MI RELACIÓN CON EL ENTORNO

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El entorno

Mi relación con el entorno

Las relaciones que mantenemos con nuestro entorno, laboral, familiar, social, etcétera, sacan a relucir nuestras fortalezas y debilidades personales. Ponen a prueba nuestras capacidades y son la mal entendida causa de lo bueno o malo que nos ocurre. Nos equivocamos cuando pensamos que las desilusiones, la infelicidad, la falta de afecto o las situaciones de sufrimiento vienen de causas ajenas a nosotros, como tampoco acertamos cuando pensamos que aquello que conseguimos nos viene dado simplemente porque sí o por casualidad. Todos esos estados realmente están en nuestro interior y se producen por la reacción que tenemos ante lo que nos sucede. Lo externo (las personas con las que nos relacionamos y los acontecimientos que nos influyen) hace que nuestro interior reaccione sacando lo que somos. Comprender cómo nos afecta, cómo reaccionamos ante lo que nos ocurre y la transcendencia que tiene todo ello en nuestra vida puede sernos de mucha utilidad.

Por ejemplo, durante el diálogo que mantenemos con una persona por cuestiones ideológicas, si con sus comentarios nos sentimos irascibles y cada vez que dice algo que nos desagrada nos alteramos, alzamos la voz y generamos una situación de malestar, necesitamos comprender nuestra reacción y por qué nos ha molestado realmente. No lo que nos gustaría que fuera sino lo que realmente es. La causa de ese conflicto no está en la otra persona, está en nosotros, porque ella puede incluso sentirse feliz y en paz. Esto puede llegar incluso al extremo de que, incluso leyendo cualquier comentario contrario a las ideas que tenemos, nuestra verborrea mental se active a nivel interno para contradecir lo que se lee, creándonos también una reacción de desagrado interior muy idéntica a la producida con aquella persona. Y en este caso no ha intervenido nadie dirigiéndose a nosotros personalmente, lo que puede ayudarnos a comprender mejor aún la situación.

Normalmente pensamos que cuando alguien nos dirige una frase que nos hiere es porque la ha dicho una persona insensible y prepotente; raramente pensamos que tal vez haya sido nuestro orgullo el que se ha sentido herido. En realidad todo lo que nos afecta está en nosotros, los acontecimientos lo único que hacen es ponerlo en evidencia, resaltarlo, es decir, generan el ambiente propicio para que surja de nuestro interior. Si no hubiera un grado determinado de orgullo no habría existido malestar alguno sino comprensión ante un acto ajeno. De hecho, podremos comprobar que esas mismas palabras que tanto nos han molestado tienen distinta incidencia en otras personas. En realidad, el malestar es proporcional a la reacción del orgullo.

Alcanzado este reconocimiento sincero podremos ir poniendo los medios para eliminarlo de nuestra personalidad; conseguiremos más comprensión, tranquilidad y paz interior a medida que vaya siendo erradicado de nosotros, hasta llegar a permanecer totalmente serenos ante cualquier comentario o ataque verbal que recibamos.

Cuando nos relacionamos con la Naturaleza, en un entorno donde se manifiesta con gran esplendor, saca de nosotros unos sentimientos que en cada uno serán diferentes. Podemos verlo con cierta indiferencia o experimentar un mundo de sensaciones hacia una visión que agrada a nuestros sentidos, recrearnos en la belleza y sus diversas manifestaciones, un sentimiento de libertad en mitad de un paisaje esplendoroso, el agotamiento del cansancio o la sensación de llenar nuestros pulmones con aire puro y refrescante, etcétera. El paisaje que nos rodea es el ambiente que moviliza nuestros sentimientos internos, sacando aquello que tenemos en nuestro interior.

Si observamos con atención, cuando no aprendemos algo que necesitamos para subir un nivel en nuestro desarrollo, podremos comprobar cómo constantemente se nos están repitiendo el mismo tipo de problemas, el mismo malestar en nuestro trabajo, los mismos conflictos familiares, etcétera. Es una demostración más de que el problema está en nosotros, no en los demás, ni en el ambiente, ni en las circunstancias. Cambiaremos de trabajo, y allá donde vayamos llevaremos con nosotros nuestros mismos problemas, porque aunque cambiemos el entorno, el interior no ha cambiado todavía. Nos iremos a otra ciudad y otro ambiente, pero seguiremos teniendo las mismas dificultades para relacionarnos, porque esas dificultades siguen estando en nuestra personalidad. Y esto mismo seguirá sucediendo hasta que cambiemos lo suficiente como para que esas situaciones no nos afecten.

Todo ello nos conduce hacia la conclusión de que esos cambios que necesitamos introducir en nuestro modo de hacer deben ser afrontados también con cambios en nuestra forma de pensar, de sentir y de ser. Mientras nos sigan molestando de algún modo los actos de los demás, será síntoma inequívoco de que todavía no hemos sido capaces de superarlo.

