Leyes Universales

MORAL II

(Viene del anterior)
  Una moral espiritual puede proporcionar:
  • – Armonía en la convivencia del hogar y en las relaciones humanas.
  • – Felicidad en la vida presente y en la vida del más allá.
  • – Progreso del espíritu, que es el objeto de las vidas humanas.
  Escuchemos siempre las indicaciones de nuestra conciencia. Ella nos indicará las actuaciones acertadas en todo momento de duda, en toda circunstancia difícil. Pues, en nuestra propia conciencia tendremos siempre el mejor y más seguro consejero, que nos guiará por el camino de una moral elevada, que es el camino del progreso hacia la felicidad. No nos quepa la menor duda.
 
    Quien no escuche esa voz, quien no escuche las indicaciones de ese consejero fiel e insobornable que está siempre dentro de una elevada moral espiritual, caerá víctima de su propia incuria y equivocación.
 
  La moral espiritual, es la pauta de progreso que toda persona debe seguir.
 
  Actuar dentro de una moral espiritual, no significa que tengamos que vivir separados de las cosas humanas, o desatender las obligaciones que como humanos tenemos contraídas, no; sino que, cual sea nuestra posición en la vida, vivamos siempre de acuerdo con nuestra conciencia, que responde siempre a la moral espiritual.
 
  Necesario es reconocer que, no es fácil rechazar la atracción que los placeres seductivos ejercen sobre nuestros sentidos, ni fácil es tampoco vencer algunos deseos que tienden a desviarnos del camino de las superaciones y ascensión emprendido.
 
  No hay duda que es más fácil deslizarse por la pendiente, que ascender el camino de las superaciones; pero, esa es la ley para poder librarse de las vidas de dolor.
 
  Escuchemos parte de un mensaje:
 
“Amados mios, para conocer la forma como debéis obrar adaptando vuestra vida humana a la moral espiritual, consultad constantemente vuestra Conciencia y adaptad vuestros hechos a las enseñanzas de amor que estáis recibiendo.
 
  Os resultará muy fácil conformar vuestra vida de acuerdo con la verdadera moral, y entonces comenzaréis a no juzgar a vuestros hermanos por los hechos o por las apariencias. Ninguno conoce la causa espiritual que motivan los hechos de los seres que os rodean. Sólo aquél que conociera el pasado y las vidas anteriores, y conociera el objeto de la vida presente, podría tener una idea del porqué de los hechos que realizan los demás. Y en la incapacidad de emitir un juicio exacto y correcto, absteneos siempre de emitir un juicio sobre la conducta y los hechos de los demás, de vuestros hermanos, y más aún, entre los que formáis parte de esa agrupación fraterna. Dejad el juicio a las Leyes Divinas, que son las únicas que pueden dar un juicio verdadero, proporcionando a la vez Los medios y la forma para reparar los daños y las injusticias cometidas.
 
  Si impregnáis de amor todos los hechos, todos los pensamientos, todas las reacciones de vuestra vida, os armonizaréis con la verdadera Justicia Divina y la verdadera moral espiritual.
 
Vosotros, como seres espirituales encarnados y deseosos de progreso, debéis comenzar a vivir de acuerdo con la moral espiritual, y a juzgar a vuestros hermanos de acuerdo también a esa moral espiritual. Entonces veréis que fácil os resulta acercaros a todos los seres que os rodean, entonces veréis como vuestros brazos se abren constantemente para todos los que sufren.
 
  Por ello os decimos: amaos los unos a los otros. No deis cabida a resentimientos en vuestros corazones. Unios en la obra redentora del Cristo, que espera vuestra colaboración, para salvar el mayor número de almas en la próxima clasificación planetaria.”
 
  En todo momento de nuestra vida humana, debemos actuar con rectitud y bondad para con los demás. Debemos mantener siempre en nuestra mente el siguiente principio de moral espiritual, que es la base del cristianismo: “Haz con tu prójimo como quieres que se haga contigo”. Y sobre esta base y la superación de las imperfecciones, podremos edificar nuestro progreso espiritual para una más rápida evolución, que es el objeto de las existencias humanas en los mundos físicos.
 
Con amor fraterno:
 
SEBASTIÁN DE ARAUCO
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