Editorial

PERSEVERANCIA, ATENCIÓN Y DETERMINACIÓN

La editorial del mes pasado estaba dedicada fundamentalmente a dos conceptos imprescindibles y necesarios para todos aquellos que desean buscar la felicidad interior y el progreso aquí en la tierra. Nos referíamos a la importancia del conocimiento de uno mismo por un lado; y por otro explicábamos que la dicha y la felicidad, presente y futura, depende exclusivamente de un aspecto: el grado de perfeccionamiento moral.

Detallábamos como un axioma ineludible que el sufrimiento es directamente proporcional al grado de imperfección de nuestra alma; tanto es así que esta regla universal no sólo nos afecta aquí en la tierra, sino fundamentalmente cuando traspasamos la línea de la muerte biológica y accedemos a la vida espiritual.

A mayor perfeccionamiento moral; a menor egoísmo, envidia, concupiscencia, materialismo, etc.. nuestro espíritu es capaz de elevar su frecuencia vibratoria y atraer permanentemente pensamientos, sentimientos y acciones afines. Esto es pura ciencia; en el sentido de que nuestros pensamientos y acciones son energías que vibran en determinadas frecuencia de onda, y que por afinidad conectan con otras que les son similares. El cultivo de pensamientos de bien y sentimientos ennoblecedores, modifica nuestro paisaje mental; y como ya están demostrando los neurólogos y psicólogos, del control y orden de nuestros pensamientos y emociones dependen no sólo nuestra salud psicológica sino también el bienestar físico y mental.

Lo mismo sirve a la hora de sintonizar con otras entidades del mismo registro vibratorio que se encuentran en el plano espiritual; con ello, somos asistidos, auxiliados y protegidos si nuestra condición moral vibra en el bien, mientras que nos vemos rodeados de perturbación si nuestros pensamientos y acciones viven enfrascados en las adicciones materiales, las pasiones, los vicios o los defectos que nos imantan al materialismo embrutecedor.

Una vez comprendida esta realidad, que se presenta de forma automática en nuestras vidas, es preciso comprender cuál sería la mejor actitud psicológica para enfrentar el conocimiento personal y nuestra reforma interior. Y en este sentido hemos de mencionar algunas herramientas, a disposición de todo ser humano, que nos ayudan mucho en este trabajo tan arduo (el más difícil que existe) como es el conocimiento de nosotros mismos.

Con frecuencia, todos aquellos que anhelamos superarnos moralmente y crecer espiritualmente, solemos afligirnos al comprobar que cometemos errores de la misma naturaleza una y otra vez. En este sentido nos hacemos conscientes de nuestra propia imperfección y de lo difícil que es esta labor. No obstante en este sentido lo importante es “darse cuenta”. Es este darse cuenta, lo que nos faculta para estar sobre aviso la próxima vez; a fin de que llegado el momento tomemos el control de la situación y tengamos la reacción precisa que nos ayude a superar el error reincidente.

En este eterno camino de búsqueda de la perfección interior y del conocimiento de uno mismo, son muy importantes la perseverancia, la atención y la determinación (voluntad). Es beneficioso perseverar en nuestra actitud de cambio hacia el bien; a pesar de que la comprensión de nuestra naturaleza imperfecta  intente abatirnos el ánimo y llevarnos a la depresión, e incluso  a la equivocada idea que a veces alimentamos: “no puedo cambiar”. Todo cambia en el universo; todo se transforma, y el hombre todavía más, pues tiene los recursos para hacerlo, necesitando únicamente paciencia y voluntad.

“Con todas las fuerzas en contra, perseverar. Jamás doblegarse. Mostrarse fuerte atrae el auxilio de los dioses”  Goethe

La segunda herramienta que debemos estimar y mantener siempre vigilante es la atención. Vivimos en una sociedad donde la prisa, el dejarse llevar por el momento y las circunstancias que nos rodean, nos llevan a la distracción de nuestros objetivos espirituales, pues impiden que centremos nuestra atención en lo que es verdaderamente importante para nuestro ser interior.

Así pues, la atención a nosotros mismos, como explicábamos en la editorial del mes pasado, es un objetivo prioritario para alcanzar la comprensión de aquellas cosas que son importantes en nuestro carácter y que el tiempo nos permitirá superar. Un auto análisis diario sobre nuestras debilidades e imperfecciones, que a veces se manifiestan a través de los errores y el daño que infringimos a los demás (muchas veces inconscientemente, pues no nos damos cuenta) es importantísimo.

Pongamos un ejemplo: si yo no soy consciente de mi amor propio, y ante la más leve insinuación por parte de otra persona de una equivocación cometida por mí, reacciono con violencia…. he de focalizar mi atención en esta imperfección que me granjeará muchos disgustos, e incluso enfrentamientos con mis semejantes.

“Si cambias la forma en que miras las cosas, las cosas a las que miras cambian”    Wayne Dyer – Psicólogo

Una tercera herramienta a nuestra disposición es la determinación para el cambio; para la transformación interior, y para el esfuerzo que ello supone. Ante la realidad de la imperfección moral que, de una u otra forma todos tenemos, hemos de determinarnos para enfrentar ese conocimiento con humildad; sabedores de nuestra limitada evolución espiritual, y por ende, la necesidad de conocernos espiritual e internamente para corregir aquello que hacemos mal.

La actitud correcta, a pesar de los errores, es la de levantarse una y otra vez, mejorando nuestro estado de ánimo sin abatimientos y permaneciendo atentos a nuestras equivocaciones. Si hacemos esto con auténtica intención por mejorar, recibimos el auxilio y la ayuda de aquel que nos acompaña, el guía espiritual que todos tenemos, y que, como un auténtico maestro, intentará educarnos espiritualmente señalando con delicadeza aquellas cosas que debemos mejorar; ampliando de ese modo la visión y comprensión de nuestra propia realidad, e indicando el camino cierto que debemos recorrer en nuestra renovación moral para crecer espiritualmente y encontrar el equilibrio, la armonía y la paz interior que conduce a la felicidad.

El trabajo, la lucha y la superación personal son cuestiones inevitables, que tienen como recompensa la dicha y la paz interior, la felicidad presente y futura; las nuevas realidades de luz y claridad y de entendimiento de la verdad de la vida. Y además, todo ello ha de realizarse con paciencia; bien denominada como “ciencia de la paz”; porque es este el sentimiento primordial que inunda nuestra alma cuando conquistamos esa virtud tan preciada e inexistente hoy día, en la sociedad de la competencia, la prisa y la alienación mental en que vivimos.

Taras morales que, durante años o siglos, formaron parte de nuestro carácter y personalidades múltiples en las diversas existencias vividas, son difíciles de erradicar de la noche a la mañana; pero, “una atención consciente en una existencia consciente, facilitan mucho el camino para corregir muchas cosas en muy poco tiempo”; aplicando la voluntad de mejorar y el esfuerzo por superar las malas inclinaciones de nuestro carácter.

Pongámonos a ello, pues no sólo nos beneficia enormemente y nos permite construir un futuro feliz y venturoso; sino que en el presente mejora nuestras relaciones con nuestro prójimo, nos eleva por encima de la ceguera material, nos otorga la serenidad interior y la paz, fortaleciéndonos enormemente con cada conquista, al poner a prueba nuestra fe y nuestra capacidad de cambiar a mejor.

Antonio Lledó Flor

©2016, Amor, paz y caridad

“El triunfo del verdadero hombre surge de las cenizas del error”  Pablo Neruda – Poeta

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