Leyes Universales

PALINGENESIA (II)

  El egoísmo y las pasiones humanas, son precisamente los factores que más retrasan o retardan el proceso evolutivo del Espíritu. Son las que nos obligan a venir muchas y muchas veces para restablecer el equilibrio violado en una o más vidas de error. De aquí, la necesidad, la imperiosa necesidad de superar esos
aspectos negativos que nos mantienen atados a la rueda de las reencarnaciones penosas; de actuar siempre dentro de la ley del Amor y los dictados de la Conciencia.
 
  Como conocemos ya, la vida humana, cada una de las vidas humanas tiene un objeto, un programa a realizar. Y esto, necesario es tenerlo bien presente, para que, en los momentos difíciles, nos sobrepongamos a esas dificultades o vicisitudes, a fin de avanzar un paso más en el camino del progreso hacia la perfección, que es la meta libertadora de las encarnaciones en los mundos de vidas dolorosas.
 
 Cada una de las vidas humanas o encarnaciones, es una oportunidad que la Ley del Amor proporciona al Espíritu para su progreso. Desperdiciar esa oportunidad, como hacen algunas personas, es el mayor error en que suele incurrir el ser humano.
 
  Si bien es verdad que todo progreso requiere esfuerzo; pero, sólo por el propio esfuerzo podremos progresar. Y aquí, volvemos a hacer hincapié en:
 
¡¡¡ NO NOS ENGAÑEMOS CON ESPEJISMOS !!!
 
  Aquellas personas destacadas en nuestro mundo por su inteligencia, sabiduría y bondad, son la personificación de espíritus que han llegado o están llegando a la fase de la madurez espiritual que hicimos referencia. Son espíritus más viejos que los que animan la personalidad del hombre vulgar y corriente; y han vivido y aprendido más, se han desarrollado más en las múltiples vidas desde remotas edades.
 
  Las experiencias que el Ego adquiere, que el Espíritu realiza como encarnado, en la superación de las tentaciones, pasiones e imperfecciones humanas, le proporcionan sabiduría y poder, que le permiten avanzar en el empinado camino de la evolución y liberarse de las encarnaciones penosas.
Aquellos de nosotros que no hemos alcanzado todavía ese progreso, determinémonos a aprovechar la oportunidad que la Divina Providencia nos ha ofrecido, para realizar en la vida presente, el máximo de progreso que las circunstancias nos permitan.
 
  Como conocemos ya, por el estudio de la lección anterior, todos venimos a la vida física a cumplir un destino. Todos encarnamos con un propósito, con un objeto definido, con un programa a realizar, que rara vez el individuo identifica, por falta de atención al llamado de la Conciencia superior, a los clamores de su realidad espiritual. Y esto acontece en los individuos poco evolucionados aún que, ante la presión del mundo en que se desenvuelven, de su medio ambiente circundante, se dejan arrastrar por las pasiones en sus diversos aspectos.
 
Todo destino es el resultado de un programa trazado en el plano extrafísico antes de encarnar. Y ese programa o destino, será siempre en relación al pasado y a la necesidad de progreso y evolución del ser reencarnante y su capacidad para desarrollarlo. Esto es como norma general.
 
  En los seres más evolucionados, ellos mismos programan y confeccionan su destino antes de encarnar, de acuerdo con su propósito y su ansia de progreso; no así los menos evolucionados, cuyo programa es confeccionado por los maestros kármicos, de acuerdo con la Ley y a los méritos y deméritos de sus vidas anteriores; pero, aceptado y a veces solicitado, por el reencarnante. Esos maestros kármicos son seres espirituales superiores, de sabiduría y amor, dedicados a la tarea de los renacimientos. Así pues, esos destinos dolorosos que a veces apreciamos, son determinados por la Ley de Consecuencias, en concordancia con hechos delictivos realizados por los mismos afectados; destinos que ellos mismos aceptaron para liberarse del suplicio en que se hallaban en el bajo astral, en el que habían caído después de la muerte física. Porque, necesario es conocer que hay un gran número de almas que por sus hechos delictivos, sus acciones de maldad, sufren horrendamente en el ambiente en que se hallan, y están dispuestos a encarnar en cualquier cuerpo por tarado que sea, con tal de salir del tormento, de huir de los sufrimientos que corroen su alma. Por ejemplo, los torturados por fuertes remordimientos sólo pueden huir de sus pesadillas, reencarnando para rehabilitarse. Y lo hacen con ese propósito, aceptando el destino que la Ley les impone. Mas, esta imposición no es despiadada ni como castigo, sino como rehabilitación amorosa.
 
  Y a este respecto, hemos de aclarar que, el dolor es un factor evolutivo, concepto este incomprendido por falta de conocimiento verdadero.
 
(continuará)
 
SEBASTIAN DE ARAUCO
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