Cuanto mayor es la presión exterior sobre mí, con más fuerza presionará mi naturaleza interior para manifestarse como un acto reflejo de respuesta. Por ejemplo, si me están insultando, cuanto más herido me sienta con mayor fuerza responderé, expresando mi manera de ser y de sentir. Y observemos que indico que: “cuanto más herido me sienta”, es decir, no hablamos de lo que ha ocurrido, si es más o menos hiriente, sino de cómo lo sienta o lo perciba yo, porque para mí, lo importante no es lo que ocurre realmente sino cómo vivo y siento yo lo que ocurre. No puedo cambiar los acontecimientos que me son ajenos, pero sí que puedo intervenir, y además de forma decisiva, en cómo terminen desarrollándose, en las consecuencias, en si dejo que afecte a mi estado de ánimo, de armonía, o no. Esta es la clave, porque al final siempre terminaré siendo yo el factor determinante que va a definir si me hace daño o no. Como es en mí en donde está la verdadera causa también está en mí la solución. Queremos que las cosas cambien sin terminar de comprender que no cambiarán hasta que nosotros cambiemos.

Podremos observar cómo un mismo hecho o acontecimiento, como puede ser el fallecimiento de un ser querido, a unos afecta de una forma y a otros de otra muy distinta. El fallecimiento de un hijo conlleva el mismo dolor para cualquier padre, pero es vivido de formas dispares según cada persona. Lo que nos reafirma en que lo importante no es lo que nos ocurre sino la forma en que lo experimentamos, en que lo vivimos. Y es esa forma de vivirlo y de experimentarlo la que va definiendo nuestro carácter, nuestra personalidad.

Todos los argumentos anteriores han ido encaminados a comprender algo esencial: Nuestra vida no la definen las cosas que nos pasan sino nuestras reacciones. Sobre esta realidad debemos pensar y meditar mucho porque es una de las claves fundamentales que necesitamos comprender para poder seguir avanzando.

Una vez aclarada esta realidad central de las relaciones con mi entorno, no podemos pasar por alto la influencia que también tienen nuestras reacciones hacia ese entorno. De igual forma que todo lo que ocurre a nuestro alrededor tiene un impacto en nosotros, lo que nosotros hacemos también tiene un impacto en nuestro entorno. Por un lado, nuestros actos mantienen el equilibrio de la Naturaleza o lo alteran generando grandes desatinos; por otro, al formar parte de una sociedad humana también influimos y afectamos a las personas con quienes convivimos, en un sentido positivo o negativo, según sea la naturaleza de nuestro comportamiento.

Este segundo enfoque que estamos abordando, y que está perfectamente unido y relacionado con el primero, entra de lleno en nuestro ámbito de responsabilidades. Cuidar que nuestros actos sean respetuosos y comprometidos con el bien colectivo es dar lo mismo que nos gustaría recibir, y esa decisión es nuestra. Al comprender cómo nos afectan los actos de los demás podemos comprender cómo les afectan a ellos los nuestros. Si aumentamos nuestra comprensión y elevamos nuestra responsabilidad estamos colaborando en crean un entorno mejor con una atmósfera mental y psíquica más saludable para todos, lo que terminará transformando las influencias que nos afectan en positivas.

La mayoría de los desatinos y errores vienen porque ignoramos las consecuencias que tienen nuestros actos. Aprender todos estos conceptos nos ayuda a comprender mejor nuestra vida y la de los demás, acercándonos a un conocimiento más útil y elevado. Errar es algo tan normal como humano, persistir una y otra vez en los mismos errores es donde realmente nos estamos equivocando. Por eso es tan importante aprender de las experiencias, asimilando las enseñanzas que conllevan.

En este sentido, también hay que recordar dos aspectos transcendentes en relación a nuestro comportamiento hacia nuestro entorno. En primer lugar, nos encontramos con la atracción que el semejante ejerce hacia el semejante, lo que hace que nos relacionemos más con las personas afines a nuestro sentimientos, intereses, aficiones, etcétera, ejerciendo y recibiendo una mayor influencia sobre esas tendencias que nos unen. Si son positivas nos beneficiaremos mutuamente, pero si son negativas nos perjudicaremos entre nosotros. En segundo, todas nuestras acciones tienen sus correspondientes reacciones, de igual índole o naturaleza.  En nuestra vida iremos recogiendo el fruto de la siembra que estamos haciendo.

Somos seres individuales con la necesidad de relacionarnos, por lo que nos interesa aprender a hacerlo lo mejor posible. Al observar nuestras reacciones aprendemos a conocernos mejor y nos ayuda a conocer a los demás, lo que también facilita tener unas relaciones sociales de calidad, porque nos enseña a tener mayor empatía. Necesitamos del amor, del apoyo y ayuda de otros, al igual que sentimos la necesidad de amar, apoyar y ayudar, cada uno a su nivel particular.

Nunca podré hacer las cosas de un modo distinto a como soy realmente, para actuar de forma distinta a como lo hago; antes debo cambiar lo que soy. Puedo camuflar mis actos durante un pequeño período de tiempo, pero la fuerza de mi personalidad terminará manifestándose en su total realidad. Si en mí hay agresividad, mi modo de hacer reflejará esa agresividad; si estoy frustrado actuaré con frustración; si en mi mente hay confusión, mis actos serán confusos; si en mí hay egoísmo difícilmente podré tener actos altruistas, porque esos actos estarán impregnados de egoísmo. No puede salir amor de donde no lo hay, ni transmitir paz si no se ha conseguido internamente. No puedo manifestarme distinto a lo que soy ni puedo dar lo que no tengo. Sobre esta base vamos organizando la estructura de nuestra vida.

Mi relación con el entorno por: Antonio Gómez Sánchez

© 2019 Amor, Paz y Caridad.

 

Puede escuchar al autor en su podcast: Aprendiendo a vivir mejor

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