Palabras de aliento

TIEMPO PARA ORAR

¿Necesitamos tener tiempo para orar? En general, consideramos la oración como un ritual que, si no se cumple fielmente, carece de valor.

Esto viene a tenor de un comentario que escuché y que decía, más o menos: “…es imposible, con el poco tiempo de que se dispone…” Tal y como se entiende lo que es orar, en efecto, se necesita tiempo; retirarse en solitario, entrar en un templo; arrodillarse; cruzar las manos, cerrar los ojos y rezar… Un ritual.

Para rezar no es necesario dejar nuestros quehaceres y obligaciones, cuando estos nos impiden disponer de unos momentos de tranquilidad; nos basta el pensamiento, que es el lenguaje de los espíritus encarnados y desencarnados. Es rápido como el rayo, solo necesita una décima de segundo para recorrer todo el espacio. Por el pensamiento nos ponemos en comunicación con Dios  y los buenos espíritus. Cuando hacemos un ruego al Señor, o bien una oración  de gracias, diciendo: “¡Dios mío, cuídame!” O “¡Gracias, Señor, por todo cuanto me das!”, antes de pronunciar las palabras, si estas salen del alma, ya las ha proyectado el pensamiento hacia las alturas…

Cierto que Jesús se retiró al monte a orar; pero Él necesitaba elevarse hasta el Padre; se preparaba para afrontar el gran sacrificio de amor hacia sus hermanos: morir para darnos la vida eterna.

Ciertamente; el pensamiento es el lenguaje de los espíritus, y llegará el día en que entre nosotros los encarnados, al cruzarnos, nos diremos con el pensamiento: “Ve con Dios”; y se nos responderá del mismo modo: “Que Él te acompañe”. Así ocurre entre los hermanos desencarnados; pero para que esto sea posible, nuestra mente debe estar limpia y diáfana; merece la pena trabajar para asearla.

El tiempo no debe ser una excusa para orar. Dios solo desea que siempre le tengamos presente.

 

Tiempo para orar por: Mª Luisa Escrich

(Guardamar, julio de 2016).

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