Leyes Universales

OBSESIONES

Entre los diversos aspectos que influyen en la vida de las personas, la obsesión, en sus diversos modos y manifestaciones, es uno de ellos.

Y siendo tan generalizada y frecuente en nuestro mundo actual, por su atraso evolutivo, necesario es dar a conocer algunos de sus aspectos, así como su origen causal, manifestaciones y consecuencias. Es uno de los grandes escollos e inconvenientes para los sensitivos, especialmente en el comienzo de alguna de las modalidades de la mediumnidad.

Necesario es advertir que, ello se debe principalmente, a la condición moral y kármica del sensitivo afectado.

Si bien todo sensitivo está más expuesto a las influencias de los seres del astral, la sintonía vibratoria, consecuencial de la condición moral, es la fuerza condicionante. Y cuando el sensitivo no mantiene una moral elevada, está más expuesto a las influencias de las entidades inferiores, especialmente en el comienzo o surgimiento de alguna mediumnidad, y que suelen convertirse en obsesores en alguno de los aspectos que analizaremos.

La subyugación, es efecto de una fuerza psíquica que restringe la voluntad y hasta llega a paralizarla, llevan al obsesado a obrar en contra de su deseo y voluntad, y en algunos casos hasta a realizar actos indignos o ridículos, esos aspectos de aparente locura que la psiquiatría es incapaz de curar.

Las obsesiones que provienen de espíritus inferiores de maldad, su efecto está en relación con la condición moral del afectado y su karma.

Los espíritus superiores, que vibran siempre en amor, no obsesionan, aunque sí, pueden sugerir, y siempre lo hacen para el bien; lo contrario de los inferiores que lo hacen para el mal, para hacer daño.

Todo sensitivo percibe con más intensidad esa influencia. Todos y cada uno de nosotros recibimos frecuentemente esas influencias, que generalmente rechazamos cuando las identificamos. A esto, se le denomina “obsesión simple”. Y en los casos de los médiums, estos pueden ser engañados por entidades astutas y malévolas, si no están alertas; pues, todo médium está expuesto a esta contingencia.

La siguiente es una de las definiciones que el filósofo Allan Kardec hizo de la obsesión:
“La obsesión es el dominio que los malos espíritus ejercen sobre ciertas personas, con el fin de enseñorearse en ellas y someterlas a su voluntad, por el placer que experimentan causando daño”.

Cuando un espíritu bueno o malo quiere obrar sobre una persona, la envuelve, digámoslo así, con su periespíritu cual si fuese una capa. Entonces, penetrándose los dos fluidos se confunden los dos pensamientos y las dos voluntades; y el espíritu puede servirse así de ese cuerpo como el suyo propio; haciéndole obrar a su voluntad, hablando, escribiendo y dibujando. Así son los médiums.

Si el espíritu es bueno, su acción es dulce, benéfica y sugiere hacer tan sólo cosas buenas; si es malo, las hace hacer malas. Si es perverso e inicuo, arrastra a la persona cual si la tuviera dentro de su red, paralizando hasta su voluntad y aun su juicio, el cual apaga bajo su fluido como cuando se apaga el fuego con un baño de agua. Lo hace pensar, obrar por él; le obliga a cometer actos extravagantes a pesar suyo. En una palabra, lo magnetiza, le produce la catalepsia moral, y entonces el individuo se convierte en ciego instrumento de sus gustos. Tal es la causa de la obsesión, de la fascinación y de la subyugación (vulgarmente llamada posesión).

Es de observar que, en este estado, el individuo tiene a menudo conciencia de que, lo que hace es ridículo; pero, está forzado a hacerlo, como si un hombre más vigoroso que él, le hiciese mover contra su voluntad sus brazos, sus piernas y su lengua.

Aquí, pegados al plano físico pululan, se agitan, millones de entidades astrales imperfectas, que están pegadas por sus pasiones y sus bajas tendencias, a los ambientes donde han vivido y buscan continuar la acción de sus rebeldías, odios y maldad de todo género, influyendo en la mente de los encarnados, azuzando sus bajas tendencias y pasiones. Su labor de maldad es tanto más eficaz, cuanto más ignorantes e imperfectos (moralmente) sean aquellos con quienes se relacionan.

Por ello, muy necesario es estar siempre alerta, en guardia, para poder librarnos de la influencia de esos seres inferiores (de las tentaciones del demonio de que hablan las iglesias del cristianismo). Solamente vibrando en amor y haciendo uso de la voluntad, esa energía que en nosotros existe, podremos contrarrestar toda influencia extraña; pues, de lo contrario seremos juguetes de las circunstancias predominantes en el ambiente que nos rodea.

SEBASTIÁN DE ARAUCO

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