Perfección Moral

NECESIDADES ARTIFICIALES

¿Cuántas cosas necesitamos para vivir?

¿Cuántas cosas necesitamos para ser felices?

Sabemos cual es el camino que debemos de seguir para ser felices. Porque no es lo mismo vivir que ser felices. Son cosas muy diferentes. Para vivir necesitamos simplemente algunas cosas materiales, pero para ser felices necesitamos sentirnos llenos, dichosos, que nuestra vida tenga un sentido, tener alguien hay a quien amar, alguien con quien estar unido, alguien con quien podamos convivir, confiar, con el que podamos compartir los sueños, las ilusiones, la propia vida en definitiva.

Si nuestra vida no tiene un sentido, si no sabemos como vivirla, ni con quién, si no tenemos nada que hacer, nadie a quien apoyar, un objetivo que realizar, simplemente estamos vacíos. ¡Qué podemos entonces esperar de la vida! Nada más que ese vacío lo llene la soledad, el hastío, el no saber siquiera para qué estamos aquí, vivos, en la Tierra. Ni siquiera le damos valor a la vida, sólo nos preocupa el seguir subsistiendo… de aquella manera.

El secreto es dejar de verse a sí mismo como prisionero de un cuerpo limitado;

rompe las cadenas de tu pensamiento y romperás también las de tu cuerpo.

Richard Bach. Extraído de su obra Juan Salvador Gaviota.

Al no haber sabido encauzar nuestra vida, porque nos hemos desentendido de ella, estamos como perdidos; no hay nada peor para un espíritu encarnado en la Tierra, o en cualquier otro planeta, que sentirse perdido, desorientado, ofuscado, confundido, sin saber cual es su misión en la tierra, qué hacer, para qué vivir, porque entonces solo ve una posibilidad, un sentido a su existencia, los bienes y los placeres materiales.

Si estos están a su alcance, porque tiene una posición material que se los puede dar, entonces llenará su vida de cosas materiales, necesidades artificiales, intentando hallar la felicidad y el consuelo al menos en todo eso; el mercado, la publicidad, el mundo en general se encargará de que vaya sintiendo a diario esa necesidad de tener más y más, de poseer lo último, ese será su propósito con el cual se identificará, procurando no quedarse atrás en esta era de la tecnología y del canto al materialismo. Ese será su sentido de vivir.

No sé que es peor si sencillamente verse perdido en la materia, como un espíritu fuera de lugar,  sin apenas conciencia de si mismo, o verse rodeado de bienes y cultos materiales que, como estrellas fugaces, tan pronto nos llenan como nos hastían, con el peligro de agrandar nuestro egoísmo, la vanidad, engrandeciendo nuestros sentidos materiales y al mismo tiempo enmudeciendo los ecos del espíritu.

Los bienes materiales nos pueden sumergir en un océano de sensaciones que inoculan todos los valores que el espíritu ha podido traer consigo a lo largo de su vida como espíritu. Ya no ve más allá; al centrar todo lo que gira alrededor de sí mismo en los placeres materiales, deja a un lado la vía del progreso y de la superación que se había propuesto antes de su encarnación. Mientras le vaya bien en ese contexto no tendrá grandes preocupaciones, apenas alguna reminiscencia que la propia conciencia le pueda recriminar, pero eso se olvida pronto, basta con no prestarle atención. Después viene la segunda parte, cuando ya no podemos disponer de todo aquello, ni nos acompañan las fuerzas por la vejez, ni tampoco nos acompaña la riqueza. Entonces llega la hora de dejar la materia y nos encontramos, como consecuencia de nuestra actuación en la vida en la carne, con ese vacío existencial que hemos fabricado en el transcurso de toda esa vida. En ese momento nos damos cuenta de que hemos arruinado nuestro futuro, y que hemos de recomenzar de nuevo en la próxima existencia.

