MAESTRO DE HONESTIDAD E INTEGRIDAD

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Maestro de honestidad e integridad

“El mejor homenaje que se puede prestar a Allan Kardec es seguir su ejemplo”

Jose Mª. Fernández Colavida – 1869

Llegados a este punto, acerca de los diferentes retos y obstáculos que tuvo que superar el profesor Rivail para culminar la misión con la que vino a la Tierra hace siglo y medio, se hace preciso terminar esta sección con un homenaje a las cualidades de un hombre singular que marcó un antes y después en el conocimiento de las ciencias del espíritu.

En mi modesta opinión, las cualidades que adornaron a Kardec durante su última existencia en la Tierra fueron la honestidad e integridad, tanto intelectual como moral. Todo ello presidido por un ansia indudable por conocer la verdad y que fue el motor impulsor de su acción en la Tierra.

Como muy bien el mismo Kardec manifestó, fue su necesidad de encontrar las verdades de la vida del hombre las que impulsaron desde siempre su espíritu crítico, su capacidad de lógica y raciocinio y su ecuanimidad a la hora de analizar y juzgar los hechos que se le iban presentando.

Ese combustible tan importante era el que le proporcionaba el entusiasmo y la fuerza para seguir al frente de este movimiento, a pesar de las dificultades, las traiciones, las disidencias, las incomprensiones, las persecuciones, las infamias, etc.

Sin duda, era un alma que destacaba por la nobleza y la entrega a sus ideales, y que nunca se dio por vencida, a pesar de la ingente y descomunal tarea que tuvo que afrontar. También era una prueba de su carácter indomable de «amante de la verdad», lo cual le obligaba a auto-imponerse la disciplina de la razón por encima de todo. Como bien manifestó en alguna ocasión: «Fe auténtica es aquella que puede mirar frente a frente a la razón en todas las épocas de la humanidad».

Bajo esta premisa de argumentación filosófica y el método científico de la observación y experimentación de los fenómenos, comprobados por las evidencias de la concordancia en distintos lugares del mundo y por diferentes personas desconocidas entre sí, elevó Kardec el edificio de la ciencia y de la filosofía que los espíritus tuvieron a bien transmitir.

Sin duda, un solo hombre no hubiera podido tejer, ni siquiera imaginar, las consecuencias y repercusiones de obra tan singular. Por ello, imbuido de su papel de organizador y editor de una obra cuya autoría no era suya sino de los espíritus, llegó el momento de demandar las conclusiones de tan ingente trabajo desarrollado por el mundo espiritual. ¿Cuál era el sentido de esta nueva doctrina? A la luz de tantos esclarecimientos y argumentaciones racionales cabía preguntarse: ¿Porqué y para qué?

Fueron varias las respuestas que recibió Kardec de los espíritus a las preguntas anteriores. Algunas de ellas ya se han mencionado y explicado detalladamente en los artículos anteriores, pero sin duda debemos destacar otras no menos importantes.

– El Espiritismo llegó a la Tierra para combatir el Materialismo.

-El Espiritismo certifica la inmortalidad del Alma a través de la mediumnidad, confirmando que «la muerte no existe».

– El Espiritismo abre las mentes y los corazones para comprender y  restaurar aquello que fue demolido: las bases del cristianismo primitivo que el Maestro Jesús trajo a la Tierra.

– El Espiritismo, caminando en paralelo con la ciencia, abre al hombre una perspectiva de mayor comprensión de la naturaleza y el Universo y de las leyes que lo rigen, situando su origen en la Causa Primera e Inteligencia suprema que llamamos Dios.

Estas premisas se amplían con el conocimiento de las Leyes Morales que rigen la conducta y el destino del hombre a través de las eras, junto a la comprensión de la Ley de la Reencarnación, de Causa y Efecto y del Progreso y evolución del Espíritu.

En el estudio y profundidad de las consecuencias que todo esto tiene para el hombre encontró Kardec aquello que su espíritu inquieto e investigador buscaba: el acercamiento a la verdad espiritual de la vida, o lo que es lo mismo, la repuesta a los grandes interrogantes: ¿qué somos?, ¿de dónde venimos? ¿hacia dónde vamos?, ¿cómo comprender la Justicia Divina? ¿Cuál es la naturaleza del ser humano? ¿Cómo es la inmortalidad del alma? ¿Qué ocurre después de la muerte? ¿Cuáles son las leyes que rigen en el mundo del espíritu? ¿Cómo se producen las relaciones entre los dos planos de la vida, el material y el espiritual? ¿El porqué de las desigualdades humanas? ¿Cuál es el sentido del dolor o el sufrimiento? ¿Qué papel juega el hombre en la evolución y en el universo? ¿Cuál es el camino más rápido hacia la felicidad? ¿Cuál es el sentido de la vida humana?, Etceterá.

