TRILOGÍA ESPÍRITA

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Trílogia espírita

El lazo que une alma y cuerpo

Vimos con anterioridad que la naturaleza del ser humano era doble, biológica y espiritual, cuerpo y alma. Pero siendo así su sustancia y realidad, esta misma está compuesta por tres elementos que la filosofía espírita de Allan Kardec explica con diáfana claridad, especificando las características y peculiaridades de cada uno de ellos; estos eran: alma, cuerpo y un tercer elemento que une a los dos anteriores y que Kardec denominó periespíritu.

En la antigüedad los filósofos griegos, con Platón a la cabeza, afirmaban que  la naturaleza del hombre era dual; es decir, estábamos compuestos de alma y cuerpo físico. Una vez el alma se retiraba del cuerpo este perdía el “ánimus” que lo sustentaba y moría. El dualismo era percibido en algunas religiones y filosofías espirituales de oriente y occidente. Sin embargo, junto a ello, los grandes filósofos y líderes religiosos hablaban también de un cuerpo intermedio entre el alma inmaterial y el cuerpo físico hecho de átomos.

A este cuerpo aparentemente desconocido Confucio en China lo llamó “cuerpo areiforme”, Hipócrates “enormon”, Pitágoras lo denominó como “carro sutil del Alma”, Aristóteles “cuerpo sutil y etéreo”, Pablo de Tarso “cuerpo espiritual”, Orígenes de Alejandría lo llamó “Aura”, Plotino “cuerpo ígneo”, etc., y en muchas religiones hinduistas y budistas se lo denominó “cuerpo astral”. Como comprobamos, lejos de ser un cuerpo desconocido, era ampliamente estudiado por los grandes pensadores e investigadores de la historia antigua.

Pero sin duda, fue Allán Kardec, el codificador de la filosofía espírita, quien desarrolló la siguiente definición y explicación de este cuerpo intermedio entre el cuerpo físico y el alma, al que denominó como peri-espíritu por ser como una membrana que rodea el alma o espíritu:

“Envoltura semi-material del espíritu (alma). En los encarnados sirve de lazo o intermediario entre el espíritu y la materia del cuerpo físico; en los espíritus liberados del cuerpo constituye el cuerpo fluídico del espíritu”

La naturaleza del peri-espíritu está a su vez formada por tres elementos que se pueden denominar como “cuerpo mental”, “cuerpo causal” y “cuerpo vital”. Es pues un doble energético y electromagnético de nuestro cuerpo físico, de carácter semi-material (moléculas materiales y espirituales que permiten la intgeracción e información entre lo inmaterial y lo material) y está regulado por varios centros de fuerza que regulan la energía y que son denominados en el argot oriental como “chakras”.

Las funciones de este cuerpo energético son de individualización (no hay uno igual a otro), organización y sustentación (se encarga de mantener la energía vital del cuerpo físico cohesionando la organización celular desde el momento de la fecundación en la célula huevo).  Y entre las propiedades que presenta, además de la irradiación, es semimaterial, invisible, expansible, hipersensible, plástico.

Las evidencias científicas de su existencia son abrumadoras; los científicos rusos lo denominaron “cuerpo bioplásmico”, Harold Saxton Bur, biológo de la Universidad de Yale (USA), lo llamó “campo electrodinamico”, el Ingeniero Hernani Guimaraes Andrade “campo biomagnético”, el genetista R. Sheldrake lo denomina “campo morfogenético”, etc.

Es importantísimo saber de su existencia, pues gracias a este cuerpo intermedio se puede producir la vuelta a la vida una y otra vez. Es una “estructura energética semimaterial que acompaña al alma inmortal y permite la reencarnación”, o como lo denominó Hernani Guimaraes, el Modelo organizador Biológico”. Siendo el periespíritu un cuerpo energético al servicio del espíritu, éste último, que es el principio inteligente del universo, es el que piensa, siente y dirige a voluntad este instrumento que le acompaña en la vida física y luego, cuando pasa al otro lado, continúa con él en la vida espiritual.

