TRANSCENDENCIA OBSESIVA

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Transcendencia obsesiva

Obsesión Encarnado a Desencarnado

Sin duda esta es la menos conocida de las obsesiones entre las personas que ignoran los procesos espirituales que las originan, e incluso entre muchos que saben superficialmente acerca del tema.

Estamos hablando de que los pensamientos y emociones obsesivas de una persona encarnada, cuando está deteriorado por una auto-obsesión propia, es capaz de perjudicar, entorpecer e incluso condicionar a aquellos que ya dejaron el cuerpo físico e intentan recapitular su última experiencia terrena para seguir progresando en el plano espiritual.

Algunas de las condiciones que más fuerzan tienen en el caso que nos ocupa y que tuvieron su origen en la Tierra mediante las relaciones entre ambas personas son: una vinculación afectiva deteriorada, egoísmo propio, carácter posesivo, manipulación o sumisión emocional o mental, etc. 

El hecho del fallecimiento de uno de los dos implicados no supone en absoluto el término de estas situaciones si el que queda en la Tierra sigue alimentándolas como hábito pernicioso en lo que tiene que ver con la relación entre ambos sujetos. Tanto es así que observamos con frecuencia personas que, ante la desencarnación de un cónyuge, un hijo o unos padres, adoptan un rol de víctima por la “supuesta pérdida” de la que son objeto.

Este victimismo impostado no es otra cosa que el egoísmo propio de aquel que, no siendo capaz de aceptar la partida del ser querido, cree sufrir la mayor de las injusticias -unas veces es Dios el culpable, otras la Vida, etc.-, siendo así que utiliza esta situación para obtener compasiones, chantajes emocionales o ventajas de otro orden de aquellos ante los que se presenta como la mayor de las víctimas por la supuesta pérdida.

Esta situación puede convertirse en algunas personas en un “deterioro de la percepción de la realidad”. Tanto es así que en algunos casos de muertes traumáticas, la exageración del amor propio y del ego les lleva a situaciones patológicas graves, y desde ese momento su vida comienza a condicionarse mental y emocionalmente en torno a la situación vivida, descuidando otras obligaciones y deberes para con aquellos que todavía conviven en la Tierra junto a ellas y ante los que tiene una responsabilidad manifiesta.

Esto se ve con frecuencia en algunos padres carentes de conocimientos espirituales y que, ante la pérdida traumática de un hijo (y después del periodo de tristeza lógico y coherente a la psique humana), convierten esta situación en un tormento, en un infierno para su propia vida, condicionando así mismo la vida de todos aquellos que, todavía con cuerpo físico, forman parte de su familia y necesitan de sus atenciones, cuidados y orientaciones que desde ese momento dejan de prestarles. Se suman en un proceso auto-obsesivo de victimismo, autocomplacencia y negación de la realidad, porque en su egoísmo buscan la compasión de los demás, a fin de satisfacer sus propias deficiencias y con ello seguir alimentando su amor propio victimista.

Pero esto no es con todo lo peor, pues en ese bucle de pensamientos y emociones desordenadas y egoístas llegan a echar la culpa al que se ha ido de su situación, enviándole pensamientos perturbadores que sin quererlo retienen y retardan la liberación espiritual del ambiente físico al que se encuentran imantados por esas emociones de llamada, de atracción, de lloros inconsolables, de desesperación manifiesta que estas personas les dirigen.

Este último aspecto puede convertirse en una auténtica obsesión, tanto es así que, si el desencarnado no tenía una personalidad formada en la Tierra y dependía en exceso del carácter del encarnado, por sumisión, por manipulación o posesión mental-emocional, tiene muy difícil liberarse del ambiente pernicioso en el que se ve envuelto por esos sentimientos perturbadores que le atan al ambiente familiar en el que se desenvolvía.

Esta es una obsesión de encarnado a desencarnado, pues la primera persona, aquella que ejerce su influencia sobre el que acaba de partir, lejos de comprender el mecanismo de desprendimiento del espíritu de la materia, le atrae hacia sí, perjudicando ese desprendimiento y con ello el proceso liberador del alma sobre el cuerpo físico, a fin de terminar de cumplir la etapa que ya cumplió en la Tierra.

Esta obsesión puede ser tan perniciosa que espíritus vinculados por enormes lazos de afecto o de odio durante varias vidas, son capaces de entorpecerse y perjudicarse mutuamente desde la Tierra al espacio. 

El pensamiento y las emociones, como energías y fuerzas que son, afectan mucho más en el plano del espíritu que con materia. Es por ello que el desencarnado, que intenta “pasar página”, se ve entorpecido notablemente a la hora de seguir el camino que le corresponde, quedando a veces imantado durante semanas, meses o años a esta atmósfera perniciosa que el familiar encarnado ha propiciado a su alrededor.

Es pues conveniente tener conocimientos espirituales para saber que una partida de un ser querido NO ES UNA PÉRDIDA sino un HASTA LUEGO. Y comprendiendo que todos, antes o después, regresamos al plano espiritual, tendremos la posibilidad de volver a ver y relacionarnos con nuestros seres queridos. 

Así pues, siempre es mejor facilitar el tránsito de aquellos que parten que no perjudicarles con nuestros sentimientos egoístas o pensamientos perturbadores. Es preciso orar por el que se marcha, desearle lo mejor en su nueva etapa hasta que llegue el momento de volvernos a ver.

Esta transcendencia obsesiva que rebasa los límites de la muerte y es capaz de perjudicar a aquellos que dejan la Tierra para partir al plano espiritual, es fruto de la ignorancia que se tiene del mundo del espíritu, de aquello que somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos.

Desde aquí volvemos, pues, a recomendar a todos aquellos que nos leen que, en la medida de lo posible, con mentes abiertas y libres de perjuicios, deben comenzar a interesarse por la filosofía y doctrina que explica a la perfección todos estos procesos. La codificación de Allan Kardec sigue hoy tan vigente como hace más de siglo y medio cuando se presentó al mundo.

Y el Libro de los Espíritus es el tratado de filosofía espiritual más preciso, clarificador y verdadero que podamos encontrar sobre todo lo que atañe a nuestra alma antes, durante y después de la muerte. Les invito a todos a estudiarlo.

Transcendencia obsesiva por: Benet De Canfield

Psicografiado por Antonio Lledó

2023 © Amor, Paz y Caridad

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