DESAFÍOS Y RESPUESTAS DE KARDEC

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Desafíos y respuestas de Kardec

Desafíos y respuesta de Kardec

 

INTRODUCCIÓN

Iniciamos una nueva sección que pretende acercar la auténtica figura del maestro Allán Kardec a todos los lectores de nuestra revista. Para ello, nada mejor que abordar su aspecto personal y cómo supo responder a las dificultades que tuvo que atravesar para poder cumplir con el compromiso espiritual ignorado por él mismo y aceptado posteriormente cuando el “espíritu de verdad” le hizo consciente de él.

Como bien sabemos, existen algunas biografías sobre Kardec, y recientemente ha sido exhibida una película sobre su vida que ha presentado el lado humano e histórico del insigne codificador del espiritismo. Sin embargo, a las inexactitudes propias de la historia cinematográfica se une el hecho de un desconocimiento profundo de muchos aspectos personales que como hombre tuvo que superar, a fin de alcanzar la meta que se había propuesto.

Antes que nada deberemos afirmar, como el propio Kardec confirma, que él no es en absoluto el autor o creador de la doctrina de los espíritus, sino que son estos últimos los que se sirvieron de él (no como médium y sí como codificador) para transmitir a los hombres la excelente e inigualable ciencia de observación y filosofía de vanguardia cuyas consecuencias morales son evidentes para toda la humanidad, si se estudia en profundidad esta maravillosa doctrina.

Kardec realizó la codificación de aquellas informaciones que el mundo espiritual transmitía a los hombres por diferentes médiums, en distintas partes del mundo, agrupando, ordenando y estructurando la parte filosófica, científica y moral del Espiritismo. Así pues, Kardec no es el dueño del espiritismo, ni siquiera su autor; es el trabajador y codificador que aceptó el reto que los espíritus le plantearon para servir de instrumento a la divulgación y el esparcimiento en todo el mundo de esta nueva e innovadora fuente de sabiduría consoladora, que llega a la humanidad para procurar la transformación moral y el progreso del hombre en rumbo hacia su propia felicidad.

El propio Hippolyte Denizard Rivail adoptó el seudónimo de Allán Kardec, no para esconderse de nada ni de nadie, pues él mismo dio constantemente ejemplos de renuncia y valentía pública en la defensa del Espiritismo. Además de por un criterio de prudencia recomendado por el Espíritu de Verdad, el principal motivo del seudónimo en la publicación de sus obras fue para distinguir precisamente a los autores de la misma: los espíritus. Él no era el autor, y como tal, su honestidad moral le impedía atribuirse una obra de la que únicamente había sido el editor. En palabras del propio Kardec al respecto:

“Vi, observé, estudié los hechos con cuidado y perseverancia; los coordiné y deduje de ellos las consecuencias; esta es la única parte que me corresponde”

Este aspecto es un ejemplo del enfoque con que pretendemos abordar los próximos artículos de esta sección. Es preciso acercarse a la figura del “hombre” para comprender la dimensión de su obra. Pues, aunque no fuera de su autoría, el coraje, la valentía y el sacrificio que supuso para Kardec desarrollar la codificación y divulgación de la doctrina de los espíritus solo está al alcance de unos pocos.

Desde el momento en que aceptó el encargo del Espíritu de Verdad, fue advertido de las dificultades que enfrentaría, de los problemas que tendría que superar y de las circunstancias adversas de incomprensión, burla, denuncia, traición y persecución.

También se le ofreció la opción de la renuncia a este compromiso antes de aceptarlo; indicándole que desde el plano espiritual ya estaban preparados aquellos que deberían sustituirlo si él no era capaz de aceptar el extraordinario reto de plasmar las indicaciones que el plano espiritual superior había trazado para la llegada del Espiritismo a la Tierra.

Hombre de espíritu eminentemente científico y escéptico, sometió todas sus investigaciones y dudas a la razón, la lógica y la comprobación experimental antes de aceptar cualquier premisa como cierta. De ahí su famosa frase de “prefiero rechazar nueve verdades antes que aceptar una sola mentira”.

Ante su tumba, el 31 de Marzo de 1869, el famoso astrónomo Camille Flammarion realizó un discurso en el que lo definió como “el sentido común encarnado”, a fin de destacar la faceta rigurosa y coherente del pensamiento y la actuación del codificador del espiritismo. Gabriel Delanne, investigador, ingeniero y escritor, afirmó: “Kardec unió la Ciencia y la Espiritualidad, sustituyendo la creencia ciega por la fe inquebrantable”.