Los pensamientos y sentimientos del espíritu, así como sus acciones y creencias, condicionan la forma en que la energía del periespíritu se distribuye por todo el órganismo celular que interpenetra. De aquí se desprende que la salud o la enfermedad tienen mucho que ver con la actitud mental y emocional que mantenemos, pues en función de como son nuestros pensamientos o emociones generamos en el perispíritu energías tóxicas o saludables, con la consiguiente repercusión en el equilibrio celular y en la enfermedad o salud de nuestros órganos.

Como vemos, para comprender la inmortalidad del alma es preciso conocer este   elemento de forma más profunda, pero sin perder de vista nunca que todo está condicionado por nuestra forma de ser y de pensar.

Esto es algo que llevamos incorporando a nuestro bagaje y herencia ancestral desde que Dios crea el alma humana y que queda registrado en los pliegues profundos de nuestro periespíritu (cuerpo causal), aflorando una y otra vez de manera inconsciente cada vez que reencarnamos de nuevo. La psicología lo denomina como inconsciente profundo o memoria subconsciente. Pero ahí está todo registrado, lo que fuimos y lo que hicimos, por ello cada cual es diferente a otros,  no hay nadie igual.

Y también por ello, todo esto queda registrado en nuestra conciencia, y como adelantamos en artículos anteriores, nada escapa a nuestra conciencia, donde las leyes de Dios se hallan implícitamente registradas, de forma que en una vida o en otra, la Ley de Causa y efecto actúa devolviéndonos aquello que hicimos de bien o de mal anteriormente, a fin de procurar nuestra reeducación moral, la rectificación de nuestros errores y nuestro avance hacia la perfección relativa que nos espera; auténtico objetivo que toma realidad bajo las experiencias superadas que la reencarnación nos permite.

Además, esta envoltura semimaterial, que en definitiva constituye un segundo cuerpo además del físico, y que es usada por  el alma humana para desarrollar sus experiencias en la Tierra, le acompaña posteriormente cuando llega la fatalidad biológica de la muerte y se desprende de la materia para incorporarse en el mundo de los espíritus.

El periespíritu, como instrumento, refleja el estado más adelantado o atrasado del alma humana. Es un espejo de la misma, donde se proyecta su naturaleza moral. Si es adelantada, la vibración de las moléculas semimateriales del periespiespíritu serán altísimas y su frecuencia vibratoria rapidísima, al tiempo que su irradiación tendrá tonalidades suaves y colores brillantes. Es lo que se aprecia en los seres elevados que han encarnado en la Tierra, auras llenas de luz que a veces rodean la cabeza de la persona y son reflejadas tanto en las pinturas como en las fotografías que se les realizan.

Si se trata de almas de baja condición moral, su vibración será lenta, la densidad de las moléculas del periespíritu serán pesadas, oscuras y deletéreas, generando campos electromagnéticos tóxicos, distorsionando el equilibrio energético y celular que sustenta el órgano físico y con ello somatizando enfermedades a través de los centros de fuerza o chakras que mantienen el equilibrio energético de este cuerpo intermedio. Es “el alma negra”, pesada, mórbida y negativa que procede de los pensamientos negativos, las emociones tóxicas y las acciones degradantes y viciosas que enferman la mente y a través de la fuerza de estos elementos contaminan ese cuerpo intermedio atentando contra la salud física, mental y psicológica.

Así pues, este cuerpo intermedio se depura y purifica paralelamente al alma. Y al mismo tiempo que esta se purifica, las energías del periespíritu se vuelven más limpias, menos densas, más brillantes y más capacitadas para conectar con los planos y fuerzas de vida superior que vibran en todo el universo, impulsando, alentando y sustentando la grandiosidad de la vida física y espiritual.

Como vemos, es una urgente necesidad conocer y comprender las características de nuestra naturaleza humana, sus elementos principales y la forma en cómo se relacionan entre ellos para verificar sin duda alguna la característica inmortal de nuestra alma, que a través de este cuerpo intermedio que la acompaña siempre guarda celosamente las experiencias milenarias que le ayudarán a alcanzar su objetivo, tanto en la vida física como en la espiritual, una vez retornado a la verdadera patria del alma: el mundo espiritual.

Trílogia espírita por: Antonio Lledó Flor

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