MIEDO A ENVEJECER

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Miedo a envejecer

Miedo a envejecer

El miedo irracional y persistente a envejecer se denomina técnicamente “gerascofobia”; son personas que aspiran a ser “eternamente jóvenes”. En algunas ocasiones va asociada al temor irracional hacia las personas de más edad, incluso con sus coetáneos; a este miedo se le denomina  “gerontofobia”.

Generalmente, la vejez se enfoca de manera negativa; a menudo es injustamente asociada con la dependencia, las enfermedades y el deterioro físico y psíquico. Aun siendo verdad en muchos casos, la ausencia de vigor físico y mental no es problema únicamente de la vejez, existen otros factores que se pueden encontrar en muchos individuos jóvenes con una existencia problemática, como son los rebeldes, los que abusan de los placeres disponibles (drogas, alcohol, sexolatría, etc.); o a los materialistas ambiciosos. Estas existencias pueden conducir hacia desequilibrios físicos y psíquicos.

Marco Tulio Cicerón, el elocuente orador y filósofo romano que vivió entre 103-43 a. C., afirmaba que había cuatro razones por la que muchos encontraban la vejez detestable:

  1. A) Distanciamiento de la vida activa.
  2. B) Debilidad de las fuerzas orgánicas.
  3. C) Privación de los provocantes placeres.
  4. D) Proximidad de la muerte.

Ahora bien, no solamente la vejez hace frente a estos acontecimientos; aun cuando son situaciones que se dan más frecuentemente en la última fase de la vida orgánica, es también cierto que en cualquier momento de la vida se pueden presentar enfermedades, accidentes, conflictos, problemas económicos y sociales agotadores que producen las mismas consecuencias.

Es en la vejez donde se ve con suma claridad el fenómeno biológico inevitable del deterioro orgánico que se lleva a cabo en todos los seres vivos. Es una etapa donde empiezan a fallar las energías. También pueden aparecer en este periodo las enfermedades degenerativas que pueden desembocar en una perturbación emocional, generando desequilibrios familiares y de relación con el entorno; se deja de percibir la sensación de utilidad hacia los semejantes, sobre todo hacia los seres más queridos. Son razones en torno del envejecimiento que provocan que muchas de las personas que van llegando a esa edad les resulte un periodo de sufrimiento y amargura; entonces muchos individuos pasan a temer el avance de la vejez, porque también se aproximan a la muerte, como si esta no pudiese aparecer en cualquier fase de la existencia.

Son muchas las personas que, llegadas a una edad avanzada, tienen miedo de seguir viviendo, ya que sienten que no les interesa lo que viven, bien sea porque han perdido sus alicientes, que ya no se sienten útiles o protagonistas, o por la pérdida progresiva de personas queridas; todo ello son golpes y sensaciones que minan poco a poco la alegría de vivir. Otro de los motivos puede ser también porque aparece la fragilidad de las energías que incluso impiden la actividad intelectual, el olvido progresivo vital -esta última por cierto, es la que más rechazo y miedo produce-; por tanto, sienten que dejan de ser útiles en su entorno familiar y social, y que cada vez son más dependientes.

El miedo al envejecimiento también tiene otras consecuencias evidentes, como son la sensación de no haber hecho todo lo que se quería, de pérdida de tiempo y oportunidades que ya no van a volver, además de una visión idealizada de la juventud; también la dependencia y falta de recursos propios que garanticen la autonomía y la toma de decisiones, o la influencia cada vez mayor de los recuerdos del pasado, más allá de lo que aún queda por vivir.

No cabe duda de que todos estos motivos tienen argumentos a favor y en contra. Evidentemente, cuando uno se hace mayor corre el riesgo de empezar a perder la memoria, la marcha natural de los hijos del hogar, empiezan a aparecer las arrugas y el deterioro físico, las energías se van perdiendo. Sin embargo, no debemos relacionar la vejez solo con aspectos negativos, ya que no se pierde la experiencia y la sabiduría que la persona puede aportar a los demás, y eso va a depender de la óptica que se utilice para encaminar la propia vida.

La tercera edad, que es como se llama también a la vejez, debe representar la máxima expresión de sabiduría del individuo, fruto del conocimiento acumulado a través de las experiencias; por lo tanto, tiene que ser un periodo para el sosiego y la paz de espíritu.

Otro motivo de este miedo puede ser los mensajes que transmiten los medios de comunicación, especialmente las empresas publicitarias, sobrevalorando la belleza y la juventud y arrinconando la madurez, ensombreciéndola o ignorándola.

El envejecimiento muchas veces va unido a una soledad no deseada, que puede generar problemas de salud psicológica. Sería de ciegos no comprender que es un periodo que puede llegar a ser difícil, porque la dependencia física, emocional y afectiva se hace necesaria en muchas personas que llegan a ciertas edades muy avanzadas.

Por otro lado, es común relacionar el mal humor a la vejez, como si fueran ellos los únicos que fueran mal humorados. Cuántas veces a lo largo de la vida se pueden encontrar personas de todas las edades que en sus diferentes épocas existenciales están rebeldes, son antipáticos o tienen mal carácter; siendo que en muchas ocasiones son los propios familiares quienes proyectan su mal humor hacia ellos, porque se sienten cansados de tenerlos, llegando a menospreciarlos, incluso con adjetivos lamentables e injustos; esta actitud de desprecio y agresividad hace que los ancianos se vean empujados a reaccionar de forma negativa para defenderse, mostrando su mal humor.

Sin duda, existe la paradoja de que muchos hombres y mujeres en edad avanzada siguen trabajando en pro de ellos mismos y de la sociedad, mientras que jóvenes hastiados ya de la vida son incapaces de trabajar para ellos mismos y mucho menos aportar algo a la misma sociedad. Por lo tanto no se trata de edad, sino de la disposición de tener una vida interior rica, tener ganas de vivir y de involucrarse en los retos que se presentan continuamente en la vida; y esto se consigue teniendo una alimentación sana, pensando siempre en positivo, con lecturas enriquecedoras, con actividades saludables y en pro del prójimo; todo esto ayuda a llegar a la vejez y vivirla con ilusión y ganas de seguir adelante.

Por lo tanto, en cualquier periodo de la existencia hay motivos para enseñar, para compartir y ayudar con la experiencia acumulada con los años; también para seguir aprendiendo, sintiendo curiosidad sana por descubrir y hacer nuevas cosas que quizás la vida laboral y familiar no lo haya permitido hasta ese momento.

Por todo ello, llegar a la ancianidad es algo inevitable pero hermoso. Debe sentirse afortunado el que lo logra, habiendo pasado por arduas batallas a lo largo de la vida y por experiencias más o menos difíciles; de solventar dificultades, de resolver desafíos, en batallas ganadas que han aportado sabiduría y crecimiento humano y espiritual.

La vejez suele ser el resultado de como se ha vivido, de la conducta a lo largo de los años, la naturaleza de los pensamientos y sentimientos alimentados, la mayor o menor proyección hacia los demás; todo ello conforman los recuerdos y condicionan la última etapa de la vida, preludio de la siguiente etapa, la más importante, el retorno al mundo espiritual de donde procedemos.

Saber envejecer es la obra maestra de la vida, y una de las cosas más difíciles en el arte dificilísimo de la vida”. (Henri-Frédéric Amiel)

Miedo a envejecer por: Gloria Quel

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