Así, en una vida, a nivel material podemos ganarlo todo, y al mismo tiempo también lo perdemos todo. Además hemos de ser conscientes del agravante de que las tendencias adquiridas, los vicios, todas las energías malgastadas en esos aspectos materiales, son algo que deberemos desandar, son manchitas que hemos adquirido, ensuciando nuestro espíritu, contrayendo defectos e imperfecciones, con lo cual habremos de realizar un trabajo extraordinario para recuperar el equilibrio perdido, y devolverle a la vida todo aquello que nos dio, de lo cual hicimos un uso equivocado.

Venir a la materia es una prueba que se torna difícil para todos aquellos espíritus que no están lo suficientemente preparados, que no realizaron el trabajo de concienciación y no se han propuesto con fuerza y vehemencia recorrer un camino en la Tierra, con el afán de mejorarse y de conocerse un poquito mejor, para dejar atrás viejos errores, corrigiéndolos y adquiriendo más fuerza, más luz, más compromiso y responsabilidad para con uno mismo, y con el trabajo de elevación que tenemos ante nosotros, siendo conscientes de lo mucho que nos queda por aprender.

Las necesidades materiales vienen y van, son ficticias, son flashes que nos encandilan, son necesidades artificiales creadas por nosotros mismos debido a la falta de adelanto espiritual que acusamos, y son lo último que necesitamos para perfeccionarnos. Por eso, hay que establecer preferencias, poner bien los pies en la tierra y plantearnos por qué y para qué estamos aquí. Cuál es el camino que conduce a la satisfacción interior, esa que nos envuelve, por el trabajo bien hecho y que no nos abandona, al contrario, que va creciendo conforme maduramos, conforme nos vamos exigiendo más a nosotros mismos, y nos vamos poniendo esas metas que nos llevan a ser mejores seres humanos y a saber en cada momento qué camino debemos escoger.

La felicidad interior es la verdadera “chispa” de la vida, ella nos trasmite la alegría de vivir y hace que no sintamos ninguna atracción por las cosas artificiales, que no son sino un fraude, un sustituto de la auténtica dicha interior; son un sucedáneo que está muy lejos de la realidad que queremos alcanzar.

La vida es una especie de laberinto, precisamos tener una buena orientación, tener los sentidos despiertos para no confundirnos y coger el camino equivocado. Esto nos lleva a perder un montón de tiempo, de energías, y nos desilusiona al vernos perdidos y desorientados, con lo cual nuestro espíritu muchas veces se siente derrotado y pierde el afán de progreso; es entonces cuando nos dejamos llevar por las cosas materiales y nos dejamos envolver por lo artificial, por todo aquello que la sociedad materialista nos pone delante. Es como si nos quitaran la vida, como si decidieran por nosotros, nos dicen todo lo que tenemos que hacer, qué vestir, qué comer, en qué pasar el tiempo. Y así sucesivamente.

No dejemos que nos quiten la vida; no nos traicionemos a nosotros mismos, somos una conciencia que ha venido a este mundo a enriquecerse a sí misma, a mejorarse, a saber prescindir de todo aquello que no le conviene, que por contra le puede perjudicar y entorpecer su camino de superación.

Aprendamos a distinguir, usemos del discernimiento, sepamos cuáles son nuestras auténticas necesidades. Cada uno estamos en un punto del camino y tenemos unas metas y objetivos proporcionales a nuestro adelanto espiritual, pero la regla general siempre es la misma, hemos de crecer en amor, en sabiduría y justicia. Subamos en cada vida un peldaño más, son muchos los que nos quedan por delante.

Todos aquellos que vivimos y luchamos cada día para ser mejores y encontrar nuestro camino en la vida tenemos que ser capaces de tomar buenas decisiones, todo el tiempo que estemos perdidos en este laberinto de la sociedad materialista, artificial que nos quieren imponer, nos hace perder no sólo tiempo y energías, sino esa claridad  que como espíritus con inquietudes espirituales tenemos, y que debemos despertar lo antes posible.

Tienes la libertad de ser tú mismo y nada se puede poner en tu camino.

Richard Bach, extraído de su obra: “Juan Salvador Gaviota”.

 

Necesidades artificiales por: Fermín Hernández Hernández

© Amor, Paz y Caridad, 2018

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