Trabajo Interior

PROGRESO Y FE

En el libro, el evangelio según el espiritismo capítulo XIX punto 12,  dice: “La fe en el hombre es el sentimiento innato de su destino futuro; es la conciencia que tiene de sus facultades inmensas,  cuyo germen fue depositado en él, primero en estado latente, y que debe hacer germinar y crecer por su voluntad activa.”

El Padre al crearnos, nos dota con todos los valores morales que están latentes en nuestro  interior, imprescindibles para llegar en el futuro a la perfección. Estas cualidades que tenemos en germen, están esperando para ser desarrolladas a lo largo de nuestras encarnaciones sucesivas, con nuestro trabajo personal, perseverante y voluntarioso. Entre esas cualidades tenemos la fe.

Está la fe humana y la espiritual. La primera, es la confianza en nuestras propias fuerzas con capacidad de  realizar y conseguir todo lo que nos propongamos. Es una fe fuerte que nos hace ser persistentes en nuestros objetivos, consiguiendo que utilicemos todas las herramientas internas que tenemos para salvar cualquier obstáculo, dificultad o entorpecimiento que se nos presente.

La segunda, fe espiritual, la entendemos como la creencia innata en la existencia de un Ser Supremo que ni podemos ver, ni podemos tocar con nuestros sentidos materiales, pero si lo podemos percibir como un sentimiento íntimo que nos embarga de esperanza en el futuro. Ese Ser Supremo es Dios, al que consideramos nuestro Padre, y nos proporciona posibilidades ante el porvenir.

Por eso, si teniendo la fe en nosotros mismos, además tenemos la fe espiritual, nos impulsará con más fuerza a desarrollar nuestras capacidades internas, pues nos conducirá con mayor facilidad para conseguir alcanzar las metas que nos propongamos, tanto a nivel material como espiritual.

La fe es un sentimiento que crece dentro de nosotros,  su desarrollo se realiza  por medio del aprendizaje, porque este atributo no es innato, es un talento depositado dentro de nosotros que tenemos que ir ampliando. Se desarrolla y se consolida por medio del razonamiento, de la reflexión de las situaciones que vamos viviendo y comprendiendo, a lo largo de las vidas materiales por las que vamos pasando. Nos hace llegar a la certeza absoluta de la existencia de un Padre Superior que nos ama tanto que nos encamina hacia la cumbre espiritual, que es  nuestro destino final. Depende sólo de cada uno de nosotros que el trayecto sea más largo o más corto, está en función del interés y esfuerzo que estemos dispuestos a desarrollar.

Para unos el aprendizaje es más rápido que para otros, por eso unos cuando vuelven a encarnar parece no les haya costado conseguirla; pero eso, lo que demuestra es que han aprovechado el tiempo y traen un progreso realizado en sus vidas pretéritas. En otros casos la pereza, desinterés y sobre todo el orgullo les impide aceptar a ese Ser Supremo que no se puede ver, ni tocar.

La fe puede ser de diferentes formas: la fe ciega, la fe dogmática y la fe razonada.

En el Evangelio según el espiritismo, capítulo XIX, pto 6, a la fe ciega la define como: “No  examinando nada, acepta sin comprobación lo mismo, lo falso que lo verdadero, y choca a cada paso contra la evidencia y la razón; empujada hasta el exceso, produce el fanatismo”.

La segunda, la dogmática, puede causar grandes perjuicios, pues se aceptan postulados estrictos sin discernimiento, sin poner en duda si son correctos o incorrectos, pueden llegar hasta extremos de fanatismo provocando el sufrimiento de los demás para mantenerlos. Siempre anteponen la ideas a las personas.

Sin embargo, la fe razonada que es firme y justa, se apoya en los hechos y en la lógica, por lo que un precepto es aceptado cuando se ha comprendido, y pasa todos los filtros de la razón sin puntos de contradicción, manteniéndose  inalterable a lo largo de toda la humanidad. Además predispone a tener una mente abierta a cualquier conocimiento nuevo, pero siempre atentos de no aceptar ninguna mentira o ilusión.

La fe espiritual es la que creyendo en el mañana, quiere llenar su vida de nobles acciones de crecimiento, dirigidas a los demás, con actos positivos, con cambios internos de mejoras en su interior, llegando poco a poco al perfeccionamiento moral

Nos invita al trabajo, al esfuerzo, al deseo de alcanzar metas y prosperar. En la obra “Los mensajeros espirituales”, de Cándido Xavier; Telesforo afirma: “la reverencia al Padre, la fe y la voluntad son expresiones básicas de la realización divina en el hombre, pero no podemos olvidar que el trabajo es una necesidad fundamental de cada espíritu.”

