Trabajo Interior

SACRIFICARSE POR UN IDEAL

Cuando nos incorporamos a una materia, todo el conocimiento adquirido de lo que tenemos que hacer se nos nubla, dando la impresión que empezamos desde cero. Mientras habitamos en el plano físico, tenemos que soportar pruebas y situaciones de sufrimiento, de esfuerzo que son más o menos dolorosas, y todas estas circunstancias nos hacen cuestionar ¿cuál es el sentido que tiene la vida?

La insatisfacción que nos provoca periodos temporales de infelicidad y sufrimiento hace que nos reafirmemos en las creencias atesoradas; si son razonables y sólidas podremos darles sentido y aceptar todas estas vicisitudes, si por el contrario, son débiles, sin consistencia, o simplemente carecemos de ellas, lo más probable es que aparezca el sentimiento de rebeldía ante las mismas.

Es imprescindible saber elegir el camino que debemos tomar en una sociedad como la nuestra, llena de egoísmos, donde los valores morales y la dignidad de las personas van desapareciendo, dando paso al “todo vale” y “mi libertad acaba donde yo quiero”, por tanto se nos abre un campo lleno de posibilidades a la hora de poder actuar. Por consiguiente, poseer unos principios morales fuertes, nos mantiene firmes y no nos deja llevar por el ambiente negativo existente, donde la caída puede hacer que nos estanquemos, siendo la recuperación posterior más difícil de realizar.

Un objetivo claro de vida nos marcará los pasos que hay que dar y, al mismo tiempo, nos ayudará a sobrellevar y vencer esos momentos de aflicción. La paciencia y la voluntad serán dos herramientas muy útiles para tenerlas de punto de apoyo ante los desafíos con los que nos podremos encontrar.

Los ideales se fortalecen con la experiencia y con el discernimiento, a través de nobles doctrinas o filosofías de vida. Sin embargo, no olvidemos que la búsqueda se origina desde nuestro interior, pues es nuestro espíritu, encerrado en la materia, el que nos impulsa a esa búsqueda de algo trascendente y superior.

Es a partir de la idea de un Creador, que rige nuestros destinos, que nos lleva a adquirir unos objetivos superiores, que según vamos cumpliendo nos llenan de alegría y gozo, sentimientos estos que nos hacen seguir por la senda elegida, conduciéndonos a una vida llena de esperanza, de trabajo, de superación, siendo estímulo suficiente para servir de forma desinteresada a nuestros semejantes; actitud ésta que irá desarrollando el amor hacia nuestro prójimo, consiguiendo poco a poco, ir eliminando ese egocentrismo que tanto nos entorpece. Esto sólo será posible con el trabajo diario, renovado, siendo sinceros con nosotros mismos, analizando nuestros sentimientos, pensamientos y acciones para mejorarlos.

La renuncia que supone permanecer en esos ideales de vida, es uno de los desafíos más difíciles para el hombre de bien. Significa un esfuerzo o concesión que realizamos en favor de alguien para proporcionarle toda la ayuda que pueda necesitar. Siempre es un acto voluntario y altruista, y sobre todo de valor espiritual, que produce alegría a quien lo hace.

El servicio fraterno que podamos hacer en favor de alguien nos ayuda a elevarnos, a olvidarnos un poco de nosotros mismos, además de restarle importancia a nuestros problemas ante los sufrimientos ajenos. Amar el bien empezando desde el hogar, poniendo en práctica los principios que deben sustentar a la familia.

En la convivencia con el grupo social y en el trabajo es donde demostramos hasta qué punto somos capaces de llevar a cabo esos principios espirituales. Cómo reaccionamos frente a las zancadillas u obstáculos de la vida; si nos retraemos ante el qué dirán, si nos derrota el primer contratiempo que tengamos… Todas estas cosas pondrán a prueba nuestras creencias y fortaleza interior.

La elección que hagamos en nuestra vida estará en función de las convicciones personales, que nos irán llevando por un camino, que con el tiempo, nos irá demostrando su consistencia, a tenor de los resultados obtenidos. La aceptación por la fe razonada y sentida, la esperanza en el porvenir, nos conduce a vivir estos ideales superiores aunque vivamos días amargos, ásperos, que nos perturban y nos hacen flaquear; incluso llegando a dudar de la utilidad de esas situaciones tan complicadas. Pero siempre encontraremos a nuestro lado amigos visibles o invisibles que nos darán un empujoncito para que salgamos de las sombras y sigamos en la lucha interna para seguir creciendo espiritualmente. Hemos de confiar en Dios para lograr los objetivos y tener la convicción de que la asistencia espiritual no nos faltará, sobre todo si nuestras acciones se realizan con el corazón. Y son los méritos que hacemos a lo largo de nuestras sucesivas vidas las que nos hacen crecer y aumentar los lazos con el mundo espiritual.

Trabajar por un ideal superior significa esfuerzo, renuncia, perseverancia, firmeza de acción…. por tanto los defectos y debilidades son los que nos impiden llevar a la práctica nuestro camino de realizaciones positivas, nos lastra a la hora de actuar. El orgullo, el egoísmo, la vanidad, la comodidad… que todavía podemos traer del pasado, nos ciegan a la hora de saber de qué forma debemos proceder hacia los demás, pues solemos mirar antes nuestras necesidades que las ajenas.

Por eso, nuestra principal lucha es la interna, sabernos con capacidad de realizar lo que nos propongamos, conseguir una fuerza interna que al primer obstáculo, no nos haga caer, y aunque caigamos no dudar del camino, sino tener la determinación de ir solventando cada obstáculo que se nos vaya presentando, en dirección al objetivo marcado; de esta forma iremos cogiendo cada vez más confianza para llevarlo a cabo y consiguiendo indudablemente la elevación de espíritu.

Si cualquier gesto de amistad o de solidaridad es menospreciado hay que saber olvidar, seguir hacia delante sin que aparezca el desánimo y seguir dando ayuda fraterna donde se necesite, desarrollando nuestros valores internos que nos harán tener mayor certeza de lo que estamos haciendo y  ganas para realizarlo.

Recordemos que es con las acciones y no con las palabras como se consigue plasmar las ideas en hechos, que demostraran si esas ideas son útiles o por el contrario muestran los desaciertos de las mismas. Anteponer a los demás por delante nuestro, es lo que nos ayuda a desarrollar el amor desinteresado, hacia los hombres, los animales, la naturaleza… El saber que el comportamiento fundado en una moral de principios superiores nos guía por la senda de la generosidad, tolerancia, de la verdad… y sobre todo del Amor.

La determinación con que decidimos seguir una forma de vida, no significa que tengamos que renunciar a todo lo que nos rodea; es decir, no hace falta llevar una vida ascética para conseguirlo. Nacemos cada uno de nosotros en el ambiente adecuado para poder realizar nuestros compromisos, así fue planificado y nos preparamos para ello.

El alcanzar un ideal de vida que nos ayude a conocer y valorar el mundo que nos rodea, a admitir ideas que nuestra fe y razón puedan aceptar porque son coherentes con nuestra forma de pensar, puede ser la ayuda que necesitamos para poder evolucionar como personas y ayudar para que nuestro corazón y nuestro pensamiento funcionen conjuntamente; esta es la mejor manera de poder llevar a cabo todas las realizaciones que tenemos para efectuar en el tiempo asignado, de estancia en la tierra.

 

Sacrificarse por un ideal por:   Gloria Quel

© 2017, Amor, Paz y Caridad

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