Todos estos interrogantes y muchos otros que Kardec se hacía fueron respondidos cuando la obra que los espíritus le proporcionaron quedó completada, que no terminada. Pues el propio maestro de Lyon repitió hasta la saciedad que “el Espiritismo nunca se desbordará», y si se le demuestra que se equivoca sobre un punto, «se rectificará sobre ese punto”. El eclecticismo, en su acepción de tomar siempre lo mejor de los sistemas filosóficos y científicos, así como el dinamismo de esta doctrina exenta de dogmas y prejuicios, que esclerosan las ideas y las hacen decaer, permite a Espiritismo mantenerse y perpetuarse en el tiempo, conciliando la verdad de la filosofía y la ciencia, cimentado, en la más excelente base ético-moral de la historia de la humanidad: el código sublime del Maestro Jesús.

Así concibieron los espíritus la obra que el maestro Rivail codificó y aportó al mundo, y él la trajo a conocimiento de todos con la honestidad e integridad propia de su carácter. Por un lado, nunca se atribuyó el mérito de la misma, otorgando el protagonismo a los auténticos autores: «los espíritus». Y por otro, supo mantenerse firme y consecuente con sus principios de verdad e integridad, hasta el punto de dedicar su vida hasta el final por esta doctrina, a pesar de las dificultades, la enorme tarea y el sacrificio personal que todo ello le exigió.

El Espiritismo es una doctrina teleológica, es decir, tiene una finalidad. La conclusión más inmediata de los efectos que la doctrina de los espíritus debía llevar al hombre, si era bien comprendida, consistía en la reforma moral del mismo, puesto que al aceptar la inmortalidad del alma como un principio de la realidad comprobado y comprobable, el Espiritismo marcaba el camino del bien como el mejor para eludir el sufrimiento y alcanzar la plenitud en esta vida y en un futuro próximo.

Acercar al hombre a su objetivo de perfección, felicidad y paz interior era la clave de la filosofía y ciencia espírita, llegando así a la comprensión mediante la razón y los argumentos. Y la consecuencia lógica después de la inteligencia y la comprensión era la adopción del bien como norma de conducta, basada en el código más sublime del evangelio de Jesús. Un código de amor y excelsitud moral nunca visto antes, que el Espiritismo venía a retomar en toda su pureza, reconstruyéndolo, exento de las manipulaciones y tergiversaciones realizadas a lo largo de la historia.

Esto último solo era posible si eran los espíritus y no los hombres los que lo explicaban en su auténtico sentido. Pues eran los mismos espíritus que habían ayudado y colaborado en la obra que Jesús había trazado en la Tierra. Nadie mejor que ellos para poner de manifiesto, sin mácula, sin errores, sin tergiversaciones, el pensamiento del Maestro galileo.

Kardec fue el primer sorprendido cuando, al preguntar cuál sería su misión en la Tierra, los espíritus le respondieron :«reconstruir lo que fue demolido», confirmando así el sentido ético-moral de la doctrina de los espíritus como consecuencia lógica de su filosofía de vanguardia y del espíritu científico de la misma, basado igualmente en la importancia de una fe razonada exenta de dogmas y fanatismos religiosos.

Y así lo defendió y lo mantuvo el maestro de la honestidad. Siendo integro y consecuente en todo momento, protegiendo con argumentos lógicos y con el ejemplo personal la nueva doctrina que llegaba a la Tierra para iluminar las conciencias de los hombres y marcar un nuevo camino de futuro para la paz y la fraternidad humana basada en el amor y el ejercicio del bien.

Sea este final nuestro homenaje y reconocimiento al espíritu noble y generoso de Hippolyte Denizart Rivail, más conocido como Allán Kardec, que en su última aparición en la Tierra supo dejar un legado luminoso de esclarecimiento al compilar la doctrina de los espíritus, guiado por estos últimos y siendo consecuente con el ejemplo de su propia vida. De ahí que nos atrevamos a denominarlo como «El Maestro de la Honestidad y la Integridad».

Maestro de honestidad e integridad por:Antonio Lledó

2020, Amor, Paz y Caridad

“Imitemos las virtudes de este gran moralista de nuestro siglo, hermanos queridos, seamos como él tolerantes, prudentes, de recto juicio, fuertes en nuestra fe razonada para defender en buena lid los incontrovertibles principios de nuestra creencia, dignos y enérgicos, pero piadosos y caritativos para con nuestros implacables enemigos. Esta será la mejor corona que podamos dedicar a su imperecedera memoria”

Jose Mª Fernández Colavida – Llamado el “Kardec Español” – 1869

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