MIEDO A ENFERMAR

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Miedo a enfermar

Miedo a enfermar

El miedo a enfermar es una reacción normal y racional en nuestra vida, ya que sigue al instinto de supervivencia, puesto que la falta de salud reduce nuestra calidad de vida, impidiéndonos alcanzar nuestros objetivos marcados. Es más, el instinto de conservación es un instrumento de protección que previene la exposición a situaciones peligrosas o factores que pueden afectarnos de manera negativa, siendo otra de las razones no querer sentir dolor. El problema viene cuando ese instinto natural se convierte en un miedo por completo injustificado o excesivo. Estas personas no comprenden que su visión de la realidad se ha visto alterada por alguna causa que puede desembocar en un trastorno emocional grave.

Siendo el miedo una reacción natural, llevada al extremo nos puede conducir a un miedo fóbico que se caracteriza por ser irracional, por no saber a qué se debe; e incluso reconociéndolo, no se es capaz de enfrentarlo.

Este miedo también se caracteriza porque es totalmente desmedido ante el peligro de una patología real. No obstante, es cierto que siempre hay probabilidades de desarrollar una enfermedad mortal; ahora bien, el temor desmesurado que sienten algunas personas está fuera de su control y no pueden evitar que aparezcan las sensaciones y sentimientos de ansiedad, con pensamientos negativos que interfieren en el normal desenvolvimiento de su organismo.

Por eso se dice que el miedo a enfermar, enferma. Estas personas dirigen completamente la atención sobre su cuerpo, quizás por situaciones desagradables vividas en el pasado en relación a la salud. Y dentro de ese proceso, y con el transcurrir del tiempo, consiguen que sus imaginaciones obsesivas se hagan reales. Porque sin darse cuenta han creado todas las condiciones necesarias para hacer de su salud una contienda sin pausa.

Dentro de la escala del miedo a enfermar nos encontramos con:

La hipocondría es un síntoma que se expresa como convicción de padecer una o varias enfermedades sin que existan realmente. La persona asimila con facilidad las dolencias de las que oye hablar, y en su malestar íntimo y ansioso pasa a sufrir los síntomas que caracterizan  dicha dolencia, además de que son personas muy sugestionables. Un hipocondríaco permanece atento a todos los indicios de su cuerpo y los convierte en prueba de alguna patología. Y este interés permanente por las señales corporales se convierte en la idea central de sus pensamientos y preocupaciones.

La fobia a enfermar es un tipo de trastorno de ansiedad que se parece a la hipocondría, pero no es lo mismo. La fobia es, en realidad, un temor fuerte e irracional de algo que representa poco o ningún peligro real. Existen distintos tipos de fobia, pero el relacionado con la salud le hace pensar que cualquier clase de enfermedad es terrible, lo que les produce una conducta obsesiva por protegerse. En este caso, la persona es incapaz de encontrar un fundamento o base lógica al temor que experimenta e, incluso, puede llegar aceptar ese sinsentido, esa contradicción, sin capacidad para deshacer dicho conflicto.

La nosofobia es el miedo llevado al extremo ante la posibilidad de contraer una enfermedad  mortal que no quiere, que suele ser concreta, y cualquier síntoma que noten es para ellos indicio de la enfermedad, pero se niegan a ir al médico ante la posibilidad que le confirmen el diagnóstico. Por lo que prefieren no saberlo.

Es necesario recordar que toda persona está formada por un cuerpo físico, vehículo material para vivir en la Tierra; un espíritu, principio inteligente e individualizado, que sobrevive al óbito de la materia (muerte); y el periespíritu, el lazo que une la materia con el espíritu y permite a este interrelacionarse con el mundo en el que reside. Conocemos a través de la doctrina espírita que ese cuerpo semimaterial es el encargado de trasmitir todas las sensaciones e impresiones materiales al espíritu, y viceversa; es decir, cuando el espíritu quiere, el periespíritu transmite y el cuerpo ejecuta.

