supone un infierno.
Cuando una persona amada
al otro mundo ha marchado,
una vez recuperada
espera nuestra llegada
con su amor multiplicado.
Cuando las gentes se van,
solo queda la memoria
de su terrenal historia,
confirmando así el refrán:
aquí paz, y después… Gloria.
Para que quede claro por: Jesús Fernández
(Guardamar, agosto de 2017)