Ésta va progresando en la medida del esfuerzo que realizamos en las anteriores existencias y en la presente, La conquista intelectual nos da el discernimiento para ir resolviendo de forma positiva los problemas, dificultades o  sufrimientos que vayamos encontrando. Su crecimiento estará en función de nuestro adelanto espiritual, y en consecuencia se nos irán presentando pruebas, siempre a nivel de nuestras necesidades. Y será nuestra voluntad la que nos servirá de motor para conseguir llevar a buen término los compromisos y responsabilidades adquiridas; sintiendo la tranquilidad de conciencia por el deber cumplido, tarea realizada que nos llena de alegría.

Nos da la firmeza de saber que el Padre siempre es justo con sus hijos, presidiendo nuestros destinos,  proporcionándonos la ayuda que cada uno necesita en las diferentes situaciones y lo que precisamos para nuestro progreso. Por ello es necesario sembrar en nuestro foro interno una fe superior, inquebrantable pero siempre razonada.

Vivimos en una sociedad materializada, donde te va conduciendo, si te dejas llevar, por caminos de insatisfacción que te desvían del propósito trascendente de la vida, haciendo perder la fe a muchas personas. Por poner un ejemplo, el colectivo médico dice que jamás la humanidad contó con tantos desequilibrios psíquicos, tanta insatisfacción o vacío interior, como en estos días. El abuso de drogas, alcohol o sexo es buscado para conseguir un bienestar interior que no tienen. La lucha por conseguir riquezas, posición, fama les crea ansiedad, inquietud, lo cual les lleva a un comportamiento fuera de las más elementales normas morales de convivencia. Estos estados de vacío provocan que el egoísmo se incremente, por tanto la atención a la familia, a los amigos se reduce ostensiblemente; las necesidades que podemos subsanar a nuestro alrededor nos pasan inadvertidas.

La deriva que lleva este comportamiento es además un reclamo, por ley de afinidad, a los hermanitos negativos que nos inducen a mantenernos en estos comportamientos nada recomendables, consiguiendo que desperdiciemos la encarnación presente; aumentando las deudas a rescatar en el futuro.

Pensemos que toda persona puede pasar por ciertas situaciones o pruebas de sufrimiento, que nos pueden llevar a la desesperación, si no sabemos confiar en Dios. Si Él es todo Justicia, todo Bondad y todo Amor, debemos comprender que no dejaría pasar tales hechos, si no tuvieran algo de educativo para nosotros.

Como dijo el Maestro a sus discípulos: “El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza que tomó un hombre y lo sembró en su campo. Es ciertamente más pequeña que cualquier semilla, pero cuando crece es mayor que las hortalizas, y se hace árbol, hasta el punto de que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas.”  Mateo 13, 31-32

Este sentimiento cuando es sincero y auténtico se muestra siempre sereno; ante las dificultades, el sufrimiento, la contrariedad…aprendemos a esperar, a tener esperanza en el porvenir y que todo  tiene su razón de ser, su por qué  y para qué. Aprendemos a no considerar los obstáculos como castigos, sino que son oportunidades de progreso que tenemos que aprovechar; y comprender que nuestra transformación íntima empieza por darse a los demás. Esto nos ayudará a luchar contra el egoísmo, el orgullo, la vanidad que son lastres que no nos dejan ver todas las capacidades internas que puestas en marcha nos empujan al progreso.

En Mateo 17:20 Jesús dijo: “Les aseguro que si tienen fe tan pequeña como un grano de mostaza, podrán decirle a esta montaña: “trasládate de aquí para allá”, y se trasladará. Para ustedes nada será imposible.”

Si buscamos nuestro apoyo en el amor, la fe y la caridad como guías de nuestras acciones, tendremos mayor oportunidad de que nuestro progreso sea más rápido y cumplamos la mayoría de las promesas realizadas antes de tomar materia,

Fe es la fuerza que nace con la propia alma, certeza instintiva en la Sabiduría de Dios, que es la sabiduría de la propia vida. Utilizando conscientemente de semejante energía, es posible suprimir largas curvas en nuestro camino de evolución.

(Pensamiento y Vida, Cap. 6) Emmanuel por medio del médium Chico Xavier.

                                                                                                                                     Progreso y fe por:    Gloria Quel

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