NO PASA LA VIDA

0
50
No pasa la vida

No pasa la vida

No, la vida no pasa: Pasamos nosotros con ella. Cuando dejamos el plano físico la vida se extingue, perdurando en los demás.

La vida es como un reloj que Dios nos regala al bajar al planeta, con la cuerda más o menos larga, algo que ignoramos y que es, precisamente, el problema de todos los encarnados. Al reencarnar, sabemos exactamente por qué y para qué lo hacemos y el tiempo de que disponemos para el logro de los objetivos que nos hemos propuesto alcanzar; pero esos objetivos los guardamos en el archivo de la memoria y ahí los dejamos olvidados.

Pero lo que también olvidamos es que nuestro reloj empieza a contar ese tiempo disponible, y olvidados los objetivos y el reloj, nuestro tiempo acaba siendo empleado en la más absoluta inutilidad; gastamos nuestro tiempo en actos totalmente ineficaces, marcándonos objetivos para un futuro incierto. Incierto porque, repito, hemos olvidado que el reloj que marca nuestra existencia quizá tenga una cuerda más corta de lo que creemos, y no consigamos alcanzar esos objetivos; e ineficaces, porque esos objetivos llevan en sí una enorme carga de materialismo; todo cuanto pensamos, decimos o hacemos lo circunscribimos al placer inmediato, a nuestro propio placer, pero al placer material, olvidando el auténtico objetivo, que es el placer del espíritu. Pensamos y obramos tal y como reza el dicho popular: Como si no nos fuéramos a morir nunca.

Morimos, sí, pero físicamente, porque, no lo olvidemos, cuando la cuerda de nuestro reloj se agota, solo lo hace para este mundo.

Debemos pues, recordando esta realidad, que durante nuestro viaje por el planeta habremos ido, como todo viajero, cubriendo etapas con mayor o menor acierto. Nuestros errores habrán superado, sin duda, a los aciertos, pero siendo conscientes e ignorando cuán larga pueda ser la cuerda que Dios puso en nuestro reloj, deberíamos intentar poner orden en nuestra alma, examinando a fondo nuestra conciencia, sin hipocresía, aceptando nuestra responsabilidad. Mirar hacia atrás para poner ese orden en el alma reconociendo nuestros errores. Todo cuanto hemos acumulado, bueno y malo, a lo largo de nuestro tránsito por la Tierra no tiene vuelta atrás; debemos, pues, cerrar este capítulo, dejando sometidos nuestros actos al juicio de Dios.

Sin duda, todos deberíamos conocer todo lo concerniente a la duración de la cuerda de nuestro reloj; ese sería un buen comienzo para el correcto aprovechamiento del tiempo.

Hay algo que no debemos olvidar: La cuerda de nuestro reloj puede, como ya hemos dicho, ser más o menos larga, pero al fin se agota; un día, sin saber cuándo, ese viejo y querido amigo que ha venido acompañándonos desde el inicio de nuestro viaje se dejará ver, aparecerá con su mirada dulce y una alegre sonrisa y… (para mí, así lo deseo) me dirá:

 ̶ Hermanita, a tu reloj ya no le queda cuerda en este mundo; un nuevo reloj ha empezado a marcar las horas en el otro… ¿Vamos? Sígueme.

 ̶ ¡Vamos!

Mª Luisa Escrich

© 2021, Amor, Paz y Caridad.

Publicidad solidaria gratuita