Por lo tanto,  el periespíritu es el encargado de guardar los registros de nuestras diferentes experiencias y vivencias, pasadas y presentes, dejando en muchas ocasiones un lastre de huellas y cicatrices profundas (miedos, fobias, rencores, odios, problemas de conciencia, etc.) que repercutirán en la salud en caso de no ser enfrentados y resueltos, no solo en la existencia actual, sino también en futuras encarnaciones.

Después de la muerte, el espíritu almacena el recuerdo de las vicisitudes terrestres; el periespíritu no se destruye como el cuerpo físico, por consiguiente en él existe la memoria y quedan impresas las huellas de un traumatismo, una enfermedad, un acto delictivo… sufridos durante una vida anterior. Cuando no han sido debidamente superados pueden reaparecer, lo cual explica ciertos miedos y fobias aparentemente injustificados.

La presencia del miedo que aparece en la persona tiene dos vertientes, que son la endógena y la exógena. La primera surge de los comportamientos inoportunos y poco adecuados de reencarnaciones anteriores o reencarnaciones malogradas, de cuyos efectos el espíritu aún no consiguió liberarse, pues quedan ancladas en la envoltura periespiritual en lo más profundo de nuestro ser, moldeando el temor. En el inconsciente de cada persona quedan forjadas las culpas o miedos pasados, o quizás ambos, que en el presente se puede transformar en trastornos de la personalidad, en emociones negativas que tarde o temprano terminan por aparecer.

La segunda se debe al modelo educacional en la familia y sus relaciones violentas o agresivas; la falta de respeto que reciben los niños, los relatos de terror que narran a sus hijos para que pasen miedo, disfrutando de la situación… También puede darse el caso de alguna mala experiencia, es decir, que alguien haya sido atacado por un animal o picado por un insecto y entonces comenzó a tenerles miedo.

La fobia a enfermar también puede ser una manifestación de traumas o de estrés postraumático. Quienes han experimentado enfermedades cruentas o dolorosas, o incluso agresiones por personas cercanas a ellas, les han podido dejar alguna profunda huella. En tales circunstancias, si no son capaces de superar esas situaciones por sí mismos, deberán pedir ayuda profesional para que sean ayudados a superarlas.

En relación a este tema existe una antigua fábula que puede ser muy esclarecedora, titulada “El Rey y la Peste”: Un rey árabe que atravesaba el desierto se encontró con la peste. El rey, le preguntó, inquieto: “Peste, ¿a dónde vas?” La peste respondió: “Voy a Bagdad por 500 personas”… Semanas después, volvieron a encontrarse en el desierto, y el rey, muy enojado, le increpó: “¡Peste mentirosa, me dijiste que ibas por 500 personas y acabaste con 5 mil!”. La peste contestó: “Efectivamente, yo fui por 500. Las demás murieron de miedo”.

Por miedo a enfermarse hay quienes dejan sus deberes, renunciando a sus responsabilidades con sus círculos familiares, sociales, y dejando de auxiliar a todo aquel que se le acerca pidiendo ayuda.

Dicho todo esto, citaremos a Joanna de Ângelis, que nos proporciona una reflexión que puede ayudarnos a saber la forma de conducirse por la encarnación presente, y de ese modo evitar pesadas mochilas, llenas de obstáculos que puede oscurecer y dificultar la siguiente encarnación.

El ser humano es el resultado de todo aquello que elabora, cultiva y realiza”.

(Joanna de Ângelis)

Sepamos navegar en armonía y en paz por los cauces de esta encarnación, y mientras más sepamos darnos a los demás, menos miedos tendremos a lo que nos pueda ocurrir, puesto que nos olvidaremos de nosotros mismos, sintiendo la libertad de actuar en pro del bien, sin distracciones negativas que nos puedan paralizar.

Miedo a enfermar por: Gloria Quel

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