REENCARNACIÓN

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OLVIDO DEL PASADO (4)


Como fue explicado al exponer el proceso psicológico del olvido del pasado, el ser encarnante comienza la nueva vida con un cerebro virgen, como un libro en blanco. Y a través de su vista y su oído, comienza lentamente a distinguir y conocer su nuevo ambiente. Y a medida de su crecimiento, va surgiendo

paulatinamente del subconsciente, su capacidad, manifestándose en forma de aptitudes y tendencias, las cuales suelen denominárseles: inclinaciones congénitas.


La facilidad con que unos niños aprenden ciertas materias en el colegio y la dificultad de ciertos otros, es el resultado de adquisiciones anteriores grabadas en el subconsciente, que comienzan a aflorar en una mayor facilidad de aprendizaje. Y así podremos comprender el origen de esos “niños prodigio”, que son el asombro de muchos.

El genio es un largo e inmenso esfuerzo en el orden intelectual; y la bondad es conquistada en una lucha secular contra las pasiones y atracciones inferiores, y en las vidas de dolor, en las cuales el alma se purifica y sensibiliza.

¡Quién pudiera quitar a los hombres esa venda que hace enaltecer en demasía cada vida, otorgándole el cariz de única y de inigualable! El culto a la vida material, además de retardar grandemente el progreso del Espíritu, crea en el individuo angustia y temor a la llamada muerte. Y de aquí, ese correr loco hacia los placeres de los sentidos o apego excesivo a las cosas materiales.

NIÑOS PRODIGIO

El siglo XVI nos ha dejado el recuerdo de un poliglota prodigioso: Santiago Chrichton, que Scaliger o Escaligero (José Julio) denominaba: un “genio monstruoso”. Era escocés, y a los 14 años, había conquistado el grado de maestro. 

El joven Van del Kerkhoeve, de Brujas (Bélgica) que, falleció a los 10 años y once meses (12 de agosto 1873) dejando 350 pequeños cuadros, de los cuales, algunos -dice Adolfo Siret, miembro de la Academia Real de Ciencias, Letras y Bellas Artes, de Bélgica (en su Dictionnaire Historique des Peintres des Toutes les Ecoles)- “habrían podido ser firmados por Díaz (Gumersindo), Salvador Rosa, Corot, Van Goyen.

Guillermo Hamilton (1788-1856) estudiaba el hebreo ya a los tres años de edad, y a los siete años poseía conocimientos más extensos que la mayoría de los candidatos a la Agregación, era la admiración de cuantos le rodeaban, hasta el extremo de que un astrónomo irlandés decía de él:  «Yo no digo que será, digo que es el primer matemático de la presente época ».

Alfredo Trombetti, el célebre «Pico de la mirandola», hijo de una familia boloñesa, pobre. Aprendió el francés y el alemán en la escuela primaria tan rápido, que al cabo de dos meses leía a Voltaire y a Goethe. Aprendió árabe, con sólo leer «La vida de Abd-el-Kader», escrita en dicha lengua. A los doce años aprendió solo y simultáneamente, el latín, el griego y el hebreo. Después siguió estudiando lenguas vivas y muertas, y se asegura que llegó a dominar más de 300 idiomas. Fue profesor de filología hasta su muerte.

Y por último, citaremos al famoso niño español, Pepito Arriola (José Rodríguez Arriola), nacido en Betanzos (Coruña) en 1896. Cuando aun contaba dos años, repitió en el piano una jota que acababa de escuchar a su madre, y poco después era presentado en un concierto en Madrid. 

Escuchemos el relato de su madre, cuando el Dr. Charles Richiet, de la Academia de Medicina de La Sorbona, lo presentó en la asamblea general del Congreso Internacional de Psicología, de París, en 1900: «El niño tenía, poco más o menos, dos años y medio, cuando descubrí por primera vez, y fue al azar, sus actividades musicales. En dicha época -dice la madre- un amigo mío me envió una de sus composiciones, la cual me gustó tanto, que muy a menudo la tocaba al piano. Es probable que el niño prestase atención, pero yo no me apercibía de ello. Un día por la mañana, oí tocar en el piano desde mi aposento, aquel mismo aire, pero con tanto dominio y ajuste, que quise saber enseguida quién era el intruso que se permitía tocar el piano en mi casa.»

«Entré en el salón y vi a mi pequeñuelo, solo y tocando el mismo aire. Estaba sentado en su asiento elevado, en el cual se había encaramado sin ayuda, y al verme, se echó a reír diciéndome: ¿toco, mamá? Creí que había allí un milagro.

A partir de aquel momento, el pequeño Pepito se puso, a tocar sin que le diera lecciones, tanto los aires que yo tocaba, como los que él mismo inventaba. Muy pronto fue bastante hábil, sin que pudiera decirse que hiciera milagros; para poder, el 4 de diciembre (1899), cuando todavía no había cumplido los tres años, tocar ante un numeroso auditorio compuesto por músicos y por críticos. El 26 de diciembre, o sea, a los tres años y doce días, tocó en el Palacio Real de Madrid, ante el rey y la reina Madre. Aquel día tocó seis composiciones musicales de su invención, que fueron bien recibidas.»

«No sabe leer ni escribir todavía, trátese de música o de alfabeto; pero, a veces, se divierte escribiendo aires musicales, bien entendido que esta escritura no tiene ningún sentido.»

Nota: Continúa el informe, pero dado su extensión, no lo incluimos completo.


SEBASTIAN DE ARAUCO
Nota: Publicado en Amor paz y caridad Nº 20 febrero 1984 del libro “3 enfoques sobre la reencarnación”