Hippolyte Denizard Rivail era un eminente pedagogo, discípulo de Pestalozzi y creador de varias obras de gramática francesa y otras de importante contenido educativo y científico. Nada más lejos de su pensamiento inicial la intención de protagonizar una obra de semejante enjundia que, a la postre, cambió su vida para siempre. Escéptico en sus inicios, cuando le fueron comentados y comprobó los extraordinarios sucesos de las “mesas parlantes” su respuesta fue obvia: “cuando me prueben que una mesa tiene cerebro para pensar y nervios para sentir, podré creer en eso”.

En esta misión aceptada por el profesor Rivail tuvo una importancia singular el apoyo de su esposa Amelie Boudet. Sin ella, es muy probable que Kardec no hubiera continuado hasta completar su obra. Ella fue su apoyo en los momentos de crisis, persecución, calumnias y todo tipo de infamias que tuvo que soportar. Junto a ella comprobó la realidad de los intereses espurios, el dolor de la traición, la calumnia permanente, el acoso de la iglesia y de la prensa, y el desprecio de sus compañeros y colegas de la Academia Científica de Francia a la que pertenecía, como miembro eminente, el insigne Rivail.

Cuando el educador de Lyon tomó conciencia de la realidad evidente del mundo de los espíritus y su influencia sobre los encarnados aceptando la tarea encomendada, su lógica, su razonamiento y su pensamiento científico se pusieron por entero al servicio de esta doctrina consoladora, que traía de vuelta el código ético-moral de Jesús sin tergiversaciones, a consecuencia de los postulados filosóficos que los espíritus transmitían en todas partes del mundo bajo una absoluta coincidencia.

El trabajo era agotador, pues miles de cartas se recibían en el domicilio de Kardec a raíz de la publicación y distribución de su primera obra “El Libro de los Espíritus”. Y él, con soberana paciencia y dedicación contestaba todas ellas con la ayuda de su esposa Amelie. La edición de la Revista Espírita, la publicación de sus libros, la dirección de la Sociedad Espiritista de París, las conferencias y viajes por toda Francia, etc., todo esto, además, no le impedía visitar y asistir a las distintas sesiones que se celebraban en la época, donde pudo entrar en contacto con médiums de especial relevancia e importancia para la investigación, como fue el caso de las hermanas Caroline y Julie Baudin, de 16 y 14 años, y cuyos mensajes psicografiados eran auténticas obras de arte. 

A las preguntas que metódicamente elaboraba con antelación para preguntar a los espíritus, se añadía todo tipo de pruebas para verificar la certeza de las informaciones recibidas, que eran contrastadas por otros médiums en diferentes partes del mundo a los que realizaba las mismas preguntas, obteniendo las mismas respuestas. La clave reside en la concordancia, como afirma en esta frase el propio Kardec: “La única garantía seria de la enseñanza de los espíritus está en la concordancia que existe en las revelaciones dadas espontáneamente con la intervención de un gran número de médiums desconocidos los unos de los otros y en diversos lugares”.

De aquí uno de los principales postulados de verificación del espiritismo, el de “la concordancia”, mediante la cual según Kardec podrían obtenerse las garantías ciertas de que la “voz de los inmortales”, como los definió posteriormente el gran escritor Victor Hugo, eran iguales en todas partes, presentando así la evidencia necesaria de la verdad en las respuestas codificadas.

Los desafíos y retos que tuvo que abordar Kardec y las respuestas que dio a todos ellos son las cuestiones que abordaremos en este ciclo de artículos que hoy comenzamos. Será también un acercamiento a la figura del maestro de Lyon, y aunque él no se considerara en absoluto maestro de nada, su contribución al progreso y avance de la humanidad es impagable, al haber dejado fielmente escrito en sus obras el pensamiento de los espíritus superiores que hasta hoy permanece inalterable, no habiendo sido revocado ni por los avances de la ciencia ni de la espiritualidad.

Desafíos y respuestas de Kardec por: Antonio Lledó Flor

2020, Amor, Paz y Caridad

 

“El Espiritismo es fruto de la enseñanza dada, no por un hombre, sino por los espíritus, que son las voces del cielo, en todos los puntos de la Tierra, con el concurso de una multitud innumerable de intermediarios”.

Allán Kardec 

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