REFLEXIÓN A LA NAVIDAD

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Reflexión a la Navidad

Reflexión a la Navidad

Se acerca la Nochebuena. Para nosotros, los espiritistas, quizá esta fecha no tenga el significado al uso, dados los conocimientos que nos ha transmitido sobre este tema la Espiritualidad Mayor. Y en base a ellos, he reflexionado sobre el significado de la Navidad desde una perspectiva diferente. Por supuesto, no voy a entrar en cuestiones como la cronología exacta del nacimiento del Rabí galileo, a saber, si fue entre cuatro años antes, o  seis después, del que hemos tomado como «año 0». No entraré tampoco en el debate sobre el momento del año, el asunto de que no pudo ser en invierno porque los pastores estaban con el ganado en el campo. Pero, aún así, me voy a impregnar de eso que conocemos como «espíritu navideño» y voy a lanzar a los cuatro vientos mi reflexión.

¿Qué es lo que solemos hacer en estas fechas? Preparar una fiesta. Compramos alimentos y bebidas extraordinarios, que no adquirimos normalmente el resto del año. Compramos también regalos para obsequiar a nuestros seres queridos; porque la fiesta no es solo para nosotros, sino que se invita a familiares, amigos… Nos reunimos en comidas o cenas con compañeros del trabajo, con quienes, a veces, intercambiamos algún detalle también. Invitamos asimismo a nuestros vecinos a tomar una copa de champán y un pedazo de turrón en nuestro hogar…

Sí, invitamos a mucha gente a nuestra fiesta. Pero… ¿qué pasa con el cumpleañero? ¿Invitamos al verdadero protagonista de esta fiesta? Porque es Jesucristo quien cumple un año más cuando llega el 25 de diciembre. Recordemos que se celebra su nacimiento, que ‘Navidad’ viene de ‘Natividad’. Y repito, ¿lo invitamos? ¿Vale como invitación colocar un nacimiento a la entrada de nuestras casas? ¿Ponemos en nuestra mesa una silla más para que se siente con nosotros el Maestro de Galilea? Aunque solo sea de forma simbólica, ¿añadimos esa silla extra?

Quizás el meollo del asunto no esté ahí, puesto que para Él estas cosas no tienen importancia; porque Él ya está por encima del tiempo, ese tiempo que nosotros sí contamos y por el cual celebramos los aniversarios. Quizá el tema no sea invitar a Jesús a nuestra fiesta material, sino invitarnos nosotros mismos a la suya, que es mucho más trascendente, en el sentido más amplio de este vocablo. Porque Jesús, a lo que vino fue a invitarnos a una gran fiesta que ya debe tener preparada para todo aquel que quiera asistir; el único requisito es «seguirle». Y por ello la invitación, el tique de entrada, es un humilde boleto en cuyo anverso está escrita la palabra EVANGELIO, y debajo, una línea de puntos donde nosotros mismos podemos escribir nuestro nombre.

Y ahora, ¿quién se anima a escribirlo la próxima Nochebuena?

 

Reflexión a la Navidad por: Jesús Fernández Escrich

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