Valores humanos

RECOMENZAR

“Amad a vuestros enemigos, porque si amáis a los que os aman qué mérito tendréis, también hacen eso los pecadores.”

Esta fue una de las grandes enseñanzas que nos dejó el gran Maestro Jesús, y que en muchos casos todavía hoy constituyen una asignatura pendiente para la gran mayoría de los seres humanos que poblamos el planeta. Sin embargo, las enseñanzas que nos legó este embajador del cielo en la tierra, el más grande maestro que ha encarnado en nuestro mundo, no son para leerlas y observar cuán grandes son sus enseñanzas y ejemplos o cuánta sabiduría rebosan esas palabras. Al igual que los mensajes del espiritismo y de otras religiones y conceptos espirituales, son enseñanzas para llevarlas a la práctica y para vivir las experiencias que nos hagan progresar más rápidamente.

En efecto con estas enseñanzas tenemos siempre a nuestro alcance un baremo para que podamos comprobar nuestro estado espiritual, y si en verdad estamos dando pasos en el camino espiritual y, por tanto, progresando moralmente, que es en gran parte a lo que venimos a este mundo con una materia. Si no llevamos las palabras del evangelio a la práctica, poco estaremos adelantando y por eso mismo estaremos contrayendo una gran responsabilidad de nuestros actos en la tierra, es por eso que he elegido este artículo en este principio de año, para que hagamos repaso de aquellas cuestiones que podemos tener pendientes y de este modo hacer un serio compromiso de empezar el año con una serie de objetivos encaminados a no dejar que sigan siendo asignaturas pendientes temas de importancia como guardar rencor, odio u otro tipo de sentimientos hacia alguna persona.

No podemos permitirnos el lujo de mantenernos así por más tiempo ya que son 20 siglos los que han pasado desde que el Maestro pasó por la tierra y hemos tenido tiempo suficiente para madurar y para poner a nuestra alma en condiciones de no poder admitir en su interior este tipo de sentimientos. Sentimientos que son de una bajeza tal que todo aquél que los posea no puede decir abiertamente que sustenta esta o aquella ideología. Lo mismo ocurre con el aspecto de la caridad y del perdón; si a estas alturas y conociendo además la proximidad tan cercana del cambio de ciclo que va a experimentar nuestro mundo convirtiéndose en mundo de regeneración, no podemos seguir albergando en nuestro interior rasgos de egoísmo, de orgullo, de soberbia, etc…, porqué entonces estamos demostrando que no hemos entendido el valor de las enseñanzas y que no hemos puesto el empeño suficiente en doblegar estos defectos tan graves, a cambio de poder vestir nuestra alma de esos valores humanos tan preciosos como lo son la caridad, el perdón y la humildad.

Si pertenecemos a cualquier ideología espiritual hemos de demostrarlo con las obras y con nuestro comportamiento diario. No se puede estar siempre diciendo lo mismo, que hay que ser buenos, que este libro dice esto, que la reencarnación nos explica el porqué de tantas cosas, no, no se puede seguir hablando y enriqueciéndonos de conocimientos porque entonces corremos el grave peligro de estancarnos sin llevarlos a la práctica, de caer en la rutina y en la monotonía y llegar incluso a aburrirnos, con lo cual estamos a un paso de abandonar aquellas primeras inquietudes e ilusiones, en dejarnos abatir por la parte material que tan fuerte está en nuestros días.

Es preciso que nos mantengamos activos, teniendo cada día un porqué, un objetivo, una ilusión, una razón de vivir, y estas cuestiones las tenemos dentro de nosotros mismos, con la reformas de nuestro ser interno tenemos una fuente inagotable de trabajo para no aburrirnos nunca, porque se trata de ir perfeccionándonos día a día, tratando de dar mañana un poquito más de lo que he dado hoy, de tener más paciencia, más delicadeza, más comprensión, más caridad, más amistad, más amor… en definitiva menos egoísmo y más fe en la vida espiritual en la que tanto decimos que creemos, y de la que tanto hablamos.

Por eso al comenzar un nuevo año puede ser un momento apropiado para situarnos, como en una rampa de salida, cogiendo más ilusión que nunca y proponiéndonos conseguir nuevos objetivos y metas que tenemos pendientes. Es un momento ideal para plantearnos un reto a nosotros mismos, diciéndonos: sí, un año más voy a empezar, pero no un año cualquiera, este va a ser mejor que los anteriores, porque tengo más experiencia, más fe y más ganas de triunfar en todas aquellas cuestiones espirituales de las que todavía carezco, es el momento de redoblar esfuerzos, es época de decir sí, voy a perseverar y me voy a mantener en plena forma porque no me  olvido del por qué y para qué estoy aquí, y de lo mucho que puedo hacer a favor de mis semejantes y de mí mismo por contrapartida.

En la perseverancia vamos a encontrar la clave de no caer en ese estancamiento tan peligroso que mencioné anteriormente, y en la renovación de las metas y objetivos que han de ser nuestro caballo de batalla diario. Es mucho lo que aún nos falta por conseguir, así como es mucho lo que hemos venido a ofrecer por tanto iniciemos una nueva etapa en la que dejemos atrás todo tipo de barreras e impedimentos que nos hayan podido impedir que realicemos ciertas cosas, que no hayamos podido tener la suficiente amistad con otras personas, pensemos que en la amistad está una parte importante de nuestro éxito en la tierra y comencemos a reparar errores que podamos haber cometido.

Comencemos a poner las enseñanzas en práctica dejando en un segundo plano la parte teórica, en el sentido de que esa ya la hemos adquirido pero ¿tenemos la práctica?

Recomenzar por: Fermín Hernández

1997 © Amor, paz y caridad

              

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