Trabajo Interior

TEMPLANZA

Ya sé hablaba de la templanza, en la literatura  griega más antigua.

Platón (s. IV a C.) en el diálogo Cármides o de la templanza, dice: “La templanza es la virtud propia de la parte concupiscible (deseable) del alma y en armonía con el coraje y la sabiduría conduce al ser humano a la virtud de la justicia”.

Más tarde san Agustín (s. III d C.) en el tratado De diversis quaestionibus, dice: “La templanza es el dominio firme y moderado de la razón sobre las pasiones, y sobre los otros movimientos desordenados del alma”.

Cuando desarrollamos  la templanza, conseguimos el control sobre nosotros mismos, permitiendo que la razón guie nuestra voluntad. Discerniendo cuándo, de qué manera o cómo conviene realizar la acción que tenemos que ejecutar en cada momento, la mesura y el equilibrio nos ayuda a que en nuestras relaciones sociales, laborales y sobre todo familiares, exista una armonía que nos enriquezca y nos ayude a desarrollar el plan de trabajo con el que bajamos al plano físico con mayor facilidad.

Para poder llegar al punto del equilibrio, tenemos que desarrollar las virtudes, que son habilidades que se van adquiriendo con esfuerzo, estos hábitos se consiguen con educación, constancia y autodisciplina.

La templanzaUna de las virtudes más importantes para  dominar los instintos de la materia, es esta virtud, que modera la atracción de los placeres y apetencias procurando el equilibrio; nos permite llegar al dominio de la voluntad sobre los instintos.

El dejarnos llevar por los instintos sin control, dejando libres las inclinaciones negativas, nos perjudica sobre manera, pues en vez de elevar el espíritu lo encierra más en la materia, de manera  que lo vamos ahogando, hasta el punto de permitir que sea la materia la que domine nuestra vida, demostrando lo ignorantes que podemos llegar a ser, permitiendo que nuestras debilidades nos superen, perdiendo la oportunidad de aprovechar la encarnación presente.

Las pasiones humanas vividas en encarnaciones pasadas, son las responsables de situaciones dolorosas, que se presentan hoy en nuestras vidas, como pueden ser: obsesiones, enfermedades, carencias, contraídas por los abusos cometidos, gula, ira, sexo, etc… consecuencias todas ellas de nuestras debilidades que nos someten a una esclavitud elegida por nosotros mismos, que una vez desencarnados nos las llevamos con nosotros viviendo situaciones terribles de las que no es fácil salir.

El saber decir no a las cosas que nos gustan o nos apetecen, pero que son superfluas y no nos aportan nada en nuestro vivir diario, e incluso nos hacen perder el tiempo, nos da libertad para actuar, nos permite elegir lo que queremos hacer, mantener los deseos en los límites de la honestidad, nos ayuda a orientar los sentidos hacia el bien. Nos libera de ataduras materiales que pueden entorpecer nuestro caminar en la vida aquí en la tierra.

Desarrollando la templanza aprendemos que no todo lo que se puede hacer, se debe hacer. Nos da calma, serenidad y fortaleza para actuar con objetividad. Y en las situaciones que tengamos que rechazar, en determinados momentos placenteros, nos podamos alejar con discreción, no dejándonos arrastrar por los instintos.

Poner medida en la razón, lo necesitan los niños y los mayores, los niños no lo tienen desarrollado. Cuántas veces hemos oído decir, este niño come por los ojos, no para de pedir caprichos…; el sentido de la medida se consigue con educación, con el tiempo, adquiriendo experiencia y sobre todo con el esfuerzo personal que hacemos renunciando a nuestros caprichos. Así vamos pasando de la niñez a la juventud y de esta etapa, a la madurez, aprendiendo a dominarnos, a tener mesura y equilibrio.

En el hogar, actuando con templanza, conseguimos paz y serenidad, consiguiendo minimizar los problemas que van surgiendo por los roces que se pueden dar en la convivencia diaria de los diferentes componentes que existen en una familia. El no encolerizarse, oponerse a las contrariedades por medio de la prudencia y la serenidad, superando las rudas tormentas que puedan aflorar, se consigue crear un ambiente de entendimiento entre todos.

Controlando los sentidos nos liberamos de las ataduras materiales y dejamos actuar más al espíritu que es él, el que sabe cuál es el plan de trabajo con el que hemos venido, nos permite elevar el pensamiento acercándonos más al plano espiritual superior, y pudiendo sentir las inspiraciones de los hermanos que están junto a nosotros, que nos quieren ayudar para que aprovechemos el tiempo en la tierra y rescatar deudas del pasado

Las virtudes forjan el carácter y dan soltura en la práctica del bien, mejorar dichas cualidades, en un trabajo íntimo de transformación personal para convertirnos en personas de bien y poder ayudar a mejorar la sociedad que nos rodea.

                                                           Gloria Quel

© 2016, Amor, paz y caridad

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