EL ESCÉPTICO PROFESOR

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El escéptico profesor
Un grabado de la época en que surgió el fenómeno de las mesas parlantes.

El escéptico profesor

 

“Vislumbré, entre aquellas aparentes futilidades y fenómenos, una cosa seria, la revelación de una nueva ley que me llevó a investigar a fondo. Había un efecto que necesariamente derivaba de una causa”. 

Allán Kardec

La presencia del escéptico profesor Hypolite Denizart Rivail en la casa de la Sra. De Plainmeson el 18 de Mayo de 1855, para presenciar una sesión del “espectáculo de las mesas parlantes” que causaba furor en esa época en Europa y Estados Unidos, fue el comienzo de una etapa que cambiaría para siempre la vida del insigne Rivail.

Con una vida dedicada al estudio, discípulo de Pestalozzi, Director de la Escuela de la Academia de París y miembro de honor de distintas Sociedades Científicas entre las que destacaban la Academia de Ciencias de Francia, la Sociedad de Educación Nacional, la Sociedad de Ciencias Naturales de Francia, la Sociedad Francesa de Estadística, la Sociedad Gramatical francesa y el Instituto de Lenguas y el Instituto histórico, entre otras, Rivail también se interesó en su juventud por el estudio del sonambulismo, la hipnosis y el poder curativo de los fluidos magnéticos.

Escéptico por su carácter científico, seguía al pie de la letra dos principios del método científico de la época: “observar y descubrir“. Por ello no fue extraño que, después de presenciar la primera sesión en casa de la Sra. De Plainmeson, su conclusión fuera la siguiente: “No basta que las mesas giren o se eleven en el aire, cuando me prueben que una mesa tiene cerebro para pensar y nervios para sentir, podré creer en eso”. Este, y no otro, era el auténtico carácter eminentemente científico y escéptico del profesor Rivail.

No obstante, hubo algo que dejó confuso al eminente pensador y que lo llevó a cuestionarse sus principios. Ese algo no fueron los fenómenos que presenciaba en sucesivas sesiones con distintos médiums a las que acudió; lo que intrigó a Rivail fueron las “respuestas inteligentes” que a determinadas preguntas eran dadas por el vocabulario a base de golpes de las mesas parlantes, y la escritura mecánica (neumatografía) mediante el auxilio de una cesta con un lápiz y un papel en blanco y sin intervención de ningún médium. 

La inteligencia en las respuestas a preguntas desconocidas de antemano, y que él mismo pudo preguntar y comprobar, dejaba entrever una causa inteligente en la producción del fenómeno, lo que le llevó a investigar y a preguntarse lo siguiente:

¿Hay o no una fuerza inteligente? Esta es la cuestión ¿Y si esta fuerza existe, que es?¿Cual es su naturaleza y su origen? ¿Está más allá de la humanidad?

La inquietud y curiosidad de Rivail tomó más fuerza cuando pudo conocer a las hermanas Baudín, de pocos años de edad, que mediante neumatografía escribían bellísimas páginas literarias y poéticas inéditas, atribuidas a inteligencias extrañas y otras conocidas como el dramaturgo Fréderic Soulié. Carolin Baudin tenía apenas siete años cuando este dramaturgo murió. Rivail comprobaba luego las obras y las firmas de los mensajes con las del dramaturgo fallecido y quedaba impresionado por las semejanzas. 

Las preguntas se acumulaban en la mente de Rivail, y mientras tanto continuaba con su escepticismo, buscando las respuestas mediante su pensamiento lógico. ¿Dónde se captaban esas informaciones o respuestas, en el inconsciente de los vivos o en el más allá, en mensajes atribuidos a los muertos? ¿Estarían los muertos, vivos?

Acostumbrado a no dar por cierto nada sin la sanción de la lógica, la razón, la observación y experimentación, Rivail se preguntaba, cada vez con más fuerza e intensidad, el origen o la causa de tales fenómenos inteligentes,… Y seguía investigando. Nuevas evidencias llegaron a través de varios episodios que terminaron por convencerle de que detrás de un efecto inteligente se encuentra siempre una causa inteligente.

No obstante, su espíritu científico le llevaba a dudar y cuestionar todo, y por ello no afirmaba ni negaba nada, a pesar de haber llegado a la conclusión y convicción de que los fenómenos y experiencias que observaba, comparaba, analizaba, juzgaba y sometía al riguroso examen de la lógica y el razonamiento eran ciertamente producidos por inteligencias que no podía definir ni describir. ¿Quiénes o qué eran? Bajo el principio de rechazar 10 verdades antes que aceptar una sola mentira, todo dio un giro inesperado cuando encontró la respuesta que tanto buscaba de forma sorprendente, tomando él mismo, directamente, las riendas del cuestionamiento a esas inteligencias.

Muy pronto Rivail se convirtió en el intermediario con los comunicantes del más allá, dirigiendo y conduciendo él mismo los diálogos y las preguntas que se les hacían. Después de cada respuesta, el profesor iba poco a poco aclarando sus dudas, afirmando entonces: “el simple hecho de comprobar la comunicación de los espíritus, dijeran lo que dijesen, ya era una prueba de la existencia del mundo invisible”. Así pues, el problema era la muerte y su solución; la vida en otros planos invisibles a los simples mortales.

No obstante, a pesar de la certeza de la comunicación con los mal llamados muertos o inmortales, todavía quedaban grandes cuestiones sin respuestas que poco a poco el profesor Rivail iba preguntando. La primera de ellas, y no por ello menos importante, era averiguar cómo se producía el fenómeno de la comunicación, es decir, ¿cómo un ser inmaterial puede actuar sobre la materia inerte (mesas, papel, etc.)? Respuesta: A través de la combinación de dos fluidos, el del médium y el del espíritu o inteligencia que producía el fenómeno. La conclusión fue evidente y confirmada tiempo después: el “fluido universal” sería la materia prima, agente y vehículo de todos los fenómenos espíritas.

El escepticismo iba desapareciendo ante la lógica rigurosa, la observación, la experimentación y las respuestas que iba recibiendo. 

Y una nueva fase llegó a la vida de Rivail que no sólo transformó  su concepción del mundo y su sentido de la vida, sino que le predispuso a aceptar un trabajo que él ignoraba y que convirtió a Rivail en un hombre nuevo, adoptando un seudónimo (Allán Kardec) para concretar la misión que se le presentaba como codificador y organizador de las enseñanzas que el mundo espiritual superior trasladaba a la Tierra. En ello tuvo una importancia manifiesta el llamado “Espíritu de Verdad”, que se le presentó como su orientador y guía en este desafío que el eminente profesor debería afrontar.

Escéptico profesor por:Antonio Lledó Flor

2020, Amor, Paz y Caridad

 

“Antes que nada comprendí la gravedad de la investigación que iba a emprender; percibí en aquellos fenómenos, la llave del problema tan controvertido del pasado y del futuro de la humanidad, la solución que busqué durante toda mi vida”.

Allán Kardec

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