Editorial

“EN VISPERAS DE UN CONGRESO”


 


Durante este mes de Diciembre se celebra en Benidorm el “XIX Congreso Espírita Nacional”. Para los que conocemos este movimiento desde hace más de treinta años y colaboramos en el resurgimiento del Espiritismo en España, es de justicia aclarar

que este sería el número XX de los Congresos Espíritas celebrados en nuestro país desde el término de la dictadura.

El primero de ellos, cuyo origen y circunstancias es muchas veces ignorado por los propios espíritas españoles, se celebró en el Hotel Osuna de Madrid en el año 1981 bajo el slogan CONGRESO DE LA UNIFICACION ESPIRITA y allí comparecieron, ante más de 450 personas de toda España y el extranjero, una nutrida representación internacional de federaciones e instituciones de todo el mundo espírita de la época.

No es objeto de esta editorial hablar del citado evento, al que dedicaremos tiempo y espacio en su momento; únicamente mencionamos este hecho porque la gran representación que allí se congregó, era muy consciente de la importancia que el Espiritismo en España había tenido tiempo atrás, y con su presencia quisieron contribuir a apoyar, en la medida de lo posible, el resurgimiento del movimiento espírita en nuestro país después de décadas de persecución y oscurantismo propiciados por la dictadura.

Ese ejemplo de aquellos compañeros, que por solidaridad y fraternidad acudieron a la llamada del Comité organizador, es un hito relevante que deberíamos tener presente ante cada uno de los Congresos que se realizan y que a veces no somos capaces de valorar.

Con frecuencia exigimos a organizadores e instituciones que nos tutelen, que nos indiquen, que nos ofrezcan, que se impliquen, pero y nosotros; ¿somos capaces de aportar, trabajar, responsabilizarnos, colaborar y apoyar el movimiento al cual nos sentimos tan vinculados?

Tristemente, el Congreso es el único punto de encuentro anual que reúne al movimiento espírita español y; obviando las alegrías que el reencuentro nos ofrece cuando saludamos a los compañeros, comprobamos igualmente la necesidad de dinamizar más frecuentemente este movimiento durante el transcurso del año y no en unos pocos días.

Por ello no es correcto exigir a los demás lo que nosotros no somos capaces de realizar; y por este mismo motivo, observamos con preocupación la falta de implicación de muchos compañeros y grupos en la tarea que a todos compete: ayudar a que este movimiento sea fuerte, pujante y permanente en el tiempo.

La asistencia a un evento de este tipo no nos concede licencia para la crítica malsana; antes al contrario, debería ser ante todo una fiesta de la fraternidad, entre compañeros responsables, que den testimonio de su comprensión de la doctrina espírita no sólo con las palabras, conferencias o mesas redondas sino también con el ejemplo. Un ejemplo de acción, de compromiso personal e implicación que nos convoque a nuevas realizaciones, más sencillas, más personales, donde el conocimiento mutuo estreche los lazos de amistad que nos permitan iniciar conjuntamente nuevos proyectos e ideas.

Un ejemplo pues, que ayude a todos los grupos a conocerse mejor, implementando los lazos de la fraternidad universal a los que el espiritismo nos convoca. Y para ello debemos renunciar a nuestros egoísmos personales, priorizando el deseo de aprendizaje y la comunicación sincera entre todos.
 
Se echa en falta un mayor número de iniciativas para mayor conocimiento de todos los que colaboramos en esta doctrina. Pero estas, no debemos dejarlas a criterio de tal o cual persona o tal o cual organización. Es preciso que cada grupo, cada institución que allí acuda, lo haga con el ánimo sincero de compartir experiencias con otros grupos y personas; aportando lo mejor de cada cual; autoexigiéndonos una mente abierta, exenta de fanatismos y dogmatismos.  Es de la relación entre nosotros donde podremos entresacar las experiencias que nos ayuden a mejorar y hacer progresar esta doctrina en nuestra sociedad.

Así pues, no podemos obviar nuestra responsabilidad y nuestros compromisos espirituales. Cuando hemos abrazado, comprendido y amado esta doctrina no es por casualidad; necesitamos de ella, pero ella necesita de nosotros, porque si ahora la entendemos, seguramente la denostamos en el pasado, y si ahora la admiramos es porque venimos con el compromiso de divulgarla y expandirla para beneficio de nuestros semejantes y de nuestra redención personal.

Comencemos por ayudarnos y conocernos de verdad, fraternalmente, para después potenciar la unión entre todos que permita crear un movimiento fuerte y unido, avanzando en la misma dirección y dando el ejemplo preciso y necesario que nos ayude a llegar a la sociedad con la mente abierta, el sentido común que demanda nuestro país y la claridad de ideas que ayude a iluminar a todos aquellos que quieran acercarse a esta ciencia del espíritu con el ánimo sincero de aprender.

A.LL.F.
© Grupo Villena 2012

 


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